"… y en el 2000 también!"

En 1936, en plena "década infame", el consorcio internacional SOFINA obtuvo la prórroga de la concesión eléctrica de su filial CHADE (después CADE) en la Argentina con la complicidad del gobierno del presidente Agustín P. Justo y mediante sobornos al Partido Radical y a sus Concejales.

El Partido Radical utilizó esa prebenda para financiar la campaña electoral de Marcelo T. de Alvear y la construcción de la Casa Radical, monumento a la corrupción.

Ante ese cohecho, el presidente Justo expresó "es el primer caso de un partido que se corrompe en la oposición".

Ese negociado fue analizado en los Cuadernos editados por el grupo FORJA, cuyos integrantes interrumpían los mitines radicales con mayoría antipersonalista a los gritos de "Cade, Cade".

En 1944, el presidente de facto Pedro P. Ramírez dispuso la investigación del "affaire" designando una comisión presidida por el coronel Matías Rodríguez Conde e integrada por Juan Pablo Oliver y Juan Sábato, la que produjo un informe demostrando que habían existido esos sobornos.

Los ejemplares del Informe Rodríguez Conde fueron secuestrados e incinerados por el coronel Juan D. Perón como retribución a la contribución efectuada por la CADE a su campaña electoral. Perón acuñó el calificativo infamante de "cadista" con el que, paradójicamente, denostaba a sus adversarios de la Unión Democrática

Sesenta y cuatro años después se repite el escándalo ante las coimas a los Senadores para lograr la aprobación a la ley de reforma laboral elaborada por otro gobierno de coalición.

Existen algunas diferencias entre ambas corruptelas: en la primera, el sobornador fue un consorcio privado; en la segunda, las sospechas apuntan al gobierno como prevaricador. Los sobornados de 1936 pertenecían al mismo partido; en el 2000 se han emporcado opositores y, al menos, un oficialista.

No cabe en el presente caso aplicar aquella expresión de Justo: el partido opositor de hoy ya estaba corrompido cuando fue oficialista.

Cuánta razón tuvo Discépolo cuando profetizó "Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé…¡En el quinientos seis, …y en el dos mil también!"


                                                                                                Carlos A. Manus
                                                                                               Septiembre 2, 2000

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