El vals "La loca de amor"

De: Evelyn Delzotto
Enviado: Sábado 23 de Agosto de 2008  14:56
Asunto: "La loca de amor"

Hola: Me llamo Evelyn Delzotto, y soy de la ciudad de Goya, Corrientes. Tengo sólo 16 años pero –hecho más que singular entre gente de mi edad– soy muy aficionada al folklore.
Descubrí la página buscando la letra de la canción "La Pulpera de Santa Lucía" (una de mis favoritas), y me quedé realmente anonadada con la información y el manejo de la misma, con lo cual he de felicitarlo, Licenciado, por el buen montaje y la fidelidad de los datos.
Aprovecho la ocasión para pedirle información acerca de la canción llamada "La loca de amor"; existe una versión cantada por Antonio Tormo, pero desconozco su verdadero autor.
Desde ya, muchísimas gracias, y todo mi aliento para que Ud. y su equipo sigan profesando esto, que tan valioso es, pero que bastante olvidado está: nuestro folklore.
Saludos,
                     Evelyn.

Estimada Evelyn:

   El vals "La loca de amor" se basa en una melodía que ya era utilizada por los payadores del siglo XIX como soporte para sus versos más o menos improvisados. Del mismo modo, varias tonadas tradicionales de milonga han ido recibido distintas letras a lo largo del tiempo. Por ejemplo:

                "El conventillo"
             "Yo nací en un conventillo
               de la calle Olavarría
             (los payadores suelen repetir este segundo verso, para ganar tiempo mientras piensan cómo proseguir)
               y me acunó la armonía
              de un concierto de cuchillo".


    Sus logos (formas melódicas) e incluso la sucesión de algunas notas son semejantes a los de otras milongas populares:

             "Milonga para Gardel"
              Me hubiera gustado verte,    
              Carlitos Gardel, añoso,
              Carlitos Gardel añoso;           (repetición ya comentada en el ejemplo anterior)
              con el cabello canoso,
              pero tenerte, tenerte.             (repetición obligada, para que no quede incompleta la frase melódica)

   Las letras de estas milongas están escritas con la forma del romance clásico español, de versos octosílabos. Esto origina una gran similitud en el ritmo, que se refleja en escasa variedad y hasta en la monotonía de las melodías con las que se entonan.

Algunos otros ejemplos, con melodías casi idénticas::

                  "La podrida"
                Con el lungo Pantaleón,
                Pepino y el loco Juan,
                el peludo Santillán,
                Tito y el chueco Ramón,     

                         "El velorio"
                Anoche cerró por duelo
                el bodegón "La maroma",
                murió el negrito Carmona,
                remanyado escabiador;

   Pese a sus mínimas diferencias melódicas, la diversidad de las letras ha permitido que la música sea atribuida a distintos compositores. Totalmente distinto es el caso de algunas verdaderas joyas de la especie milonga, como "Milonga triste", cuya letra de Homero Manzi es también un romance de ocho sílabas, pero de excepcional calidad literaria, y su música es una melodía totalmente original de Sebastián Piana.
  Cabe mencionar también el lamento: "¡Ay...!, que al final de cada estrofa se prolonga durante cuatro compases. En vez de entonarlo en forma monótona, la extraordinaria cancionista Nelly Omar frasea cada "¡Ay...!" de una manera diferente, y expresa así con plenitud la perfección lírica de esta obra.

  Luego de esta casi obligada digresión, vuelvo al tema del vals "La loca de amor".
  Como prueba de la escasa originalidad de su melodía –lo que no va en absoluto en desmedro de su belleza formal–, sorprende comprobar que uno de sus presuntos compositores es Carlos Gardel. Existe un vals cuya letra elogia desmedidamente a don Bartolomé Mitre, y se titula precisamente "A Mitre". Figura en los registros del sello Columbia del año 1913 con letra y música de Gardel.

   En otros archivos aparece Carlos Gardel como compositor y un tal J.B. Etchepare, o Juan B. Etchepare como autor de la letra. Otros investigadores denominan al vals "Memoria a Mitre", y consignan que fue grabado por Gardel en 1912, acompañándose con su guitarra. Al igual que otros investigadores, en su artículo "Política y tango" nuestro colaborador Carlos A. Manus atribuye la letra al conocido orador Belisario Roldán (el del poema escolar "Caballito criollo"), y la música al propio Gardel. Otros investigadores anotan que la letra pertenece a Generoso D'Amato, y otros aún, al cantor Fernando Nunziata.

   El comienzo de "A Mitre" puede entonarse sin dificultad con la música del vals "La loca de amor"; posteriormente aparecen algunas diferencias en la melodía:

         En mi alma ha nacido un anhelo
         que su vuelo lo cubre cual buitre
         de cantar a Bartolomé Mitre
         hijo heroico de esta gran nación.

En la reiteración de la melodía de la primera parte, Gardel canta:

         Hasta a veces el Dios nos concede
         olvidando familia y amigos
         recorrer los campos enemigos
         como racha del bravo huracán.

    Se trata de un texto horrible desde el punto de vista estético –además de contener errores de acentuación musical: "Bartólome"; "está gran nación"; "los campós"–, pero se inscribe en la línea de los panegíricos que todavía se suelen entonar en homenaje a los políticos, entre la alegría del vino y de las empanadas.
   
    Yo mismo he disfrutado de ambas cosas en una unidad básica peronista, a pocas cuadras de mi casa. En los enormes afiches que promocionaban a los candidatos por la provincia de Buenos Aires se veían las fotos del futuro gobernador y de su vice (ideológicamente, algo así como el agua y el aceite). Debajo se anunciaba en grandes letras, con impecable sentido rítmico: "Bidegain-Calabró. Candidatos de Perón".  Un viejo guitarrero de la época que describió el poeta Luis Acosta García en "Dios te salve, m'hijo", cantaba esa tarde una milonga que incluía el texto del afiche, pero como agregaba erróneamente el artículo "los", se veía obligado a amputar el final: "Bidegain, Calabró, los candidato' 'e Perón". El hombre tenía al menos sentido musical.

    El vals "La loca de amor" tiene tres partes. La segunda y la tercera son probablemente desarrollos ("respuestas", en el vocabulario de los payadores) compuestos a partir del planteo melódico de la primera parte (la "pregunta"). Particularmente la tercera parte está muy bien lograda, ya que pasa del modo menor de las dos melodías que la anteceden, al modo mayor, que introduce su característica "alegría". Ginamaría Hidalgo percibió este matiz, y en su grabación tarareó esta última parte de un modo exultante, entregándose a sus habituales estridulaciones tan festejadas por sus devotos. (La revista Satiricón, parodiando el título de la película de Fernando Siro "Nadie oyó gritar a Cecilio Fuentes", filmada en 1965, tituló un artículo sobre la cantante: "Nadie oyó gritar a Ginamaría Hidalgo", e incluyó una caricatura en la que le pisaban los callos.).

    La incultura popular (lo más opuesto a la cultura popular, que es la auténtica manera de pensar, actuar y valorar –de vivir, en suma– de nuestro pueblo) consume actualmente las vulgaridades de Tinelli, Giménez y Legrand (una ordinaria fina),
y en su momento idolatró también a Antonio Tormo, con su característica voz de pito. Mi profesor de guitarra, un indio puntano llamado Agustín Avecilla, me enseñó a diferenciar entre el folklore cantado al modo de Cuyo –un tanto nasal y atiplado, pero auténtico– y la modalidad excesivamente blanca y en falsete de Tormo, quien, por supuesto, alcanzó en su época un éxito clamoroso.

    Ciertos ritmos folklóricos propios de alguna región, como el rasguido doble correntino, tienen escasa divulgación, pero cuando trascienden son cantados en todo el país: "El rancho de la Cambicha", con música y letra de Mario Millán Medina, fue durante años el único rasguido doble conocido, casi exclusivamente en la voz de Antonio Tormo. Un éxito similar tuvo más tarde "Puente Pexoa", compuesto por Tránsito Coccomarola con letra de Armando Nelly, cantado en Cosquín en 1963 por "Los trovadores del norte". Otros bellos rasguidos dobles sólo suelen ser apreciados y difundidos en nuestra República de Corrientes. (Cabe mencionar que la tradicional competencia entre correntinos y chaqueños –análoga a la de santiagueños y tucumanos– suele ser apodada "la ley de Ohm", que enuncia que cuanta más resistencia, menos corriente, y viceversa.).

   Prosigo con los datos que se refieren al vals "La loca de amor". En la versión con su letra más conocida figura como compositor Pablo José Vázquez, cantor y payador nacido en 1864 y fallecido prematuramente en 1897. (En 1894 había sostenido en Pergamino una payada durante dos noches con el célebre Gabino Ezeiza, quien fue declarado vencedor.).

   Vázquez cantaba este vals con una letra propia titulada "Santos Vega", y le agregaba algunas variantes a la música. Posteriormente la composición recibió un arreglo para tres voces realizado en 1939 por el editor Enrique Caviglia, quien desde entonces suele figurar como su compositor.

   La letra de la versión que lleva el título de "Loca de amor" o "La loca de amor" es el comienzo de este poema de dieciocho estrofas escrito por Ricardo Juan Podestá:

                   La loca de amor

               En los anchos de montes frondosos
            do la vida pasara el paisano,
            vaga sola en el suelo pampeano
            una loca con lánguida faz;
            esta loca que en tiempos pasados
            habitara en las horas de amores
            hoy esparce sus tiernos clamores
            en la Pampa que duerme en la paz.

               Esa gentil escultura
            que a la virgen fue copiada,
            hoy ya se encuentra bañada
            por un profundo dolor;
            la magnánima dulzura
            de su voz, casi no suena
            y al sonar pinta la pena
            que le ha causado el amor.

               A los rayos del sol que iluminan
            el sendero que va atravesando
            con su llanto lo va tapizando
            que en torrentes le brota al llorar,
            el cabello, en los hombros reposa,
            de la boca, color rubicela
            y es su talle gentil de gacela
            lo sublime que deja extasiar.

               Llámase Lola, la loca
            del paisano condolida
            y en el pago conocida
            por una "loca de amor"
            a Marcelo le quería,
            pero la patria adorada
            lo llamó cuando ultrajada
           se vio por el invasor.

              Hace un año que el grito de guerra
           a la tumba a Marcelo ha llevado
           y de herencia en el mundo ha dejado
           a la niña que loca volvió.
           Pobre Lola, que tierna adoraba
           sus primeros ardientes amores,
           que son lacios los bellos fulgores
           que el amor en su pecho dejó.

               Y en sonora carcajada
           grita la loca; ¡Está muerto!
           y alrededor del desierto
           toma vuelo el padecer;
           las hojas de una palmera
           le contestan con murmullos
           mientras que tiemblan los yuyos
           de la brisa en su correr.

 

  Ríe, llora la loca amorosa
el amor que por siempre ha perdido
y una burla del campo florido
le parece recibe precoz;
esta burla que el viento dirige
es el verde alfombrado del piso
ella cree que la burla su hechizo
que del mundo le quitara Dios.

   Dice en medio de la risa:
"Marcelo, tu me dejaste,
¡Ay! qué pronto te olvidaste
de la que tanto te amó".
"Contesta, Marcelo mío,
contesta, encanto del alma."
pero todo el campo es calma
ya su Marcelo murió...

   A una cruz que de pino clavada
se destaca, de sitio marcado,
llega Lola, con raostro esmaltado
en angustias que ostenta a la luz.
Anegados sus ojos en llanto

y aclamando su nombre: Marcelo
híncase de rodillas al suelo
y se ríe, besando la cruz.

   Un ósculo prolongado
que al partir de sus dos labios
parece no haber agravios,
con entusiasmo de amor;
nace ese beso sublime
del fondo de una esperanza
que se pierde en lontananza
de su mundo engañador.

   Arrancando un gemido doliente
levantando las manos al cielo
grita: "Ven a mi lado, Marcelo,
que te quiero con santo fervor";
nada se oye, sus gritos se apagan
en el ancho esparcido desierto,
y llorando en la tumba del muerto
sigue Lola, la loca de amor.

   Y a través que negro manto
va cubriendo el ancho llano
se ve montado un paisano
venir a esa dirección;
y Lola, que lo distingue,
a su encuentro va de prisa,
hora ya que se divisa
venir en pos la oración.



   Es un hombre ya entrado en los años
que, llegado, del pingo se apea,
y la loca le abraza y solfea
una triste, apagada canción:
"Ya en el mundo he perdido el cariño
mi ventura la guarda la tierra;
¡oh, maldita, maldita la guerra
que ha enterrado mi febril pasión."

   Y sollozando el anciano
en su pingo la coloca
dice, besando a la loca:
–No llores, hija, por Dios;
ella, con suave ternura,
contesta: "ya no me adora";
ya no es Lola la que llora
sino que ahora son los dos.

   Ya los lirios y aromas temblando
se les ven en la hora oportuna,
se han tendido al fulgor de la luna
que rutila por la inmensidad;
el arroyo tan sólo murmura
y las aves sus nidos habitan,
ya las risas de Lola dominan
en la tumba de la soledad.

   Y en cuanto amanece el día
Lola, abandonando el lecho,
con el corazón deshecho
va al sepulcro del dolor;
y deposita la niña
su llanto acerbo y, burlona;
besa la triste corona
que dice: "Loca de amor".

   Hasta dónde ha llegado la pena
que a la madre de Lola la muerte
la ha llevado al sepulcro que inerte
ya descansa, causante el amor;
este fruto lo deja la patria,
lo ha dejado el pendón azulado
que en los años jamás fue manchado
por la mano de vil opresor.

    Un día que la locura
a su extremo había llegado,
Lola se había abrazado
la corona con ardor;
pero al abrazo tan fuerte
se la vio que se extinguía,
quedando en la tumba fría
muerta la Loca de amor.

    En la Biblioteca Nacional del Maestro, ubicada en la Capital Federal en Pizzurno 953, (frente a la placita Rodríguez Peña, a la altura de Callao al 900), aparece en sus ficheros un único libro de Ricardo Juan Podestá, titulado Composiciones poéticas populares, de 85 páginas, sin fecha ni lugar de edición, en el que probablemente figure el poema anterior, que he transcripto tal como aparece en la contratapa de la partitura del vals. El poema está encabezado por una dedicatoria de Podestá: "A mi distinguido amigo Pablo Lein Funes".

    Volviendo a la cuestión de la música, en la página www.gardelweb.com/Apostillas-al-Gardel-1912.htm el historiador Héctor Ángel Benedetti consigna estos interesantes datos:

     "A Mitre. Vals, a veces mencionado como A Bartolomé Mitre. Es una de las canciones más complejas a la hora de establecer su verdadera                        autoría, pues tanto la letra como la música presentan puntos obscuros. El disco omite toda referencia. Durante muchos años se                        creyó que era del dramaturgo y orador Belisario Roldán, o del cantor bohemio Fernando Nunziata (dos personajes de musas                        opuestas); pero una investigación oportuna demostró que ya estaba publicado en 1910 como obra de Juan Bautista Etchepare.
                       En cuanto a la melodía, es claramente la del conocido vals Loca de amor, que firmó el editor Enrique Caviglia, pero que está
                       tomada del Santos Vega del payador Pablo José Vázquez. Éste la había recogido y adaptado, proveniente de un pasado al parecer                        antiguo; y como ocurriera con las notas de Pobre mi madre querida y ¿Qué me habrán hecho tus ojos?, resultó ser uno de esos                        aires anónimos muy frecuentados por los payadores para colocar sus versos. A Loca de amor sólo le cupo el mérito de ser la más                        conocida, pero su música se escucha también en Canción proletaria (Sócrates Fígoli), Volad golondrinas (atrib. a Ángel G.                        Villoldo), Decadencia criolla (Ignacio Corsini), etcétera."

     Como nota final, reproduzco a continuación una simpática anécdota que forma parte del artícuo de Guadalupe Aballe "Infancia y Juventud de Mercedes Simone", publicado en la página www.gardelbiografia.com.ar/boletines/GBSAS15.DOC:

                    "Como curiosidad diremos que su papá nunca la llamó Mercedes, sino Marcela. Y tanto le gustaba a ella cantar el vals "Loca de                       amor", que su padre orgulloso decía a todos: "Van a vere como mi hica Marcela va cantare l'amore de la loca.". Y "Marcela"                       cantaba para padres y vecinos.".
                                                                                                                                                                    
                                                                                                                                                                                     Conrado De Lucia

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