Yira... yira...

   Letra y música de Enrique Santos Discepolo

Cuando la suerte, que es grela,
fayando y fayando te largue parao;
cuando estés bien en la vía,
sin rumbo, desesperao;
cuando no tengas ni fe,
ni yerba de ayer
secándose al sol;
cuando rajés los tamangos
buscando ese mango
que te haga morfar,
la indiferencia del mundo,
que es sordo y es mudo,
recién sentirás.

Verás que todo es mentira,
verás que nada es amor,
que al mundo nada le importa,
yira... yira...
Aunque te quiebre la vida,
aunque te muerda un dolor,
no esperes nunca una ayuda,
ni una mano, ni un favor.

Cuando estén secas las pilas
de todos los timbres que vos apretás
buscando un pecho fraterno
para morir abrazao;
cuando te dejen tirao,
después de cinchar,
lo mismo que a mí;
cuando manyés que a tu lado
se prueban la ropa que vas a dejar
te acordarás de este otario
que un día, cansado,
se puso a ladrar.

   Este famoso tango fue estrenado por la actriz Olinda Bozán en el teatro "Sarmiento" de Buenos Aires en 1929.

   Fue grabado por primera vez en 1930 por la "Orquesta Típica Victor", y a continuación por Carlos Gardel, Ignacio Corsini, Tania y Ada Falcón.

   Otras grabaciones: En 1932 por Julio De Caro; en 1939 por Hugo del Carril; en 1947 por Edmundo Rivero; en 1973 por Roberto Goyeneche.

   El 6 de noviembre de 1930, a las 21.15, Gardel lo cantó por Radio Splendid, complaciendo el pedido de miles de cartas de oyentes de todo el país (Splendid era una cadena de radios: por ejemplo el 28 de junio de 1942 se inauguró LU3, Radio Splendid Bahía Blanca.).

Acerca de la música

   Discepolo resuelve las dificultades de la canción componiendo melodías que se ajustan a la letra mediante formas nuevas, que no eran las usuales en los tangos de entonces, y que pasan a ser modelos para tangos posteriores de otros músicos. Esto le permite también innovar en la poesía, que se aparta de las formas que empleaba el tango hasta ese momento. Puede hacer ambas cosas porque es autor y compositor de casi todos sus tangos, o sea que la misma persona escribe los versos y la melodía con la que se van a cantar.

   Esta modalidad les da a sus tangos una originalidad enorme, que sin embargo el público entiende inmediatamente, porque percibe que no se trata de rarezas para llamar la antención, como las que hacen los artistas mediocres, sino de creación de nuevas maneras de expresar ideas y sentimientos con profunda belleza.

Acerca de la letra

     
El título es una castellanización del italiano "girare", andar, callejear, en el sentido de buscar en vano. Se repite el sonsonete "Yira... yira..." –ésta es la puntuación que consta en la partitura para piano– a modo de patética descripción de la existencia.
   

    El cantor se dirige a alguien que tiene sueños y esperanzas, y con dolorida lucidez le advierte que no va a encontrar
nada de lo que busca.

   Se suele atribuir a la mujer el defraudar, "fallar" al hombre. La suerte, sustantivo femenino, es mujer –en lunfardo, grela–.
Por eso falla, y larga al hombre "duro" o "parao" (aunque pocos se dan cuenta, esta expresión significa que lo deja excitado y frustrado, sin darle lo que deseaba.).

   "Estar en la vía" se refiere a quedar sin nada, peregrinando como los linyeras, que iban de un pueblo
a otro caminando por las vías del tren.

   Los pobres vaciaban el mate sobre un diario, y ponían la yerba usada a secar para usarla de nuevo al día siguiente.
Al mate le quedaba poco sabor, pero volvía a tener la apariencia de recién cebado.

   El cuero de los zapatos –tamangos– se va a rajar de tanto caminar buscando el peso –mango– para comer –morfar–.

   El mundo es sordo y es mudo: La gente no escucha ni da ninguna respuesta cuando se le pide ayuda.

   Todo es mentira: la solidaridad, la lealtad, la generosidad que se declara. No existe en ninguna parte ese amor a los demás que se proclama de labios para afuera. A nadie le importa nada de su prójimo, y cada uno sigue adelante dando vueltas y más vueltas –yira... yira...–, buscando en vano lo que no existe. Por eso, aunque uno se sienta quebrado por los fracasos vividos y apenas pueda soportar su dolor, no debe esperar nada de los demás.

   A las casas de buen nivel económico no se llamaba golpeando las manos, ni con los nudillos sobre la puerta, sino apretando el botón de un timbre que andaba con dos pilas muy grandes, Eveready Nº6, que todavía se venden. El esperanzado que busca respuesta en los demás –el afecto de alguien en quien abandonarse confiado y no morir solo– algún día no va a poder siquiera pedir ayuda: las pilas van a estar gastadas –secas– y no se va a oir su llamado. El cantor dice todo esto con fundamento, sin pedantería, reconociendo con humildad que a él ya le pasó: "cuando te dejen tirado, lo mismo que a mí"

   Cuando comprendas –manyés: "mangiare" en italiano es "comer", en este caso "meterse algo adentro", "comprender"– que los demás están esperando tu derrota para ocupar tu lugar –"se prueban la ropa que vas a dejar"–, te vas a acordar de mí, dice el cantor, de este tonto –otario– que, harto de todo, renegó de su condición humana –"se puso a ladrar"–, sintiéndose un perro abandonado.

   Y se reitera el estibillo: "Verás que todo es mentira... verás que nada es amor..". en el que se percibe el eco de la canción de cuna: "Arrorró, mi niño, arrorró, mi sol...", a modo de piadoso arrullo con el que, a pesar del descreimiento que proclama, el cantor expesa su piedad tratando de dar consuelo a quien escucha sus dolorosas verdades. .                                                                                                                                              Conrado De Lucia

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