Del libro de Sonia Abadi El bazar de los abrazos.
Publicado por gentileza de la autora

Capítulo 25                               

En contra de las agujas del reloj


     Negando el paso del tiempo o quizá buscando su inspiración en el pasado, así se baila el tango.
     En estos días de soledades físicas en que amistad, sexo y afecto encuentran soluciones de internet , el tango ofrece la oportunidad de un encuentro vivo, cuerpo a cuerpo, a la vez que un espacio para vivir experiencias de diversa calidad emocional, erótica y artística.
     Así baila Buenos Aires. Con el pasado en presente y el presente continuo, al son de viejas orquestas y letras que cuentan historias de otros tiempos. Pero baila hoy, en el umbral del milenio. Perdidos en la gran ciudad y el mundo globalizado, en la milonga se encuentran todos. Los que ya no están, los que bailan, los que van viniendo o vendrán, los que vuelven.
     Jóvenes que descubren el tango que bailaron sus abuelos, aportando su energía, creatividad e irreverencia.
     Adultos que redescubren el tango de sus viejos y del que renegaron durante años.
     Viejos milongueros que nunca dejaron de bailar y miran sorprendidos este nuevo berretín por el tango caminando la pista con una mezcla de orgullosa modestia y displicente destreza.
     Extranjeros que vienen y vuelven enamorados de ese abrazo intenso y de esa proximidad emocional inhallable en sus propias tierras.
     Todos ellos circulan entre clases y milongas que tampoco son ya de un solo modo.
     El tango de hoy se baila informalmente en algunas plazas de Buenos Aires, con un modesto equipo de música a ras del piso, a la vista de los curiosos y atónitos paseantes. Estilo compinche, sin cabeceo ni remilgos, tanto el hombre como la mujer pueden invitar a bailar . Se baila en jeans y zapatillas, borcegos y remera. Vas si sos del barrio y si no también.
     Se baila en las clases y prácticas que evolucionan naturalmente hasta transformarse en milongas. Los grupos de amigos o compañeros de clase se sientan juntos, charlan, prueban nuevos pasos. Allí no hay riesgo de planchar ni de rebotar. Piadosamente, ellos bailan a todas las chicas, ellas bailan hasta con el más tronco.
     Se sigue bailando en las milongas más tradicionales, con tanda y cabeceo, y mesas separadas para hombres y mujeres. Hay más empilche, ellos de traje o camisa negra, todavía se encuentran los engominados y hasta algún saco cruzado a rayas finitas. Ellas más producidas, con medias de red, transparencias o ropa que brilla. También de mini y con el ombligo al aire.
      El tango, "violador de fronteras" como lo llamó Cadicamo, ya ha atravesado las barreras sociales, espaciales y generacionales, mezcla los estilos, sale de los salones a las calles. Ahora además, en un torrente imparable, cruza la frontera del milenio, llevado por los bailarines que avanzan hacia el futuro, girando siempre en el sentido contrario a las agujas del reloj.

Sonia Abadi, El bazar de los abrazos,
Bs.As., Lumiére, 2001