Afiches       

                                                                             Música: Atilio Stampone         
                                                                         Letra: Homero Aldo Expósito   

I

El poeta contempla un afiche callejero. Sin piedad para con quien la ama, el anuncio comercial exhibe a una mujer como un fetiche, un objeto de codicia que se vende:
Cruel, en el cartel, la propaganda manda cruel en el cartel
y en el fetiche de un afiche de papel
se vende la ilusión, se rifa el corazón,

Presentada como un producto, ella aparece ofreciendo lo que queda de su lozanía, y él se siente nuevamente crucificado por el dolor:
y apareces tú vendiendo el último jirón de juventud,
clavándome otra vez la cruz...

Con ironía se burla de sí mismo, pero lo desborda la desesperación:
Cruel, en el cartel... ¿te ríes, corazón? ¡Dan ganas de balearse en un rincón!

 

II

En contraste con la sordidez anterior describe al anochecer que oscurece los relieves de la puerta de calle, y al tiempo primaveral como una pintura trazada por el aire agradable:
Ya da la noche a la cancel su piel de ojeras,
ya moja el aire su pincel, y hace con él la primavera...

Están presentes los rasgos que acompañaban la época del amor,
pero todo carece de sentido sin ella, que es ofrecida en los afiches como algo público, con el desamparo de un maniquí sin su vestido:
Pero, qué, si están tus cosas pero tú no estás
porque eres algo para todos, ya,
como un desnudo de vidriera...

Y se anticipa el final que es a la vez súplica y protesta:
Luché a tu lado para ti, ¡por Dios..!, y te perdí.

 

I bis

Narra luego la lucha que acometió impulsado por el amor:
Yo te di un hogar, siempre fui pobre pero yo te di un hogar;
se me gastaron las palabras para vos, luchando para vos, cinchando para vos.

Hasta enfrentarse con la realidad inaceptable y la impotencia de expresar su dolor:
Luego, la verdad, que es restregarse con arena el paladar
y ahogarse sin poder gritar

y volver a burlarse con fingido cinismo de sus sentimientos y de él mismo:
Yo te di un hogar, fue culpa del amor,
¡dan ganas de balearse en un rincón!

Para concluir con desesperanza:
Luché a tu lado para ti, ¡por Dios...!, y te perdí.

 

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