Timerman

                                                   

La edición de La Nación del 6 de marzo publicó el artículo "El periodista que buscó el poder" en el que el columnista Tomás Eloy Martínez comenta el libro Timerman. El periodista que quiso ser parte del poder (1923-1999) de Graciela Mochkofsky, publicado por Editorial Sudamericana..

Dice Martínez en su artículo: "La obra de Mochkofsky no es, sin duda, la que (Jacobo) Timerman habría querido, y así lo advierte la autora en la primera línea. Es difícil imaginar, sin embargo, una biografía más justa".

Según Martínez, "Timerman defendió con fervor su credo de postular una democracia tutelada por el ejército en vez de una democracia representativa, o el que prefería entregar el poder a generales usurpadores antes que consentir gobiernos constitucionales débiles como los de Arturo Illia e Isabel Perón".

Como bien le apostrofara Raúl Alfonsín a Timerman, "hay personas que prefieren la dictadura mientras ésta no se les inmiscuya". Alegando el "affaire" David Graiver, los esbirros de la dictadura lo aprisionaron y lo torturaron, según narra Timerman en su libro Preso sin nombre, celda sin número. A partir de su detención finaliza la adhesión de Timerman a la dictadura del Proceso.

El gobierno de Arturo Illia no fue débil. Illia fue un gobernante demócrata, respetuoso al máximo de las opiniones contrarias a su gobierno. Su indiferencia a los agravios personales -similar a la de Hipólito Yrigoyen ante los plumíferos de La Fronda- revela su entereza.

La campaña de desprestigio y ultrajes contra Illia -así como la exaltación de la figura de Onganía- estuvo a cargo de las revistas Primera Plana y Confirmado y el diario La Opinión en los que colaboraban Mariano Grondona y Mariano Montemayor. En la página 130 de su libro, Graciela Mochkofsky afirma que "el golpe más dañino sobre la imagen pública de Illia fue obra de Tomás Eloy Martínez con un reportaje a Silvia Elvira Martorell, la esposa del presidente, que apareció en los quioscos en la tercera semana de agosto del '65, bajo el título "La señora presidente".

Dice Mochkofsky en la página 133: "Grondona recordó su desilusión: 'Rodolfo Martínez y yo (ministro y subsecretario del Interior de Onganía) concebimos la ilusión de hacer de Onganía un De Gaulle y nos salió un Franco'".

La elección en la que triunfó Illia fue acotada por los militares de la Revolución Argentina, los que proscribieron la participación del peronismo. Paradójicamente, los militares que lo derrocaron alegaron que su gobierno no era representativo de la voluntad popular como consecuencia de la inhabilitación de gran parte del electorado.

Al igual que Frondizi, al no proscribir al peronismo Illia intentó su inserción gradual de éste en el proceso democrático y, al igual que aquél, fue derrocado por la miopía militar que desaprobaba ese procedimiento. Finalmente los militares, que no aceptaron que los peronistas hubieran triunfado en algunas provincias, cerraron el círculo, Gral. Alejandro Lanusse mediante, entregándole a Perón todo el país.

Timerman, Martínez, Grondona y Montemayor fueron como el aprendiz de hechicero: crearon el monstruo (la dictadura militar) para después asustarse de su obra. Se cumplió la admonición de Illia cuando, al ser expulsado a empujones de la Casa de Gobierno por orden del Gral. Julio Alsogaray, les dijo a los sediciosos: "sus hijos se lo reprocharán".

Entre las autocríticas pendientes están las de los manipuladores de la opinión pública.

                                                                                                     Carlos A. Manus
                                                                                                        Marzo 9, 2004

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