Soberanía y Política Internacional

Resulta difícil entender el vapuleado uso que se hace del concepto de soberanía, así como la pretendida independencia de nuestra política internacional.

Rivadavia le restó apoyo a la campaña libertadora del general San Martín considerando que era preferible comprarle a España nuestra independencia; eso no fue una expresión de soberanía. Esa
falta de apoyo fue la posible causa para que San Martín resignara en favor de Bolívar la continuación de la guerra por la independencia americana.

Los seguidores de Rivadavia, en sentido contrario, juzgaron oprobioso que Rosas pensara
comprarle a Inglaterra las islas Malvinas.

Cuando Rivadavia para erigir el puerto de Buenos Aires -que nunca se construyó- contrató un empréstito con la banca Baring Brothers en condiciones leoninas para nuestro país, empeñó nuestra soberanía. Ese préstamo, contratado en 1826, terminó de pagarse en 1950, o sea más de cien años después de firmado.

Tampoco defendimos nuestra soberanía cuando perdimos el Alto Perú, Paraguay y el Uruguay.
En el caso de Uruguay, no obstante estar ganando la lucha contra Brasil, fue Rivadavia el que ofreció negociar la paz y perdimos en la mesa de negociaciones la guerra ganada en el campo de batalla.

Rosas sí defendió nuestra soberanía contra Francia e Inglaterra en la Vuelta de Obligado. Lo que
no supieron hacer Lavalle ni Urquiza aliándose con Brasil para combatir a Rosas.

El Imperio del Brasil empleó "la política del patacón" para sobornar a Urquiza. Primero, cuando compró su traición a Rosas aliándose con las tropas imperiales para combatir al ejército de la Confederación Argentina.

La frase de Sarmiento "La bandera argentina, ¡Dios sea loado!, no ha sido atada jamás al carro
triunfal de ningún vencedor de la tierra" es literariamente muy bonita pero no condice con la realidad:
el ejército que desfiló por la ciudad de Buenos Aires después de la batalla de Caseros no fue el ejército nacional sino los ejércitos brasileño y paraguayo conjuntamente con la tropa sublevada al mando de Urquiza.

El que Urquiza -no obstante las resoluciones de la Asamblea Constituyente de 1813- suscribiera
un tratado con el Brasil concediéndole la extradicción de los esclavos que de allí se fugasen y se
asilasen en nuestro territorio tampoco fue un ejemplo de soberanía.

Años después, el Brasil sobornó nuevamente a Urquiza para obtener su pasividad cómplice ante la Guerra de la Triple Alianza. Mientras el ejército nacional se desangraba en los campos de batalla, "el degollador de Vences" engordaba en su Palacio de San José, incrementaba su fortuna vendiéndole ganado al ejército patrio y procreaba hijos naturales.

Los unitarios criticaron a Rosas por negarse a aceptar la independencia del Paraguay. Por el
contrario, consideraron un deber humanitario complotarse con el Brasil -nuestro tradicional enemigo
de entonces- para cometer el genocidio de la hermana nación guaraní.

No fue tampoco un ejemplo de soberanía el que dio Sarmiento cuando, autoexiliado en Santiago,
en su odio contra Rosas apoyó con sus artículos en el diario "El Mercurio" las pretensiones de Chile sobre nuestra Patagonia.

Nos abstuvimos de aliarnos con Bolivia y Perú en la guerra del Pacífico que sostuvieron contra
Chile, otro enemigo tradicional de entonces.

No fue un paradigma de soberanía el tratado Roca-Runciman, ni tampoco las adulonerías de
Roca (h) al expresar que nuestro país era parte del Imperio Británico y una perla más en la corona
de Su Graciosa Majestad.

El servilismo de Roca (h) se corresponde con el de Justo cuando firmó con el presidente del Brasil
una convención consistente en expurgar de los textos de historia y geografía toda referencia a la
guerra que sostuvimos contra Brasil.

Casi llegamos a la guerra contra Chile para defender nuestra soberanía austral, y terminamos cediéndole pacíficamente nuestras islas y parte de nuestro territorio.

Perú nos apoyó militarmente en la guerra de las Malvinas que, en su delirio alcohólico, desató
Galtieri. En retribución, le vendimos armas a Ecuador durante el conflicto que mantuvo con Perú.
Di Tella "se justificó" ante Perú afirmando que esas armas eran inútiles.

No es una manifestación de soberanía la expresión de di Tella de que mantenemos "relaciones carnales" con Estados Unidos. Por ser obvio, no es necesario aclarar quién es el sometido en esa relación.

Finalmente, mientras pretendemos reivindicar nuestros derechos sobre las islas Malvinas, simultáneamente estamos planeando "dolarizar" nuestra economía cuando hemos sostenido hasta
el hartazgo que la moneda propia es una expresión de nuestra soberanía.

                                                                                           Carlos A. Manus
                                                                              Washington, DC, febrero 21 de 1999

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