De: Analía Dell'Angelini
Enviado: Domingo 27 de septiembre de 2015

Asunto: Conrado, por favor, acláreme el correcto o incorrecto uso de la palabra "presidenta". Lo estuve buscando por Internet pero ya no creo en nada. Cariños míos y de Marcelo.

                              ¿Presidenta o presidente?

La prensa masiva, financiada por los bancos y las grandes empresas, elige cuidadosamente los términos de sus titulares para ocultar la verdad, o lisa y llanamente para mentir mediante el empleo de falacias lógicas de todo tipo –no atingencia, generalización indebida, dilemas y entimemas falsos–, aprovechando el afiche gratuito que constituye la exhibición de sus portadas en los quioscos.

No es posible analizar la cuestión del uso correcto de los términos “presidente” y “presidenta”, sin referirse previamente a su utilización malintencionada como medio de diferenciación de tinte político: Desde el momento en que asumió su cargo la doctora Cristina Fernández, la gente que se considera a sí misma “ilustrada” intentó diferenciarse de la plebe remarcando detalles nimios pero a la vez políticamente significativos como éste: el uso del término “presidente”, que es meramente una cuestión gramatical, fue adoptado como un modo subrepticio de descalificar al nuevo gobierno, desde la cima de una supuesta cultura superior. En suma, una manera patética de reivindicar la condición de gorila perdedor pero bien hablado.

Aunque muchos han podido caer en la trampa inocentemente, decir o escribir “la presidente” en forma deliberada permite sugerir que no se comparte la adhesión popular a su figura: Se atribuye un matiz implícito de vulgaridad a la expresión “presidenta”, del mismo modo que mientras la palabra “atorrante” connota un tono hasta en ciertos casos afectuoso, el femenino “atorranta” carece de toda connotación positiva (una diferencia que puede interesar a devotos del INADI). 

Establecida la relación entre entre baja política y lenguaje malintencionado, exponemos la cuestión gramatical:

En español existen términos denominados verboides, algunos de los cuales pueden funcionar también como sustantivos: el infinitivo “amar”, el participio pasivo o de pasado “amado”, el casi siempre mal utilizado gerundio “amando”, y el verboide que ahora nos ocupa: el participio activo “amante” (que en nuestro idioma no se llama participio de presente como en latín). 

Ejemplos de sustantivación: “El fumar (infinitivo) es perjudicial para la salud”; “La amante (participio activo) del teniente francés” –o El amante de Lady Chatterley– ; “El Amado” (participio pasado: nuestro señor Jesucristo en expresión de Santa Teresa); 

Hemos perdido otro interesante verboide latino, el gerundivo, que es un infinitivo como “amar”, pero de voz pasiva, en tiempo de futuro y con un matiz de necesidad u obligación. En castellano nos han quedado unos cuantos, totalmente sustantivados: Amanda (la que debe ser amada); agenda (lo que debe ser hecho); minuendo y sustraendo (lo que debe ser restado y lo que se debe restar); adenda (lo que debe ser añadido); memorando (lo que debe ser recordado); dividendo (lo que debe ser repartido), educando (el que debe ser educado), etcétera. Es fácil tentarse y tratar de inventar otros, casi siempre equivocados. 

Ahora bien, el primer mandatario de nuestro país (mandatario: el que ha recibido un mandato) es la persona que ocupa el cargo de presidente. Es “el que preside”, o sea que “presidente” es un verboide: el participio activo del verbo “presidir”. 

Al igual que otros verboides, el participio activo “presidente” se puede sustantivar, y como sustantivo posee género masculino y femenino: el presidente y la presidenta. 

De modo que es correcto decir: “En la Argentina el cargo de presidente lo ocupa hasta diciembre la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.” 

Dicho sea de paso, es incorrecto decir “en Argentina”. Lo correcto es “en la Argentina”, porque esa expresión es una elipsis de “República Argentina”, y el artículo “la” indica que hay un término tácito: “República”).

Habría otras consideraciones para hacer, pero por el momento creo que es suficiente. 

Afectuosos saludos para el ingeniero Marcelo y para mi excelente ex alumna de magisterio Analía.


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