Psicología: ¿Por qué actuamos como actuamos?

 

Es muy frecuente que las personas se formulen preguntas sobre su propia manera de comportarse, para las que ellas mismas no encuentran respuesta: ¿Por qué algunas veces actuamos con un completo autodominio, y otras veces percibimos que nuestra conducta no se corresponde para nada con la que quisieramos tener? ¿Qué cosa o quién domina nuestro propio yo, y nos hace a veces actuar de tal manera que luego no podemos más que arrepentirnos y sentirnos doloridos?

La psicología social, que incluye el estudio de la conducta individual tanto como nuestro comportamiento dentro de los grupos en que participamos, intenta darnos algunas respuestas.

Toda conducta se produce dentro de un contexto social. Desde muy antiguo se sabe que lo que preserva la salud mental de personas circunstancialmente aisladas de todo contacto con otros seres humanos, como el caso de Robinsón Crusoe, es la conciencia implícita de pertenecer a un grupo. En la novela de Daniel Defoe lo social está presente simbólicamente en los objetos que Robinsón consigue rescatar del naufragio de su barco, y sobre todo en los hábitos que conserva de la sociedad de la que proviene.

Todas nuestras conductas son la resultante de una gran cantidad de factores, que convergen constituyendo la situación en la que nos desempeñamos. Los factores sociales son el ámbito de nuestra conducta: El hecho de estar o de creernos solos, de sentirnos parte de un grupo pequeño o representantes hasta de una nacionalidad y una cultura, modifica nuestro comportamiento.

En otros tiempos se partía del principio no comprobable de que algo dentro de nosotros -nuestra mente-, era responsable en todos los casos de nuestros comportamientos y actitudes, independientemente de los factores físicos y sociales. La psicología quedaba reducida así al estudio del funcionamiento de nuestra mente, de la que dependían en última instancia tanto nuestro cuerpo como nuestra manera de relacionarnos con el mundo, incluyendo personas y cosas.

Hoy se prefiere afirmar, con mayor ajuste a los hechos, que la psicología abarca toda conducta del hombre en toda situación posible. Esto significa que la psicología estudia tanto lo mental como lo corporal y lo social, ya que estas tres áreas de lo humano están siempre presentes en la conducta, bien que en propociones diferentes. Por ejemplo, cuando alguien está escribiendo una carta predomina lo mental, pero influenciado por su estado corporal, y modificado por la consideración implícita del efecto que producirán sus palabras en el o los futuros lectores.

Estas tres áreas de la conducta están presentes de modo diferente cuando en vez de escribir hacemos gimnasia o participamos de una reunión con amigos. Por otra parte, no hacemos gimnasia del mismo modo a solas, en el silencio y la penumbra de nuestro cuarto, que en el iluminado salón donde otras personas nos acompañan al son de la música. Del mismo modo, no actuamos de la misma manera en un encuentro con un par de amigos que en una fiesta con una docena de personas más.

El otro aspecto a considerar es la situación total dentro de la que se manifiesta la conducta. Esta situación incluye todos los elementos, internos y externos, de los que la conducta es el emergente final.

Una clave importante para comprender nuestra conducta, aún la que luego consideramos impropia o desubicada, radica en el hecho de que, por ser la resultante de nuestros procesos mentales, corporales y sociales, toda conducta es siempre la mejor posible para las circunstancias en que se produjo.

Surge aquí la cuestión del grado de libertad de que disponemos para elegir cómo actuar. A veces nuestra conducta no responde a las expectativas de los demás, pero nuestro prójimo quizás se sorprendería al saber que tampoco responde a nuestros propios deseos e intenciones.

Esto no quiere decir que nuestra conducta esté totalmente determinada por las circunstancias, pero sí que está fuertemente condicionada por ellas, tanto en lo mental -desde las vivencias del pasado hasta las ideas que en este momento tenemos-, como en lo corporal -incluyendo si estamos con sueño o tenemos escasa glucosa (o demasiado alcohol) en nuestra sangre-, y lo social -si están presentes (o ausentes) determinadas personas o grupos.

La libertad humana existe, y origina la responsabilidad que nos cabe asumir por nuestra conducta. Esa libertad es el fundamento de la moral. Pero también debemos tener presente -no para excusarnos de nuestras faltas y errores, pero sí para comprendernos mejor a nosotros mismos y a nuestro prójimo- que el margen real de esa libertad que nos permite elegir nuestro proceder, es a veces tan limitado, que sólo a una instancia superior -Dios, para quienes somos creyentes- corresponde formular el juicio definitivo sobre el sentido y valor de nuestra conducta.

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