China y el nuevo orden mundial

                                                                                                                                          Por Noam Chomsky

   Entre todas las supuestas amenazas contra la superpotencia dominante en el mundo, un rival está emergiendo callada y poderosamente: China. Y Estados Unidos está sometiendo las intenciones chinas a una estrecha vigilancia.

   El 13 de agosto de 2010 un estudio del Pentágono expresó la preocupación de que China esté expandiendo sus fuerzas militares en formas que "podrían negar la operación de los barcos de guerra estadunidenses en aguas internacionales cercanas a la costa", informó Thom Shanker en The New York Times.

   A Washington le alarma que "la falta de apertura de China acerca del crecimiento, capacidad e intenciones de sus fuerzas militares inyecte inestabilidad a una región vital del planeta".

   EEUU, por otra parte, es sumamente abierto acerca de sus intenciones de operar libremente por "la vital región del planeta" que rodea a China (así como en otros lugares).

   EEUU ostenta su vasta capacidad para hacerlo: un presupuesto militar creciente que aproximadamente iguala al del resto del mundo combinado, cientos de bases militares en todo el mundo, y una ventaja enorme en la tecnología de destrucción y de dominio.

   La "falta de comprensión" de China de las "reglas de cortesía internacional" ha sido demostrada con sus objeciones al plan de que el moderno portaviones de energía nuclear "USS George Washington" tomara parte, en julio de 2010, en las maniobras conjuntas de Estados Unidos y Sudcorea cerca de la costa de China, con una supuesta capacidad de atacar a Pekín.

   En contraste, Occidente comprende que tales operaciones estadunidenses se llevan a cabo para defender la estabilidad y su propia seguridad.

   El término "estabilidad" tiene un significado técnico en el discurso de asuntos internacionales: equivale a "dominio de Estados Unidos". En consecuencia, nadie eleva las cejas cuando James Chace, ex editor de Foreign Affairs, explica que, con el fin de tener "estabilidad" en Chile en 1973, era necesario "desestabilizar" al país –derrocando al gobierno elegido del presidente Salvador Allende y colocando al general Augusto Pinochet, quien procedió a matar y torturar sin limitaciones, e imponer una red de terror que ayudó a establecer regímenes similares en otros países, con el apoyo estadunidense, en pro de estabilidad y seguridad.

   Es rutinario reconocer que la seguridad de Estados Unidos requiere de un control absoluto. La premisa recibió el imprimatur académico del historiador John Lewis Gaddis, de la Universidad de Yale, en su libro Sorpresa, seguridad y la experiencia estadunidense", donde investiga las raíces de la doctrina de "guerra preventiva" del presidente George W. Bush.

   El principio operativo es que "la expansión es la ruta hacia la seguridad", una doctrina que Gaddis remonta a dos siglos atrás –al presidente John Quincy Adams, autor intelectual de la doctrina del "destino manifiesto"–.

   Cuando Bush advirtió que "los estadunidenses deben 'estar listos para acción preventiva cuando sea necesario para defender nuestra libertad y defender nuestras vidas"' –señala Gaddis– "se estaba haciendo eco de una antigua tradición, más que estableciendo una nueva", reiterando principios que los presidentes desde Adams hasta Woodrow Wilson "hubieran entendido ... muy bien.".

   E igualmente ha sucedido con los sucesores de Wilson, hasta el actual. La doctrina del presidente Bill Clinton era que Estados Unidos tiene derecho a emplear su fuerza militar para asegurar "acceso no inhibido a mercados clave, reservas de energéticos y recursos estratégicos", sin necesidad de idear pretextos del tipo de los de Bush II.

   Como lo sabe cualquier capo de la mafia, incluso la más ligera pérdida de control podría llevar a la pérdida del sistema de dominio sobre otros, los que serían alentados a continuar por la misma ruta.

   Este principio central de poder es denominado, en la lengua de los formuladores de política, "teoría dominó", que en la práctica consiste en el reconocimiento de que el "virus" del desarrollo independiente exitoso podría "esparcir contagio" en otras partes y por consiguiente debe ser destruido, mientras que las víctimas potenciales del contagio son vacunadas de hecho mediante dictaduras brutales.

   Según el estudio del Pentágono, el presupuesto militar chino creció a aproximadamente 150 mil millones de dólares en 2009, acercándose a "una quinta parte de lo que el Pentágono gastó para operar y llevar a cabo las guerras en Irak y Afganistán" en ese año –lo cual, por supuesto, es sólo una fracción del total del presupuesto militar estadunidense–.

   Las preocupaciones estadunidenses son comprensibles si uno toma en cuenta la suposición, virtualmente no cuestionada, de que EEUU debe mantener "un poder incuestionable" sobre buena parte del mundo, con "supremacía militar y económica", al tiempo que debe asegurar la "limitación de cualquier ejercicio de soberanía" de estados que pudieran interferir en sus planes globales.

   Esos fueron los principios –que en gran parte han sido instrumentados– establecidos por planificadores de alto nivel y expertos en política exterior durante la Segunda Guerra Mundial, al considerar el marco del mundo de la posguerra.

   Estados Unidos debía mantener este dominio en una "gran área" que, cuando menos, debía incluir el hemisferio occidental, el Lejano Oriente y el ex imperio británico, incluyendo los vitales recursos energéticos del Oriente Medio.

   Conforme Rusia empezó a pulverizar a los ejércitos nazis después de Stalingrado, las metas de la gran área se extendieron para abarcar tanta superficie de Eurasia como fuera posible. Siempre se entendió que Europa podía seguir un rumbo independiente –quizá la visión degaullista de una Europa que abarcara desde el Atlántico hasta los Urales–. La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en parte tenía la intención de contrarrestar esta amenaza, y la cuestión sigue muy vigente hoy día al intentar incluir a la OTAN en una fuerza de intervención dirigida por Estados Unidos, responsable de controlar la "crucial infraestructura" del sistema global de energía del que depende Occidente.

   Desde que se convirtió en la potencia dominante global durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha tratado de mantener un sistema de control mundial. Pero ese proyecto no es fácil de sostener. El sistema está erosionándose visiblemente, con implicaciones significativas para el futuro. China es un protagonista –y rival– cada vez más influyente.

                                                                                                                                                  Noam Chomsky
El doctor Noam Chomsky es
profesor emérito de Lingüística y Filosofía
en el MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts).
Fuente: La jornada (México) 


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