Troilo

Osvaldo J. Sanguiao, Troilo, Buenos Aires, Librería General Tomás Pardo, 1995

Osvaldo J. Sanguiao ha escrito este libro dedicado a historiar la vida de Aníbal Troilo y su extraordinario aporte a nuestra música como bandoneonista, director y compositor.

Una extensa lista de notas y referencias bibliográficas acompañan a los cinco capítulos que lo componen: El barrio, La calle, La vida, La fama y La muerte. En el apéndice Legado Musical se detallan las 59 composiciones grabadas por Pichuco de cuya música es autor, con indicación de las fechas de registro y grabación y el nombre del cantor o de la cantante, que consisten en : 42 tangos, 11 milongas, 5 valses y 1 habanera porteña.

Ese apéndice se complementa con la nómina de los poetas colaboradores de Troilo: Barreiros Bazán (Compadre y sentimental), Jorge Luis Borges (Milonga de Manuel Flores), Enrique Cadícamo (Garúa, Naipe, Pa' que bailen los muchachos), Cátulo Castillo (María, Una canción, Patio mío, La cantina, La última curda, A Homero, Desencuentro, ¿Y a mí, qué?, El último farol, La patraña, Testamento tanguero, Fujiyama, Milonga del mayoral, Milonga de la parda, La retrechera, Vuelve la serenata, Vals del carnaval), José María Contursi (Evocándote, Toda mi vida, Garras, Tango triste, Y no puede ser, Valsesito amigo, Con mi perro), Enrique Dizeo (Total pa' que sirvo, Acordándome de vos, Con toda la voz que tengo y, en colaboración con José Terragno, Dale tango), Homero Expósito (Te llaman malevo), Horacio Ferrer (Tu penúltimo tango), Héctor Gagliardi (Media noche, Claro de luna), Francisco García Jiménez (Como perro en cancha e' bochas), Homero Manzi (Barrio de tango, Sur, Discepolín, Ché, bandoneón, Romance de barrio, Recordando), Alberto Laureano Martínez (Coplas), Rodolfo "Martincho" Martínez (Me extraña, Servando), Héctor Méndez (Yo soy del 30), Roberto Miró (A mi lado), José Razzano (Compadre…qué le va a hacer), Ernesto Sábato (Alejandra). En colaboración con Astor Piazzolla compuso Contrabajeando. Pichuco lamentó no haber producido alguna composición con Enrique Santos Discépolo no obstante la entrañable amistad que los unía.

Aníbal Troilo nació en Buenos Aires el 11 de julio de 1914. Tomó algunas lecciones de los maestros Juan Amendolaro y Alfredo De Franco. A partir de su debut en 1927, Pichuco revistó en el conjunto "Los Provincianos", en la Orquesta Típica Víctor y en las formaciones dirigidas por Eduardo Ferri, Alfredo Gobbi, Juan Maglio (Pacho), Vardaro-Pugliese, Ciriaco Ortiz, Julio de Caro, Angel D'Agostino, Alfredo Attadía, Juan Carlos Cobián. Sanguiao detalla minuciosamente los nombres de los integrantes de esas orquestas.

El 1° de julio de 1937 Troilo forma su primera orquesta acompañado por Juan Miguel (Toto) Rodríguez y Alfredo Yanitelli (bandoneones), José Stilman, Reynaldo Nichele y Pedro Sapochnik (violines), Orlando Goñi (piano), Juan Fassio (contrabajo) y Francisco Fiorentino (vocalista), la mayoría de ellos provenientes del conjunto de Ciriaco Ortiz, recientemente disuelto.

La fuerza de esa formación estribaba en el director, en Goñi y en Fiorentino. Afirma Luis Alberto Sierra en su excelente Historia de la Orquesta Típica, Troilo, "… bandoneonista eximio, reunía en la llamativa síntesis de su estilo la delicadeza sonora de Pedro Maffia, la brillantez armónica de Pedro Laurenz y el inconfundible 'fraseo octavado' de Ciriaco Ortiz…".

Orlando Goñi fue el creador de una forma original de interpretación que habrían de seguir los músicos evolucionistas. Su manifiesta incompatibilidad con Astor Piazzolla -incorporado posteriormente al conjunto- provocó su lamentable alejamiento. El "estilo Goñi" fue mantenido por sus sucesores José Basso, Carlos Figari y Osvaldo Manzi, no así por Osvaldo Berlinghieri y José Colángelo que adoptaron un estilo distinto.

A partir de Fiorentino, Troilo innovó en la participación del cantor -hasta entonces un "estribillista"- haciéndole interpretar la letra en su totalidad: introducción, puente intermedio y broche final, adoptado luego por las demás orquestas. Con la incorporación de Amadeo Mandarino, el Gordo siguió la modalidad originada por Francisco Canaro de tener dos cantores alternándose o a dúo (Ernesto Famá y Francisco Amor). Aunque de voz finita y cascada, Pichuco afinaba muy bien y, tal vez por eso, le asignó gran importancia a la elección de los vocalistas como lo prueban las excelentes voces de Alberto Marino, Floreal Ruiz, Edmundo Rivero, Aldo Calderón, Angel Cárdenas, Roberto Goyeneche, Jorge Casal, Pablo Lozano, Carlos Olmedo, Raúl Berón, Roberto Rufino, Tito Reyes, Carlos Achával y, continuando también la innovación de Canaro de contar con voces femeninas (Ada Falcón, Nelly Omar), incorporó a las cantantes Elba Berón y Nelly Vázquez.

En su primera etapa Troilo consideró al cantante como "un instrumento más de la orquesta" pero, gradualmente, le fue asignando mayor relieve adhiriéndose a la moda que originó el vedettismo del cantor, mientras la orquesta se limitaba a hacerle el acompañamiento. Esa modalidad ocasionó la decadencia del tango bailable: los asistentes a los bailes optaban por estar de pie cerca de la orquesta para escuchar al vocalista y bailaban sólo cuando se interpretaban tangos instrumentales.

Otra de las virtudes de Pichuco fue la elección de excelentes ejecutantes para cubrir las plazas que se iban produciendo en su conjunto, tales como: los violininistas Hugo Baralis, David Díaz, Alberto García, Nicolás Alberó, Juan Alzina, Salvador Farace, Carlos Piccione, Antonio Agri, Carmelo Cavallaro; los bandoneonistas Astor Piazzolla, Eduardo Marino, Fernando Tell, Domingo Matio, Ernesto Baffa; los violistas Simón Zlotnik, Cayetano Giana; los violoncelistas Alfredo Citro, Adriano Fanelli; los contrabajistas Enrique Díaz, Rafael Del Bagno y los pianistas mencionados anteriormente, además de los músicos que integraron su primer conjunto. Constituyó también un exitoso dúo con el eximio guitarrista Roberto Grela.

Troilo le asignó mucha importancia a los arreglos para los que contó con el valioso aporte de Héctor María Artola, Argentino Galván, Julián Plaza, Astor Piazzolla, Ismael Spitalnik, Oscar de la Fuente, Alberto Caracciolo, Eduardo Rovira, Emilio Balcarce, Héctor Stamponi y Raúl Garello, pero Pichuco se reservaba la decisión final sobre la labor de éstos utilizando la célebre goma de borrar que llevaba en su bolsillo.

En Nocturno a mi barrio y en la introducción a su homenaje a Manzi en "Para vos, Homero", Troilo añadió a sus ejecuciones el matiz de unas emotivas palabras de su creación, como recuerda Luis F. Villaroel en Tango: Folklore de Buenos Aires.

En alguna oportunidad, Troilo se refirió al egoísmo de los directores de orquesta (incluyendo su autocrítica) consistente en incluir preferentemente en sus repertorios a sus propios tangos, a los de autores fallecidos y a los de unos pocos amigos e ignorando las composiciones de otros directores de orquesta, lo que ocasionó una más de las decadencias que afectaron al tango.

El Bandoneón Mayor de Buenos Aires, como lo bautizara Julián Centella, falleció en Buenos Aires el 19 de mayo de 1975. Al despedir sus restos dijo Luis Alberto Sierra "… ¡Silencio! Los bandoneones legendarios del tango están entonando a coro su responso milonguero. Aquí descansa su trajinar itinerario de sueños en noches de tango el Gordo Troilo. Un pedazo grande del alma de la ciudad. Paz en su tumba, Gordo de Buenos Aires".

Troilo es un libro de amena lectura en el que Sanguiao ha logrado la comprensión del biografiado como hombre y como artista a lo largo de su trayectoria de treinta años dedicados a nuestra música, para lo cual ha hurgado pacientemente en repositorios periodísticos y entrevistado a contemporáneos, amigos y compañeros de Pichuco.


                                                                                                         Carlos A. Manus
                                                                                                         Septiembre 2001


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