"Vuelve el antipersonalismo"

Caben los siguientes comentarios al artículo de Martín Alberto Noel publicado bajo ese título en "La Nación" de hoy (28 de diciembre).

El personalismo de algunos de nuestros presidentes no ha sido sólo consecuencia de su propia personalidad sino también de la forma de sentir de parte de nuestro pueblo que admira a los caudillos, y resultado también de nuestro sistema político que, hasta la reforma constitucional de 1994, fue fundamentalmente presidencialista.

Como un dilema tipo huevo-gallina, no se sabe si nuestro sistema de gobierno fue presidencialista porque nuestras instituciones son débiles, o viceversa. La realidad es que en nuetro país no se vota a un partido político o a su programa de gobierno sino a un candidato.

Alvear no fue personalista durante su gobierno, pero sí lo fue conduciendo al Partido Radical en la oposición. Y, si bien, ese personalismo podría justificarse como necesario para mantener unido a un radicalismo profundamente dividido, su oposición al gobierno de Justo fue una oposición blanda por creer ingenuamente que de esa forma la Concordancia le permitiría volver al poder.

Esa oposición de Alvear fue hasta cómplice porque, no sólo no condenó el asunto de la CADE, sino que toleró la participación en el mismo de sus concejales. Como acertadamente comentara Agustín P. Justo, "es el primer caso de un partido que se corrompe en la oposición".

Esa oposición así como la larga permanencia del antipersonalismo en la conducción, fue duramente criticada por el ala yrigoyenista (grupo FORJA, el revisionismo bonaerense, la intransigencia sabattinista), como posteriormente la criticaron algunos de los que apoyaron a Alvear en ese momento como Balbín, que había sido uno de los "pico de oro" de sus campañas electorales, y Frondizi que fue en algún momento su regalón, el mimado de don Marcelo, como memora Félix Luna en su libro "Fracturas y Continuidades en la Historia Argentina".

Algunos rasgos de De la Rúa lo asemejan a Alvear: no ser hombre de comité, pertenecer al "ala conservadora" del radicalismo y rodearse de un "gabinete de notables", pero, por otro lado, algunos de los aspectos de su personalidad son parecidos a los de Yrigoyen: la morosidad en tomar decisiones y su desconfianza que lo hace revisar todo.

A diferencia del de Alvear, el gabinete de notables de De la Rúa no está, en muchos casos, constituído por expertos en las áreas en que fueron designados sino que son concesiones a sus amigos (Llach, López Murphy, Martínez Raymonda, Santibañez, Ferrer), a sus parientes (De la Rúa, Pertiné) y a Alfonsín (Storani), o premios consuelo (Fernández Meijide, Posse).

                                                                                                     Carlos A. Manus

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