Dedicatorias y nombres de canciones

De: Jaime Mario Salazar
Enviado: Viernes 31 de Octubre de 2003   23:37
Estimado Conrado:
¿A quién está dedicado el tango "El ingeniero", de Alejandro Junissi?

Estimado Jaime Mario:
Como no conocía la respuesta a su pregunta, consulté al tangólogo Tino Diez –de quien pueden leerse varios trabajos en "Notas y artículos"–, quien a su vez consultó a su corresponsal señor Pablo Garraza, el que le respondió:

"Tengo entendido que "El ingeniero" es uno de los tantos tangos que se hicieron con motivo de los bailes del Internado, que organizaban los estudiantes universitarios. Los autores presentaban sus creaciones en esos bailes, que eran muy populares, y los dedicaban a los estudiantes de distintas carreras. Así nacieron "El internado", "El sacamuelas", "Rawson", "Derecho viejo", y el tango en cuestión, que obviamente estaría dedicado a los estudiantes de ingeniería."

Los "Bailes del Internado de Medicina" –organizados por los estudiantes de los últimos años de la carrera, los "internos"– se realizaban en distintos salones. Varios de ellos se hicieron en el Salón "La Argentina", de la calle Rodríguez Peña 359. Allí se estrenó precisamente el tango "Rodríguez Peña".
En cuanto a los tangos que menciona el señor Garraza, "El sacamuelas" está obviamente dedicado a los estudiantes de odontología, y "Rawson" a los estudiantes de medicina residentes en el gran Hospital Rawson, del barrio de Constitución, que ya no existe –yo me atendí allí todavía en 1974–. A "Derecho viejo" me refiero unos párrafos más abajo.

Cabe agregar que el último de esos bailes fue el undécimo, ya que posteriormente fueron prohibidos por la policía a raíz de que en una gresca mataron a un estudiante. En ese baile Osvaldo Fresedo estrenó su tango "El once", que no alude al populoso barrio de la parroquia de Balvanera, sino al número de la que resultó ser la postrera milonga estudiantil.

Como ha sido costumbre frecuente de músicos y letristas dedicar sus producciones a distintas personalidades, me parece oportuno hacer un breve comentario sobre este tema.

Durante las décadas de mayor esplendor del tango se producían centenares de temas –en realidad, centenares de miles–. Mi querido maestro Virgilio Expósito solía decirnos: "En Alemania la sociedad de músicos tiene poco más de cinco mil socios. Sadaic, en cambio, tiene más de diecisiete mil. ¡Aquí todo el mundo está inspirado!: voy a cortarme el pelo, y el peluquero me dice que él tiene escritos varios tangos...".

En Sadaic ya hace algunas décadas que se superó el millón de tangos registrados, aunque una ínfima parte llega a ser conocida por el público. Tal abundancia ocasionó que –sobre todo en los tangos instrumentales, que no requieren un título compatible con el contenido de la letra– se eligieran sus nombres entre los que estuvieran todavía disponibles, y a veces por motivos insólitos: En 1908, una dama que escuchaba a la orquesta de Lorenzo Logatti interpretando un tango del director, que aún no tenía título, exclamó extasiada: "¿Cómo se llama? ¡Es irresistible!" De inmediato el maestro le respondió gentilmente: "Usted acaba de ponerle nombre, señora".

Los músicos de la orquesta de Enrique Delfino solían interpretar un tango suyo que todavía estaba sin título, llamándolo por sus tres primeras notas: re, fa, si. Cuando llegó el momento de registrarlo, Delfy lo hizo precisamente con ese nombre.

Volviendo al tema de las dedicatorias, en la época en que la difusión de los temas musicales se efectuaba tanto a través de los discos para fonógrafo como por medio de partes para piano que costaban veinte centavos. Tengo más de quinientas, desde cuando mi abuelo compró en Casa América (Stahlberg y Rigotti) –en 1930 y por 1350 pesos– el piano Bluth (Bluthner) que tengo a mis espaldas en este momento. Cada pieza que se imprimía era una ocasión que los autores aprovechaban para dedicar su obra a un amigo, un empresario, una persona a quien se agradecía un favor, etc.

Estas dedicatorias, como he mencionado, suelen aparecer en las partituras para piano, de modo que para averiguar si hubo alguien que fue homenajeado por Junissi con "El ingeniero", habría que buscar en viejas colecciones de ediciones musicales.

Poseo un ejemplar de "Saludos", de Domingo Federico, impreso en papel ordinario y con la particularidad de no tener portada, sino que del otro lado –y cabeza abajo, para facilitarle al músico darlo vuelta verticalmente– trae otro tango de Federico, esta vez con letra de mi profesor Homero Expósito: "Yuyo verde". Sobre la partitura de "Saludos", se lee: "Dedicado al gran maestro Raúl Capablanca". (En la época en que fue compuesto, estuvo de visita en la Argentina el campeón de ajedrez cubano).

Acabo de revisar al azar algunas partituras, y en seguida encontré la del tango "Puerto Nuevo", de Teófilo Lespés y Carlos Pesce. La ilustración de la portada muestra un gran barco rojo junto al muelle y a un hombre junto al noray de amarre, con impermeable y sombrero a lo Humphrey Bogart. Casualmente, en el borde superior de la portada dice: "A mi buen amigo, Ingeniero Agrónomo Don Abel Méndez, sinceramente dedico. T. Lespés".

Si este tango no tuviera una letra que menciona al Puerto Nuevo de Buenos Aires (Pesce la comenzó: "Qué linda es la vida, vivirla sin penas/ llenita de encanto, de amor y placer..."), el compositor podría haberlo bautizado también "El ingeniero", "El ingeniero agrónomo", o quizás simplemente "Agronomía".

En uno de los célebres bailes del Internado del la Facultad de Medicina se estrenó un tango de Arolas cuyo nombre es tomado como sinónimo de hacer una cosa decididamente, sin vacilaciones: Derecho viejo. De allí que sorprende leer en la portada de la partitura: "Dedicado a la barra de los estudiantes de Derecho" que asistían a los bailes organizados por los futuros médicos.

Por otra parte, la letra escrita por E.Baldesari relata una historia que es casi un plagio de la de "Sentimiento Gaucho" –hasta con expresiones iguales–, pero en la última estrofa el protagonista encuentra a la mujer infiel, y relata: "no pude perdonar... me fui derecho viejo... la punta de mi daga besó su corazón". De esta letra, muy poco conocida, surge evidentemente el sentido que se atribuye a la expresión "derecho viejo".

Reviso unas pocas partituras más, y encuentro enseguida la ranchera de Ivo Pelay y Francisco Canaro "Los amores con la crisis", que con tanta gracia cantó Tita Merello. En la portada, debajo de una gran fotografía en la que me parece reconocer a Ignacio Corsini, Julio De Caro y Ernesto Famá tomados del brazo de seis bellas damas de vestido largo, dice: "Dedicado al simpático amigo Carmelo Tarsia" (?)

Sigo buscando, y apenas media docena de partituras más abajo encuentro "La pulpera de Santa Lucía", de Blomberg y Maciel. En la portada, la obligada foto del intérprete, Ignacio Corsini, con cuello palomita, moñito, un pañuelo blanco que sobresale descuidadamente del bolsillo de su saco oscuro, y un chaleco con cuatro botones, de amplia abertura para permitir que se luzca el bordado de encaje de la camisa.

En la portada leo, escrito en la "Underwood" de mi abuelo por el tío pianista que no conocí, pero en cuyo piano estudié, al igual que mi papá y mi hermana: "Oscar E. A. De Lucia", y en otro lugar, en lápiz, con su trazo pequeño y delicado que conservo en tantos papeles suyos, la fecha: "22-8-31" Y en lo alto de la hoja, una dedicatoria de los autores de "La pulpera": "Al señor Julián A. Gervasio".

Al ver este nombre, entré al buscador Google, y encontré un artículo del erudito tanguero Gaspar Astarita, acerca de Blomberg y Maciel. Casualmente, reproduce allí el facsímil de la misma edición de "La pulpera" que yo heredé de mi tío Oscar, y puede verse la mencionada dedicatoria.

Astarita cuenta que José (sic) Antonio Gervasio fue quien presentó a Blomberg al negro Enrique Maciel, en el viejo Luna Park de Corrientes al 100, y en esa misma oportunidad Blomberg le entregó a Maciel la letra de la que sería su primera colaboración: "La pulpera de Santa Lucía", lo que explicaría el porqué de la dedicatoria. El artículo de Astarita puede leerse en: www.todotango.com/spanish/biblioteca/cronicas/la_pulpera.html

Podría seguir durante toda la madrugada buscando datos semejantes en los centenares de partituras que conservo, a las que se agregan de tanto en tanto las que recibo como obsequio de oyentes entusiastas de "Terapia Tanguera", pero confío en que lo que antecede le haya resultado de algún interés, en compensación por no haber podido responder a su pregunta.
Por mi parte, quiero agradecerle el agradable momento que he pasado revisando papeles viejos de mi familia, que –como usted ve– ya era tanguera hace más de setenta años...

Cordialmente,
Conrado

N.B.: En Comentario de tangos por Conrado De Lucia encontrará un artículo sobre "La pulpera de Santa Lucía", escrito a          pedido de otro visitante.
                                                 
                                                                          Volver arriba
               
                                            Volver a Artículos de Conrado De Lucia
                                                                  Volver a la Página Principal