Acerca de lo indemostrable de la belleza

From: Tino Diez   tango_mias@bvconline.com.ar
Sent: Jueves 06 de julio de 2006    16:15
Subject: Ayudame a entender

Querido Conrado:
En mis frecuentes revisiones de lecturas, encontré el poema que va adjunto. Traté de copiarlo respetando hasta los guiones que separan palabras, las estructuras de cada renglón y la coma incluída hacia el final, que es la única puntuación que tiene el texto. No hay ninguna mayúscula, y el ay vidalita en letra cursiva es la variante que rompe la monotonía del escrito.
Quisiera que me digas si tiene demasiado nivel poético, o si obedece a alguna nueva corriente que -por lo menos en mi caso- no entiendo y, como no entiendo, no me gusta.
El poema es del poeta pampeano Juan Carlos Bustriazo Ortiz, nacido en Santa Rosa en 1929. Integra la antología Abrazo Austral - Poesía del sur de Argentina y Chile, preparada por María Eugenia Correas, quien al pie del texto pregunta: "¿Verdad que es precioso? (...) la literatura, el arte, nos sorprende en rincones inesperados."
Espero tus comentarios. Un abrazo afectuoso.
Tino

El siguiente es el poema al que se refiere el redactor de Tangomías: La página de Tino Diez:

                          esta caja amarilla

desde lo repugnoso del desvelo desde lo colorado de la
         sien desde los ábrete porque estoy vivo ay vidalita
desde la guitarra embichada desde el engreimiento del
         cielo desde las chaquiras que puse en tus muslos ay
vidalita desde las mesnadas del llanto desde las ínfulas
         de lo que es como piedra desde la embustera porfía
desde el abrepuño amarillo ay vidalita desde lo venenoso
        del bochorno contra el corazón cabal desde el boato
de la cizaña desde lo contra el cuerpo y contra el alma
        ay vidalita desde el racimo del vaso infausto desde
el espejillo donde tus ojos me comen desde la última vi-
        sitación desde lo tremebundo de este estar ay vida-
lita
desde la musa extraviada desde el tordillo platea-
        do que perdió la querencia desde los soles que me
hieren porque soy más de las lunas ay vidalita desde la
        sexta que está en un hilo desde esta vihuelada que
en el final es bermellón ay vidalita desde la codicia
        del chupasangre desde el santiamén del olvido des-
de la sombra caudalosa desde no sé que, escalofrío y en
        el disturbio de los ojos
                                         ay vidalita

                                     Juan Carlos Bustriazo Ortiz

Querido Tino:
Te agradezco la gentileza de proponerme un comentario sobre el poema precedente, que me ha motivado, además, para escribir un nuevo artículo sobre las Dificultades de la valoración estética.

Lo primero que salta a la vista al intentar leer el poema, es su desorden. Si no hubieras dejado establecido que tu transcripción ha sido totalmente fiel, podría suponerse que se trata de una travesura del Word, que -como suele hacerlo- alteró la longitud de cada línea, desordenó los márgenes y unió erróneamente las frases. Aun cabría la posibilidad de que haya ocurrido tal cosa con anterioridad a tu cuidadosa transcripción. De lo contrario, esta peculiaridad del texto carece por completo de sentido, y se lo puede mejorar bastante con sólo ordenarlo de acuerdo con las reglas de la buena sintaxis.

Un segundo aspecto, relacionado con el que antecede, es la gentileza por parte del autor a la que tiene derecho todo lector de un poema. Se supone que quien escribe un texto y lo publica lo hace para que lo lean. Por consiguiente es una regla elemental de cortesía cuidar que la forma utilizada no lo haga innecesariamente difícil de leer, y por consiguiente de comprender. Esto vale tanto para la coherencia lógica como para la disposición espacial del texto, por no mencionar la ortografía e incluso la puntuación, cuyos errores e inexactitudes ahuyentan definitivamente al lector, como se lo advierte el poeta ruso Turgenev a su hija adolescente, en una afectuosa carta muy difundida.

El empleo de las letras cursivas en el poema que analizamos también carece de fundamento. Aunque se trate de un leit motiv -también lo es el el término "desde", reiterado en cada línea-, la expresión "Ay, vidalita", es manifiestamente una exclamación seguida de un vocativo, y no debe ser subrayada con una tipografía diferente -como sí lo requiere en este mismo párrafo la expresión extranjera leit motiv-. En cambio, tanto la exclamación "ay" como el vocativo "vidalita" exigen ser colocados entre comas. En el caso de "vidalita", el término debe ser seguido de un punto y coma, porque se continúa con una nueva frase dentro del mismo contexto.

En cuanto al comentario de la autora de la antología, no se entiende por qué el arte deba esconderse, o se esconda de hecho en rincones inesperados a la espera de que se lo descubra, pues por su propia naturaleza un poema es un medio -uno de los más elevados- de comunicarse con el prójimo para ofrecerle algo que es considerado valioso. "No se enciende una lámpara para ponerla bajo la mesa", dice el Evangelio.

De todos modos, más allá de la forma cuestionable del texto, su contenido -tal vez sin llegar a ser "precioso" como afirma la antóloga- es original, y sus imágenes pueden suscitar en el lector esa particular emoción y ese deleite singular que produce la poesía.

Para colaborar respetuosamente con la intención que suponemos llevó al autor a publicarlo, lo reitero con las correciones formales que pueden ayudar a disfrutar de su lectura.
                                                                                                                        Conrado De Lucia

    Esta caja amarilla

Desde lo repugnoso del desvelo, desde lo colorado de la sien;
desde los "ábrete porque estoy vivo", ay, vidalita;
desde la guitarra embichada, desde el engreimiento del cielo,
desde las chaquiras que puse en tus muslos, ay, vidalita;
desde las mesnadas del llanto, desde las ínfulas de lo que es como piedra,
desde la embustera porfía, desde el abrepuño amarillo, ay, vidalita;
desde lo venenoso del bochorno contra el corazón cabal,
desde el boato de la cizaña, desde lo contra el cuerpo y contra el alma, ay, vidalita;
desde el racimo del vaso infausto, desde el espejillo donde tus ojos me comen,
desde la última visitación, desde lo tremebundo de este estar, ay, vidalita;
desde la musa extraviada, desde el tordillo plateado que perdió la querencia,
desde los soles que me hieren porque soy más de las lunas, ay, vidalita;
desde la sexta que está en un hilo, desde esta vihuelada que en el final es bermellón, ay vidalita;
desde la codicia del chupasangre, desde el santiamén del olvido,
desde la sombra caudalosa, desde no sé qué escalofrío,
y en el disturbio de los ojos, ay, vidalita.

                                                                                             Juan Carlos Bustriazo Ortiz


                                                         
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