Héctor Délfor Mandrioni, La vocación del hombre, 3ª ed., Bs.As., Guadalupe, 1970, 159 p.

En esta época de superficialidad, en la que prolifera el negocio editorial de los así llamados textos de "autoayuda" y de "superación personal", resulta oportuno proponer la lectura de este breve ensayo filosófico, en el que el eminente pensador argentino presenta el curso de la existencia de cada persona como la respuesta a un llamado que trasciende lo mundano y otorga sentido a la vida dentro del plan de Dios.
El tema de la mediación del otro para alcanzar la plenitud existencial a tavés de la respuesta generosa a su llamado, nos recuerda al Yo y Tú del gran genio judío Martín Buber, en el que el otro oficia como mediador que nos da a conocer nuestra vocación, a través del encuentro difícil y riesgoso: "Encuentro en el desfiladero" es la imagen que una y otra vez propone Buber.
Mandrioni ilustra el concepto de existencia auténtica, aquella que responde a la vocación, con el análisis de Partage de Midi [Partición -quiebre, fractura- a mediodía] de Paul Claudel (Oeuvres Complètes, t.XI). En un pasaje de este drama el personaje Mesa, que ha optado erróneamente por una conducta que lo gratifica en lo inmediato, pero que lo aparta de la autenticidad, exclama dolorido: "¡Ah, no eres la felicidad! ¡Eres lo que está en lugar de la felicidad...! ¡Oh, querida cosa que no eres la felicidad...! " (Ed.Cit., p.63)
En contraposición con el ser humano que pretende absolutizar su libertad y determinar por sí solo el sentido de su vida, Claudel presenta el modelo de María, madre de Dios, que acepta humildemente el cumplimiento de su vocación (L'Annonce faite à Marie, t. IX [La anunciación hecha a María]).
Mandrioni utiliza estos ejemplos para esclarecer el sentido trascendente de la vocación, restaurando su dimensión empobrecida por quienes confunden su significado con el de una mera ponderación de talentos, posibilidades y oportunidades sociales o económicas.
Enseña también la diferencia entre los ideales, orientados hacia valores, en particular valores morales, y los ídolos, a los que se ofrenda la existencia cuando se sucumbe a la presión del mercado, a la sed de dinero y de poder, a la falacia de la realización personal mundana en reemplazo de la respuesta generosa al llamado de la vocación.
Este ensayo profundamente motivador, puede ser leído como una primera incursión en la antropología filosófica, y prepara adecuadamente para proseguir la reflexión personal y la lectura de otros maestros como los argentinos Ítalo Gastaldi, Fernando Boasso, Luis Farré, los europeos Rafael Gambra, Romano Guardini, Fons Jansen, o el citado Martín Buber.

                                                                                                                  Conrado De Lucia

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