El humor de Discepolo

                                                                                                                                              Publicado en el Nº 6 de
                                                                                                                                              la revista "Bondiguía"


Varios de los tangos de ese gran pensador de la existencia que fue Enrique Santos Discepolo, tan profundos en su contenido, están atravesados por toques de un humor entre ácido y amargo.
En "Qué vachaché", una ironía desencantada está presente en cada una de las frases que rechazan el idealismo del protagonista. De modo semejante, "Esta noche me emborracho" comienza con una descripción despiadada de la mujer en ruinas, en un tono de burla dolorida.
"Chorra", con su indignación expresada con patética ingenuidad, es otro ejemplo del cáustico humor de Discepolín, que se prolonga en los versos de "Justo el 31".
En todas estas obras se percibe el dolor del protagonista, que ridiculiza su propia conducta a la vez que lamenta en su fuero íntimo el fracaso de sus esperanzas.
El pueblo, a quien estos dramas mínimos están destinados, comprendió y apreció de inmediato su mensaje. Discepolo había logrado crear un género nuevo y casi exclusivo, a pesar de las decenas de imitadores posteriores: la historia grotesca contada -y cantada- en los tres minutos de un tango.
Para algunos, "Victoria", sería una excepción: ha sido directamente calificado de "tango cómico". Sin embargo, el drama del fracaso existencial, aunque en forma menos visible, sigue estando presente.
El alegre sujeto que celebra lo que cree su libertad recuperada, es en realidad el protagonista de una triste regresión. Con la partida de su mujer, ha fracasado el proyecto que los llevó a la vida en común con la ilusión de haber alcanzado el amor, y sólo queda, oculta bajo la falsa alegría, la soledad del hombre que ya no tiene compañera.
En su versión de "Victoria", Edmundo Rivero ha expresado con acierto la derrota del hombre que se empeña en justificar su fracaso. En el tono deliberadamente infantil de un sujeto en regresión, enfatiza: "...vivir con mmamma otra vez...!". Y aunque reitera a continuación su proclama de victoria: "¡Se fue mi mujer...!", comunica a quien lo escucha un dejo de su propia amargura.
La obra de Discepolo es el testimonio de un filósofo existencial. Al igual que otros más célebres, que no expresaron su pensamiento en tratados sino en novelas y obras de teatro -Camus, Sartre-, nuestro mayor pensador existencialista eligió un camino propio para describir como ninguno las esperanzas y desdichas de los hombres: el de la música y la letra de sus tangos.

                                                                                             Conrado De Lucia


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