Texto de la renuncia del diario "La Arena"
                 a la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA)

Santa Rosa, La Pampa, 14 de septiembre de 2009

A los señores miembros del Consejo Ejecutivo de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA)

Me veo en la obligación de dirigirme a los miembros que conducen ADEPA para expresarles mi desacuerdo con los pronunciamientos públicos de la entidad en relación al proyecto de Ley de Servicios Audiovisuales que está en tratamiento en el Congreso Nacional.

Los contenidos de los documentos y las declaraciones públicas de algunos integrantes del Consejo Ejecutivo no se ajustan, a mi entender, al equilibrio que habría que guardar ante una ley de tanta importancia sino que responden a los intereses de una parte –muy pequeña pero muy poderosa– de las empresas periodísticas.

Hace 26 años que la Argentina pudo superar la dictadura militar que tuvo, entre sus víctimas, a no pocos periodistas. Heredamos de esa tiranía la ley que actualmente rige el ordenamiento de los medios de comunicación audiovisuales. Todos los intentos –que no fueron pocos– por cambiar esa legislación sufrieron la misma oposición que está padeciendo el proyecto que ahora está en tratamiento. Los argumentos fueron siempre los mismos: “no es oportuno”, “no es el momento”, “hay que tomarse más tiempo”... El resultado está a la vista: pasaron 26 años y nunca se pudo sancionar una ley con los mecanismos que exige una república democrática: análisis, debate y sanción por parte de los representantes del pueblo en el Congreso.

Los argumentos obstruccionistas de ayer y de hoy son, en esencia, los mismos, y obedecen al interés de los que temen una ley de la democracia que pueda llegar a corregir algunas de las evidentes distorsiones que tiene la actual normativa.

Podría coincidirse en que el proyecto actual contiene algunos puntos cuestionables, pero lo que no puede afirmarse es que constituye una “amenaza” a la “libertad de expresión” o a la “seguridad jurídica”. Asimismo, el documento invita a sustraer el debate de las “urgencias coyunturales”, con lo cual, sin decirlo expresamente, adhiere a la estrategia de posponer in eternum su tratamiento tal como se hizo con anteriores iniciativas similares que propiciaban sancionar una ley en el Congreso Nacional que supere a la antigua y defectuosa normativa de la dictadura militar.

La peor ley de una república siempre es preferible a la mejor “ley” –por decirlo de algún modo– de una dictadura.

Entiendo que con su posicionamiento ADEPA abandona su papel de representar al conjunto de la prensa del país para encolumnarse detrás de poderosos intereses corporativos que no quieren perder su poder monopólico u oligopólico en el ámbito de los medios de comunicación. No puedo omitir señalar que esa posición dominante fue alcanzada gracias a la norma dictatorial que hoy nos rige y a las modificaciones introducidas por decreto por parte de algunos gobiernos electivos y muy escasas intervenciones puntuales del Congreso.

En mi paso por la institución recuerdo haber presenciado intensos y acalorados debates sobre temas de real importancia para la prensa argentina: la detención y desaparición de periodistas durante los gobiernos militares, el apoderamiento de Papel Prensa por parte de unas pocas pero poderosas empresas, los desbordes autoritarios de gobiernos de facto y de jure y la pretensión de amordazar a los diarios, y muchos otros que sería muy largo ennumerar aquí. En aquellos años existía una verdadera pluralidad de voces e intereses que, en ocasiones, llegaban a plasmarse en enérgicos intercambios de opinión entre los miembros de la institución.

Debo admitir que, lamentablemente, eso es cosa del pasado. Hoy ADEPA se ha convertido en algo muy distinto, en una institución casi monocolor, en donde hay voces mucho más fuertes y resonantes que se imponen sobre otras demasiado débiles. Contribuye a esta realidad un sistema de elección de autoridades que dista mucho de ser democrático, un sistema indirecto que impide que muchos asociados que recogen la simpatía y el voto masivo en las asambleas puedan acceder a ocupar un asiento en el Consejo Directivo. Son muchos los socios que pueden dar testimonio de esta situación.

Como consecuencia de esta realidad, en ocasiones ADEPA se ha mostrado procediendo más como un grupo de presión –un “lobby” como vulgarmente se dice– que como una institución que debería representar los intereses de todos los editores del país. No estoy diciendo nada nuevo ya que muchos asociados advierten estas prácticas aunque no encuentran en el seno de la entidad el ámbito propicio para realizar sus planteos.

No deseo que se tomen estas líneas como una acusación personal sino como unas reflexiones de un veterano periodista y editor que vio llegar la hora de renunciar a la institución, cansado de aguardar cambios positivos en la dirección de una mayor apertura democrática y mayor equidad entre sus miembros.

Por todo lo expuesto, el Directorio del diario La Arena ha resuelto renunciar como miembro de ADEPA, decisión que comunico a través de esta nota.

Saludo a ustedes atentamente.

PD: Solicito al Consejo Ejecutivo que esta carta sea leída ante la próxima asamblea anual de la institución a realizarse en la ciudad de Salta. Muchas gracias.
                                                                                                                    Sergio Santesteban
                                                                                                            Editor General del diario "La Arena"


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