"Derecho viejo"

From: Patricia
Sent: Viernes 12 de Marzo de 2004  17:44
Quería hacer una consulta: Estuve leyendo la nota Dedicatorias y nombres de canciones que usted escribió sobre los Bailes del Internado y los temas que se compusieron para ellos. Con referencia a esto, estoy interesada en obtener más información sobre "Derecho viejo". Soy bailarina de tango, y a mi compañero (que es mi esposo) y a mí nos gusta meternos de lleno en los temas que bailamos, y para eso necesitamos conocer su historia. Querría saber de qué año es, para poder recrear también la época con el vestuario.
Desde ya muchísimas gracias, y creo que vamos a estar seguido en contacto.
Cordiales saludos

Estimados Patricia y su partenaire:

El tango milonga (tango especialmente concebido para bailar) "Derecho Viejo", fue compuesto por el bandoneonista Lorenzo Arola -llamado artísticamente Eduardo Arolas-, entre 1913 y 1916, es decir que, por la época de su creación, pertenece a la "guardia vieja", y el vestuario de sus primeros bailarines se corresponde con el de comienzos del siglo XX.

"Derecho Viejo" es también el título de una película argentina dirigida por Manuel Romero, sobre un guión de Alfredo Ruanova, que se estrenó el 4 de enero de 1951. Sus intérpretes principales fueron Narciso Ibáñez Menta y Laura Hidalgo. La banda de sonido fue compuesta por Sebastián Piana.

El tango "Derecho viejo" tiene al menos dos letras, ninguna de las cuales se suele cantar, ya que su calidad literaria dista bastante de lo que a partir de 1917, con "Mi noche triste", se llamará tango canción. El tango milonga, concebido para la danza, suele tener una o varias letras que a menudo han sido agregadas posteriormente, al amparo del éxito logrado por la melodía, pero que poco o nada aportan a su valor artístico.

Una de las letras, escrita por E. Baldesari, dice:

Oiga usted, compañero, si me quiere escuchar;
no crea que soy, amigo, un cuentero;
yo quiero confiarle a usted, compañero,
mi inmenso y cruel dolor.
Quiero desahogar mis penas; siéntese, nomás,
y pida algun trago si tiene voluntad,
y preste atención, que ahí va la crueldad
de aquel infiel amor.
Usted sabrá
que cuando el amor
comienza a taconear
sentimos en el pecho
la dulce tentación;
sentimos sed de amar
de amar de corazón.
Y yo también
amé con gran pasión,
amé con gran delirio
y coseche martirios,
porque un padecer
me brindó esa mujer
que fue mi perdición.
Con el alma la queria,
y ella fue siempre mi única ilusión...
pero con otro hombre, como a mí,
a su hija abandonó...!
Esa hijita tan querida, compañero,
ayer tarde se murió,
pero antes de morir
de este modo ella me habló:
¡Padre!, si la llega a encontrar dele mi perdón
y dígale también que aunque ella nos deje
yo siempre la querré con todo el corazón,
y bésela por mí.
Hoy la encontre, compañero, no pude perdonar
me fui derecho viejo, y ahí, a esa vaga,
en nombre de mi hija
la punta de mi daga besó su corazón.

Aunque el nombre "¡Derecho viejo!" se debe a que Arolas lo dedicó a los muchachos estudiantes de derecho -con un significado afectuoso análogo a "¡Derecho lindo!", o, en boca de un oriental: "¡Derecho garabo!"-, en el antepenúltimo verso de la letra se le da a la expresión el sentido que ha conservado hasta hoy en el habla popular: el de ir directamente y sin vacilaciones al fondo de una cuestión. Sin embargo, en el contexto de la letra la expresión aparece un tanto forzada, como si el autor hubiera querido de algún modo vincular su contenido -por lo demás, flojo y previsible- con el título del exitoso tango.

Una segunda letra, escrita por Gabriel Clausi, tiene también un contenido genérico y de escaso valor, pero al desentenderse del nombre del tango resulta menos artificiosa, si bien podría corresponder a una composición con cualquier otro título.
La letra de Clausi dice:

Tango de mi ciudad, malevo y sensual
canyengue y tristón, color de arrabal,
señor de salón, tenés emoción
de noche porteña.
Vuelve para surgir en danza triunfal
canción sin igual que hace sentir
con tanta pasión en el corazón
su abrazo de amor.

Oigo el cantar de un triste bandoneón,
que llora en su canción la pena de un amor
que nunca pudo ser, por causa de creer
en locos berretines.
Todo pasó, no quiero recordar
el tiempo que se fue,
ya nunca volverá la dicha de tu amor
para poder soñar con vos en mi arrabal.

Qué dulzura hay en tu voz,
che bandoneón con tu chamuyo reo,
tango lindo y querendón, nobleza de arrabal,
amores de otros tiempos...
sigue, sigue tu canción
para alegrar esta velada linda,
sueña, sueña bandoneón, que siempre tu canción
está en el corazón.

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