Dos tangos "burreros" que cantó Gardel:
"Leguisamo sólo" y "Palermo"

por Conrado De Lucia

Los músicos que acompañaban a Carlos Gardel llevaban invariablemente un compás cuadrado, sin matices, pero cuyos estrechos límites eran sobrepasados por el cantante, quien mostraba su genio expresivo alterando la división de los tiempos, es decir, fraseando.
En el fraseo, el intérprete puede adelantarse en algunas notas a la división de la melodía, para después demorarse en las siguientes y volver al tempo.
Es más frecuente - y requiere menos esfuerzo para disociar la percepción de la propia voz de la del acompañamiento- comenzar a cantar cada frase con cierto retraso, y recuperar la cuadratura del compás apresurando los finales.
Gardel se atrevió incluso a cantar un tango entero adelantado al acompañamiento de sus guitarristas: En su versión de Leguisamo sólo, tango dedicado a su gran amigo y famoso jockey Ireneo Leguisamo, consigue transmitir el ritmo excitante de la carrera de caballos iniciando cada frase antes del tiempo que le marcan sus guitarristas, quienes lo siguen sin poder alcanzarlo, como el pelotón al caballo que va en punta.
Produce así un efecto descriptivo realmente notable, que nos lleva con el ritmo febril de una verdadera carrera hasta el disco que marca el final.
Recién allí la tensión desciende, y Gardel, que nos ha hecho partícipar por un momento del vértigo del turf, ahora descansa en tono satisfecho y sobrador, y concluye haciendo unos comentarios elogiosos sobre su caballo "Lunático".

¡LEGUISAMO SÓLO!

Música y letra de Modesto H. Papavero
(Estrenado por Tita Merello en la revista de Luis Bayón Herrera "En la raya lo esperamos" en el teatro Bataclán, el 15 de junio de 1925).

Grabado por Carlos Gardel en Barcelona el 17 de octubre de 1925, y en Buenos Aires el 23 de setiembre de 1927.

Versión grabada en Barcelona, con la guitarra de José Ricardo:

I
Alzan las cintas; parten los tungos como saetas al viento veloz...
Detras va el Pulpo, alta la testa la mano experta y el ojo avizor.
Siguen corriendo, doblan el codo, ya se acomoda, ya entra en acción...
Es el maestro el que se arrima y explota un grito ensordecedor.

II
(Gardel exclama: "¡Ahora!", y el coro lo acompaña):
"¡Leguisamo sólo!..." gritan los nenes de la popular,
"¡Leguisamo sólo!..." repiten fuerte los de la oficial.
"¡Leguisamo sóolo!..." ya está el puntero del Pulpo a la par,
"¡Leguisamo al trote!..." y el Pulpo cruza el disco triunfal.

I bis
No hay duda alguna, es la muñeca, es su sereno y gran corazón
los que triunfan por la zabeca en gran estilo y con precisión.
Lleva los pingos a la victoria con tal dominio de su profesión
que lo distinguen como una gloria, mezcla de asombro y de admiración.

II bis
(Gardel exclama: "Aura, viejo, vamo' a ver")
"¡Leguisamo sólo!" gritan los nenes de la popular,
"¡Leguisamo viejo y peludo nomá!" contestan todos los de la oficial.
"¡Leguisamo sólo!" ya está el puntero del Pulpo a la par,
"¡Leguisamo viejo y peludo nomá" y el Pulpo cruza el disco triunfal.

(Habla Gardel):
Che viejo Francisco... Pero cuando corra Lunático, viejo, dieciocho setenta por barba, y armado todo el mundo, hecho el gil, y no va más.

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Versión grabada en Buenos Aires, con las guitarras de Guillermo Barbieri y José Ricardo:

I
Alzan las cintas; parten los tungos como saetas al viento veloz...
detrás va el Pulpo, alta la testa, la mano experta y el ojo avizor.
Siguen corriendo, doblan el codo, ya se acomoda, ya entra en acción...
Es el maestro, el que se arrima, y explota un grito ensordecedor...

II
"¡Leguisamo sólo!" gritan los nenes de la popular,
"¡Leguisamo al trote!" contestan todos los de la oficial.
"¡Leguisamo viejo y peludo!" ya está el puntero del Pulpo a la par,
"¡Leguisamo al galope nomá!" y el Pulpo cruza el disco triunfal.

I bis
No hay duda alguna, es la muñeca, en su sentido y gran corazón,
los que triunfan por la cabeza en gran estilo y con precisión.
Lleva los pingos a la victoria con tal dominio de su profesión
que lo distinguen como una gloria, mezcla de asombro y de admiración...

II bis
(Gardel exclama:¡Ahora viejo nomá!")
"¡Leguisamo sólo!" gritan los nenes de la popular,
"¡Leguisamo al galope nomá!'" contestan todos los de la oficial.
"¡Leguisamo viejo y peludo nomá!" ya está el puntero del Pulpo a la par,
"¡Leguisamo al trotecito nomá!" y el Pulpo cruza el disco triunfal.

(Habla Gardel):
Bueno, viejo Francisco, decile al Pulpo que a Lunático lo voy a retirar
a cuarteles de invierno... Ya se ha ganado sus garbancitos,
y la barra, completamente agradecida. Sentí la barra:
(Ricardo y Barbieri contestan): ¡Muy bien!
(Concluye Gardel): ¡Salute!

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La mayoría de los cantantes interpretan el tango siguiendo las modalidades creadas por Gardel. En este caso único dentro de los géneros populares conocidos, es un sólo intérprete el que ha establecido la tesitura más difundida del género. Si bien existe otra modalidad, es cultivada por una minoría de artistas, que incluyen al "Caballero Cantor" Ignacio Corsini, a Agustín Magaldi, a Enzo Valentino. La manera de decir el tango de estos excelentes intérpretes tiene similitudes con el estilo quejumbroso del cantante melódico José Feliciano.

En sus interpretaciones Gardel expresa admirablemente los más diversos estados de ánimo valiéndose sobre todo de su particular fraseo, con el que subraya el sentido dramático, melancólico, descriptivo, irónico o festivo de cada composición.

El 23 de octubre de 1929 Carlos Gardel grabó con su inigualable gracia y buen gusto el tango "Palermo". Su música, de gran belleza melódica, fue compuesta por Enrique Pedro Delfino, pianista, gran compositor, humorista musical y hombre de profunda sensibilidad estética. La letra fue escrita en colaboración con Juan Villalba por Domingo HerminioBragagnolo, quien con el seudónomo artístico de Hermido Braga produjo, además de letras de tango, el guión de numerosos sainetes.


PALERMO

Musica de Enrique Pedro Delfino
Letra de Juan Villalba y Hermido Braga
(Estrenado por Olinda Bozán en el Teatro de la Comedia, en el sainete "El bajo está de fiesta", a fines de febrero de 1929).

I
Maldito seas, Palermo,
me tenes seco y enfermo,
mal vestido y sin morfar,
porque el vento los domingos
me patino con los pingos
en el Hache Nacional.
Por seguir al que no pierde
me atraganto con la Verde
y me estudio el pedigree,
y a pesar de la cartilla
dejo yo en la ventanilla
todo el laburo del mes.

II
Berretines que tengo con los pingos,
metejones de todos los domingos...
Por tu culpa me encuentro bien fané,
¡Qué le voy a hacer, así debe ser!
Ilusiones del viejo y de la vieja
van quedando deshechas en la arena
por las patas de un tungo roncador...
¡Qué le voy a hacer si soy jugador!

I bis
Palermo, cuna de reos
por tu culpa ando sin cobre,
sin honor ni dignidad;
soy manguero y caradura,
paso siempre mishiadura
por tu raza caballar.
Me arrastra más la perrera,
mas me tira una carrera
que una bonita mujer,
como una boca pintada
me engrupe la colorada
cual si fuera su mishé.

(Se repite la parte II)

Gardel entona estas estrofas en un tono afectadamente dolorido, como quien lamenta un padecimiento que en realidad soporta dichosamente, y concluye su interpretación con una exclamación en la que intercala un "uh" de fingida queja: "Qué le voy a hacer, si soy ju-¡uh!-gador..."
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En el barrio porteño de San Benito de Palermo tuvo don Juan Manuel de Rosas su quinta, en la que vivía con su hija Manuelita. Para distraer sus sobremesas, tenía también la compañía de algunos bufones. En su novela Amalia -por lo demás, un panfleto escrito para difamar a la persona del Restaurador-, José Mármol describe al negro Eusebio de la Santa Federación, al que Rosas llamaba "Su Paternidad", y hacía vestir de obispo.

Hoy Palermo es un hermoso barrio residencial, que se prolonga en el Parque Tres de Febrero, creado por la visionaria iniciativa de Domingo Faustino Sarmiento, y que incluye el Rosedal, el Lago, el Jardín Zoológico, el Jardín Botánico y el Hipódromo Nacional . Más de un centenar de hectáreas del parque se han perdido, cedidas en distintas épocas para negocios particulares de políticos corruptos.

En la letra de "Palermo" se emplean numerosos términos del lunfardo y del vocabulario burrero.
En el orden en que aparecen, son:

Palermo: Para los amantes del turf tiene el significado excluyente de "hipódromo".
Seco: Sin dinero
Morfar: Comer
Vento: Dinero
Patino: Malgasto
Pingos: Caballos
Hache Nacional: Hipódromo Nacional
la Verde: Una de las ediciones de la revista de informaciones de turf y pronósticos "La Fija". Existen otras ediciones:
               "la Rosa", "la Azul", que se distinguen por el color de la tinta con la que están impresas.
Pedigree: Estirpe, ascendencia de los animales.
La cartilla: Las revistas de turf, que se estudian como el escolar lo hace con la cartilla -nombre genérico, en español, del                    libro de lectura-.
La ventanilla: Boletería, lugar donde se adquieren los vales para las apuestas.
Laburo: Trabajo. En este caso, sinécdoque por "sueldo"
Berretín: Entusiasmo, afición desmedida.
Metejón: Enamoramiento, pasión.
Fané: Desamparado, sin recursos.
La arena: Sinécdoque por "la pista de arena".
Tungo: Aféresis de "matungo", caballo de poco valor. Aquí, con sentido opuesto, como cuando Martín Fierro elogia a su             caballo diciendo "Sobresaliente, el matucho".
Roncador: Que impone su señorío, que domina a los demás.
Reos: Personas de vida aventurera e irregular.
Cobre: Moneda de poco valor.
Manguero: Sablista, persona que acostumbra pedir dinero prestado, que "tira de la manga".
Caradura: Persona desvergonzada.
Mishadura: Estrechez de medios, escasez de recursos.
Raza caballar: Expresión irónica: Se suele justificar al turf diciendo que "fomenta el mejoramiento de la raza caballar".
La perrera: Tribuna popular del hipódromo.
Engrupe: Seduce, engaña.
Tira: Atrae.
La colorada: Bandera de ese color, que anuncia la inminencia del inicio de la carrera.
Mishé: Cliente habitual de una meretriz, persona de quien saca provecho económico.

Cabe agregar que la popularidad de este tango ha hecho trascender un par de expresiones que se incorporaron al habla popular durante décadas:
La primera, "Ilusiones del viejo y de la vieja", alude a las expectativas de los padres del protagonista, especie de hijo pródigo, al que no esperaban ver convertido en jugador empedernido. Se emplea esta frase para ironizar las esperanzas sin fundamento que expresa cualquier persona.
La otra frase es: "Berretines que tengo con los pingos". Se la utiliza para referirse festivamente a la afición desmedida de alguien por cualquier actividad.
                                                                                                                                     Conrado De Lucia

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