Chamuyando tangos
por el doctor Eduardo Giorlandini

Malevaje


"Malevaje" o "Suburbio"
De acuerdo a la "Ficha Técnica" que transcribe Torres Agüero Editor, se informa:

"SUBURBIO" (MALEVAJE). Tango
Música: Juan de Dios Filiberto
Letra: Enrique Santos Discépolo
Editor: Korn.
Empero, es "Malevaje". Debió serlo porque malevaje representa mejor el argumento y al personaje. No importa si habita el ámbito rural, el suburbio o la franja que los separa o la antesala de la ciudad. el guapo -gaucho u orillero- pudo ser malévolo, matón, peleador o un valiente dispuesto a defender su honor, entendido según los valores de su propio ámbito. Calzó chambergo o no, alpargata o bota militar. Se pareció más a un hombre de ciudad o de campo, ya que de él dio cuenta José Hernández en el Martín Fierro, obra en la cual Francisco I. Castro, su principal exégeta, lo conceptúa como malhechor, bandido o fascineroso:

"¡Barajo! Si nos trataban
Como se trata a malevos".

Un lenguaje hijo de la tierra
El vocabulario del gaucho, del malevo o del compadre, armoniza con la geografía, con el tiempo y con la gente que es la circunstancia humana, dinámica, vital y cambiadiza. Todo se transforma en el fluir de la vida y todo está presente en todo. El compadrito que usó alpargatas bordadas no fue, con el cuchillo, menos guapo que el malevo que usó taco militar.
Ambos esgrimieron una parla que olvidaba letras, cambiaba acentos, achicaba vocablos o los agrandaba, intervertía letras o sílabas o creaba palabras o frases figuradas, sin saber por qué y sin saber que legitimaban cacografías, diptongaciones antihiáticas, metonimias, metátesis, apócopes e hipocorísticos, entre muchos otros tecnicismos que son preciosuras o lindezas del idioma.
Hombre de campo o de suburbio, del peonaje o del malevaje, perdió la letra d y todavía sigue perdida en algunas regiones, como en la letra del tango:

"¡Decí, por Dios, qué me has dao
que estoy tan cambiao...
no sé más quién soy!...
El malevaje extrañao
me mira sin comprender,
me ve perdiendo el cartel
de guapo que ayer
brillaba en la acción...
No ves que estoy embretao,
vencido y maniao
en tu corazón".

Pues resulta que Dios también le ha dado el don de la palabra. Hija de la tierra, hija de Dios, al fin de cuentas.

Flor de entrevero
De tal modo fue el entrevero idiomático, más querendón que el mix -para los técnicos de nuestro tiempo-, que supervivieron voces del español antiguo (buena parte de nuestro idioma nacional), del viejo pero reciente gauchaje y del más cercano malevaje canero, malandraco o periférico. Y, a más, los indigenismos como pucho:

"No me has dejao ni el pucho en la oreja
de aquel pasao malevo y feroz".
(Pasao feroz, tango feroz, como el título de la película, donde "Tanguito" canta "Malevaje", que podría resultar una versión distinta del guapo que ayer brillaba en la acción pero tiene un fondo común con ingredientes que lo identifican con la letra de "Malevaje", a saber: mirado sin comprensión, embretao, vencido y maniao en el corazón de una muchacha de compás tan hondo y sensual; él, como el personaje de Discépolo, se encontró en la misma circunstancia:

"Ayer, de miedo a matar,
en vez de pelear
me puse a correr...
Me vi a la sombra o finao,
pensé en no verte y temblé;
si yo -que nunca aflojé-
de noche angustiao
me encierro a llorar...
¡Decí, por Dios, qué me has dado,
que estoy tan cambiao...
no sé más quién soy!".

Buena junta: Discepolín y Filiberto
Dos almas distintas hicieron la junción para una buena cosa y fue una buena junta. Fue en el final de la década de los años '20. Discepolín tenía 28 años, Juan de Dios Filiberto (Oscar Juan de Dios Filiberti, su nombre de familia), 44; Enrique Santos, del barrio del Once, y Filiberto, de La Boca; uno, mentó "Suelo Argentino", "De mi tierra", "El Ramito", "Caminito" y "El Clavel del Aire"; y el otro, "Yira, Yira", "Qué vachaché", "Cambalache", "¿Qué sapa señor?" y "Esta noche me Emborracho".
La mujer de Discépolo, Tania, destacó que tenían una manera disímil de entender el tango y: "Con todo, el difícil parto de 'Malevaje' dio una criatura hermosa". Más todavía, digo: estuvieron unidos por Buenos Aires, el tango y el inocente y pacífico anarquismo azulejo, un atisbo de romanticismo con corazón de arte y una profesión escondida de huelguistas. Empero, hicieron obras, protestas y amores, sembrando melodías y mensajes para un tiempo lungo, embarullado como la vida misma envuelta en entreveros y pasiones. Juan de Dios fue un músico dedicado al tango, se afirmó; Enrique Santos, un poeta tanguero. Uno dibujó paisajes; otro, almas dolientes. Ambos receptaron el influjo del malevaje de la incipiente megalópolis.

Prontuario del gotán
"Malevaje" es un tango canción estrenado por Azucena Maizani en el barrio de La Boca. En la misma casa de Filiberto, desde el balcón, lo cantó al comenzar la primavera de 1929.
Y, como Gardel cantó también la justa, dicen que antes de grabar el tango le chantó a Discepolín:
"-Te felicito de todo corazón, Flaquito. Aunque vos no naciste ni vivís en el arrabal, te has dado cuenta de que el malevo o lo que entendemos nosotros por malevo, es un hombre con sentimientos normales y no un furbo que solo piensa en hacer daño. Tu malevo maneado por el amor es capaz de confesar su angustia ante el miedo de perder a la mujer que quiere, llorarla si es preciso, y no a ponerle el cuchillo al cuello para que se le doblegue".
Así hablaba Gardel. Era su modo. Su estilo. Su lenguaje y su filosofía. Juzgaba todo con benevolencia, incluyendo al malevo, pero reservando la palabra furbo, itálica, para otra laya de compadre. A lo mejor, fue un argentinista, sentimental y canyengue.

 

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