Reflexiones sobre el tango


Estudiosos del tango han tratado de determinar su origen y la etimología de la palabra sin haber hallado una respuesta definitiva a ambas cuestiones.

Su música parecería haber recibido la influencia del candombe africano, de la habanera cubana, del tango andaluz, del chotís y del cuplé, a los que se agregan las payadas puebleras y las milongas criollas.

Sobre su incierto origen, dice una de sus glosas:


                                                    Con permiso, soy el tango
                                                    Yo soy el tango que llega
                                                    De las calles del recuerdo
                                                    Donde nací ni me acuerdo,
                                                    En una calle cualquiera
                                                    Una luna arrabalera
                                                    Y un bandoneón son testigos
                                                    Yo soy el tango argentino
                                                    Como guste y donde quiera


La música popular es reflejo de su habitat geográfico. Así, la música del norte argentino, con su colorido paisaje, es alegre -como lo son el carnavalito y el takirari-, mientras que el paisaje gris del arrabal y del puerto le dieron al tango su aire triste y melancólico.

Debido a la reiteración en el tema de la mujer infiel, iniciado con los versos de "Mi noche triste", se denostó al tango como "el lamento del cornudo". Pero el abandono de la mujer no es un tema exclusivo del tango dado que el mismo fue inspiración de innumerables guaranias paraguayas, boleros de diverso origen y de rancheras mexicanas.

Por otra parte, ese tema en el tango es el reflejo de una situación acotada en el tiempo, la de la gran inmigración. En esa época había una gran desproporción entre los sexos, con amplio predominio masculino.

Los inmigrantes, en su gran mayoría, eran hombres solteros o casados que dejaban atrás a sus esposas e hijos para tentar fortuna en el nuevo país con la esperanza de que, si les iba bien, traerían luego a sus familias; caso contrario, regresarían a su país de origen.

Esa desigualdad numérica originó la disputa por las mujeres, las que cambiaban de pareja por una mejor situación o un mejor trato. Al irse superando esa desproporción sexual, el tema de la mujer ingrata fue perdiendo vigencia.

Las "familias bien" rechazaron de plano el tango, al que recién comenzaron a aceptar después de su éxito en París y de que Rodolfo Valentino lo bailara en "Los cuatro jinetes del Apocalipsis".

Más que por su música, o su letra o por la forma de bailarlo, ese rechazo puede haberse debido a los títulos de los primeros tangos que denotaban su origen prostibulario: "La catrera", "La clavada", "Dos sin sacar", "La franela", "Sacámele el molde", "Con qué trompieza que no dentra", "El serrucho", "Siete pulgadas", "El fierrazo", "Colgate del aeroplano", "Va Celina en la punta", "Dejalo morir adentro", "¡Qué polvo con ese viento!", etc. (Ver Horacio Salas, El tango, Editorial Planeta, Buenos Aires, 1995, págs. 54/63). Hoy esos títulos nos hacen sonreir pero, obviamente, tenían que escandalizar a la sociedad de entonces.

El tango, por otra parte, comienza a recibir el aporte de poetas cultos e inspirados como Héctor Pedro Blomberg, Enrique Cadícamo, Pascual y José María Contursi, Enrique Santos Discépolo, Homero Expósito, Celedonio Esteban Flores, Francisco García Jiménez, José González y Cátulo Castillo, Alfredo Le Pera, Homero Manzi, Manuel Romero.

Se recuerda a la década del 40 como la del apogeo del tango y de las orquestas típicas, olvidándose que el golpe de palacio del 4 de junio de 1943 prohibió las letras de muchos tangos. El ministro de Educación y Justicia, Gustavo Martínez Zuviría, que cesanteando profesores democráticos alcanzó más notoriedad que con sus novelas firmadas con el seudónimo Hugo Wast, designó una comisión para salvaguardar la pureza del idioma, la que fue presidida por monseñor Gustavo Franceschi (el de las famosas polémicas con Lisandro de la Torre), enemigo declarado del tango y de Carlos Gardel.

Los autores de los tangos prohibidos debieron cambiar de urgencia los términos lunfardos para adaptarlos a la mojigatería de esos puristas protectores del idioma, lo que dio lugar a títulos y palabras que, por ridículos, alteraban el sentido de la letra que terminaba siendo una parodia del tango.

Como una burda imitación de las ligas de templanza norteamericanas, esa comisión de pretendidos moralistas prohibió la palabra "alcohol" en el título y la letra del tango "Tal vez será mi alcohol" de Homero Manzi, la que debió cambiarse por "Tal verá su voz".

Con su característico sentido del humor y la propensión para la cachada, la gente del pueblo decía que el título del tango "Guardia vieja" sería sustituído por el de "Cuidado mamá".

Era la época en que los dueños de la primera churrasquería al paso, "El chorizo honrado", tuvieron que cambiarle el nombre por el más aceptable de "La vitamínica".

Afortunadamente, Discépolo, autor entre otros de "Chorra", uno de los tangos preferidos por el presidente Perón, logró convencer a éste que esa prohibición privaba de fuentes de trabajo a los compositores, logrando anular esa disposición absurda.

Con la sedición del 43 comienza la saga del siempre actual "Cambalache", que tuvo el honroso privilegio de haber sido prohibido por todas las dictaduras militares.

Cabe recordar, para concluir, una de las estrofas del tango "La canción de Buenos Aires" que tan bien refleja una de nuestras virtudes más características, la modestia:


Este es el tango,
canción de Buenos Aires,
nacido en el suburbio,
que hoy reina en todo el mundo …


Carlos A. Manus


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