Enrique Santos Discepolo

                     DISCEPOLÍN

          Sobre el mármol helado, migas de medialunas,
          y una mujer absurda que come en un rincón;
          tu musa está sangrando y ella se desayuna.
          el alba no perdona, no tiene corazón.
          Al fin, ¿quién es culpable de la vida grotesca
          y del alma manchada con sangre de carmín?
          Mejor es que salgamos antes de que amanezca,
          Antes de que lloremos, ¡viejo Discepolín!

          Conozco de tu amargo sufrimiento,
          y comprendo lo que cuesta ser feliz
          Y al son de cada tango te presiento
          con tu talento enorme y tu nariz...
          Con tu lágrima amarga y escondida,
          con tu careta pálida de clown,
          y con esa sonrisa entristecida
          que floreces en verso y en canción.

          La gente se te arrima con su montón de penas,
          y tú las acaricias casi con un temblor.
          Te duele como propia la cicatriz ajena,
          aquél no tuvo suerte y ésta no tuvo amor...
          La pista se ha poblado al ruido de la orquesta,
          se abrazan bajo el foco muñecos de aserrín
          ¿No ves que están bailando...? ¿No ves que están de fiesta?
          Vamos, que todo duele, ¡viejo Discepolín!

                                                               Homero Manzi

EL PADRE
Santo, su padre, fue un destacado músico napolitano establecido en Buenos Aires y que puede haber sido una primera señal hacia el arte combinado de la organización sonora y letrística de Discépolo.
"Tuve una infancia triste. No hallé atractivo en jugar a la bolita o a cualquiera de los demás juegos infantiles. Vivía aislado y taciturno. Por desgracia no era sin motivo. A los cinco años quedé huérfano de padre, y antes de cumplir los nueve perdí también a mi madre. Entonces mi timidez se volvió miedo, y mi tristeza desventura." (Enrique Santos Discepolo)

MAESTRO NO, ACTOR
A poco de comenzar sus estudios en la Escuela Normal "Mariano Acosta", los abandonó para dedicarse al teatro, con la aprobación de su hermano y tutor Armando. A los dieciséis años debutó como actor en la compañía de Roberto Casaux, bajo el apodo de E. Santos, en la obra "El chueco Pintos", un sainete compuesto por su hermano y por Rafael José De Rosa. Su primer papel protagónico fue en la obra "Mateo", también de su hermano Armando. Por su parte, él mismo escribió el sainete "Día feriado" que le estrenó la compañía de Blanca Podestá en 1920.

SU PRIMER TANGO
En 1924 estrena en Montevideo el insípido "Bizcochito", su primer tango, composición hecha a pedido del dramaturgo Saldías a quien hizo firmar como autor y fue estrenada por Juan Carlos Marambio Catán; luego, en 1925, el notable y revulsivo "Qué vachaché", en el que describía mordazmente la situación social que atravesaba el país. Fue editado por Julio Korn en 1926, y estrenado en un teatro de Montevideo por Mecha Delgado, bajo una total indiferencia. Enrique insistió en 1928 con "Esta noche me emborracho", que incorporó Roberto Maida a su repertorio en el teatro "Astral". Antes había escrito, junto con Armando, "El Organito". "En la escuela empecé por hacerme la rabona.(...) Y así seguí unos meses hasta que le dije a mi hermano Armando -yo vivía en la casa de él- que no quería ser maestro de escuela sino actor. Desde entonces lo que perdí en el colegio lo recuperé en la calle, en la vida. Tal vez allí, en ese tiempo tan lejano y tan hermoso, tal vez allí haya empezado a masticar las letras de mis canciones."(Enrique Santos Discepolo)

RETRATOS DEL DOLOR
Tenía una personalidad alegre, festiva y picaresca. Discépolo se transformó en "la voz del pueblo", mimetizándose con el dolor, el abandono y la injusticia que padecían los porteños en esos años. En esa época escribió varios éxitos, uno tras otro, como el ya citado "Esta noche me emborracho", a los que siguieron " Chorra", "Soy un arlequín", "Yira... yira...", "Victoria", "Qué sapa, señor", "Sueño de juventud", etc. En 1937 Gardel le había grabado "Qué vachache", pero no había concitado atención.
La línea que empieza con este tango, y madura en "Yira... yira...", se prolonga en los tangos "Qué sapa, señor" y desemboca, en 1935, en "Cambalache".
"Una canción es un pedazo de mi vida, un traje que anda buscando un cuerpo que le ande bien. Cuantos más cuerpos existan para ese traje, mayor será el éxito de la canción, porque si la cantan todos es señal de que todos la viven, la sienten, les queda bien." (Enrique Santos Discepolo)

AZUCENA MAIZANI
Todo cambió cuando Azucena Maizani, en el esplendor de su fama, aceptó cantarle "Esta noche me emborracho", en el teatro "Porteño". Allí cambió la suerte de Discepolo, porque gracias a ese tango conoció a Tania, que lo había incorporado a su repertorio.

TANIA
Ana Luciana Devis nació el 1 de octubre de 1908 en la ciudad española de Toledo. Y como su hermana, dedicada a la zarzuela, había adoptado el seudónimo "La Luciano", ella optó por el de "La Lucianito". Pero a poco, para evitar comparaciones, Ana decidió autobautizarse como "Tania".
José Razzano fue quien llevó a Discépolo al cabaret en el que Tania trabajaba y hacía "Esta noche me emborracho". "Él nos presentó. Chachi (así lo llamaba en la intimidad) no conocía los lugares de la noche de Buenos Aires. Conmigo empezó a frecuentar los ambientes más divertidos. Yo lo saqué o por lo menos lo aparté un poco de su entorno intelectual y aburrido. Hay un Discépolo antes y otro después de haberme conocido." (Tania)

DANTE A. LINYERA
Francisco Bautista Rimoli, que firmaba con el seudónimo de Dante A. Linyera y que dirigía su propia revista, "La canción moderna", lo apoyó, lo estimuló, lo llamó filósofo. Desde entonces comenzaron a presentarse cantores para sus tangos y empresarios para sus obras teatrales y cinematográficas.

TEATRO
Las obras que presentaba Discepolo no pasaban inadvertidas, y casi siempre cosecharon abultadas taquillas. Como ejemplo más notorio, las presentaciones de "Blum" y de "Wunder Bar".

GIRAS Y PRODUCCIÓN ARTÍSTICA
En 1935 realiza una extensa gira por Europa y el norte de África, lugares en los que actuó y brindó también numerosas conferencias. De vuelta en Buenos Aires formó su propia orquesta con la que se presentó en Radio Municipal y realizó varias grabaciones para la casa "RCA Victor".
Podría asegurarse que toda su producción artística está articulada por un estilo común, un cierto aire o espíritu discepoliano que la gente reconoce inmediatamente, con afecto y admiración, como si su obra -más de una vez definida como "profética"- expresara el sentido común de los argentinos. La singularidad de Discépolo sigue inquietando, tanto dentro como fuera del universo del tango. Mientras la producción de la mayoría de sus coetáneos hoy suena extraña para las nuevas generaciones, el hombre que escribió y compuso "Cambalache" persiste, está vigente. O, para decirlo con una de sus imágenes preferidas, sigue mordiendo. "La imagen del cambalache como escenario del azar insolente, de la confusión de valores y la desacralización, le pareció la más adecuada para sellar su texto de denuncia." (Pierre Vidal Naquet)
"Por eso, un tango puede escribirse con un dedo, pero necesariamente se escribirá con el alma, porque un tango es la intimidad que se esconde, es el grito que se levanta airado, desnudo." (Enrique Santos Discepolo)

LAS LETRAS
La proliferación de ideas en cada letra hallaba en el humor socarrón y en el lirismo de la música un cierto equilibrio, una compensación sensorial, un modo de "decir cosas" en y a través del tango. Ningún otro autor llegaría tan lejos Desde luego, el hecho de que Carlos Gardel grabara casi todos sus primeros tangos ayudó en gran medida a la difusión y legitimación de Discépolo como autor y compositor de un género lleno de autores y compositores. "El drama no es invento mío. Acepto que se me culpe del perfil sombrío de mis personajes -por aceptar algo nomás-, pero la vida es la única responsable de ese dolor. Yo -honradamente-, no he vivido la letra de todas mis canciones, porque eso sería materialmente imposible, inhumano. Pero las he sentido todas. Me he metido en la piel de otros y las he sentido en la sangre y en la carne. Brutalmente. Dolorosamente." (Enrique Santos Discepolo)

ETERNO AUTOR
Paralelamente a su actividad en el teatro y en el cine -en donde llegó a actuar con Cantinflas- con memorables interpretaciones, especialmente en "El hincha", no dejaba de componer, y en esa época dejó "Alma de bandoneón", "Melodías porteñas", "Desencanto", "Tormenta", "Martirio" , "Infamia", "Uno" y "Canción desesperada"..En la última etapa de su vida estrenó "El Choclo" y, con música de Mariano Mores, "Sin palabras" y "Cafetín de Buenos Aires".

BUSCADOR INCANSABLE
Sus obras eran producto de un estudio de cada palabra que integraba cada verso. A veces pasaba mucho tiempo buscando la palabra apropiada para la rima trunca. Pasó con el tango "Uno", de los pocos que escribió, después que la música estuviera compuesta, que casi colma la paciencia de Mariano Mores por el año que se tomó Discépolo, para redactar su letra.
"Era un descontento...De pronto, él leía una obra de teatro suya y le decían:´!Qué bien!´Luego, al día siguiente, la rompía. Le costaba mucho escribir. ¨Yira, yira´ le llevó dos años terminarla..." (Tania)

PRIMER MÁRTIR DEL PERONISMO
Hombre querido y querible, comenzó a leer en un microprograma radial monólogos acres y audaces, que le escribían primero Julio Porte y luego Abel Santa Cruz. Eran dardos certeros que daban de lleno a los opositores de Perón. Los más enconados de éstos no se lo perdonaron y, haciendo honor al apodo de "Mordisquito" con el que Discepolo los fustigaba, desgarraron con dientes venenosos el alma del poeta. Discépolo, peronista sincero, sería el primer mártir espiritual del peronismo.
"Él tendría que haber nacido de nuevo para ser alfombra. Si por algo lo distinguieron Perón y Evita fue precisamente porque les dio una adhesión sin obsecuencia. En una oportunidad, mientras cenaban en la casona presidencial comida recalentada por la intensa actividad de Evita y su falta de horarios precisos, Enrique, que apenas probaba bocado, comenzó por decirle que la comida era mala. Evita se rió y le contestó: ´Fijate lo que son los adulones: suelen decirme que es exquisita´."
"Un hombre a quien la dureza de una clase mezquina le dio la espalda a propósito de aquellos monólogos de 'Mordisquito'. Y yo pregunto: ¿Qué le criticaban? ¿Que fuera fiel a su clase? ¿La misma coherencia que más de cuatro de ellos no tenían? (...) ¿Que tuviera el coraje de ser fiel a sí mismo y fiel a un amigo que habíamos conocido cuando estábamos en Chile y este hombre, Perón, estaba agregado a la embajada argentina y todas las noches, entre truco y truco imaginaban una Argentina distinta y más justa?" (Tania)

"ENGRASADO POR LA ANGUSTIA"
"Todo en él era bondad instantánea, veloz, escudada en el humorismo sarcástico del porteño de ley que no despinta su sentimiento y lo esconde con pudores de varón, para no que no se le vea la punta acuosa de la lágrima. Por eso solía decir en su camarín, al cambiarse la ropa: ´¡No me mirés que me doy lástima!´(...) Frase que desleía desde su vibrátil nariz ciranesca y su acento preciso, matemático... (...) ...del que tironeaba en escena para traducir, como nadie lo podría hacer jamás, su arte instintivo y definitivo. (...) ...había sido el perno del humorismo porteño, engrasado por la angustia". (En cierto modo, ésta era una definición discepoliana.) "¡Qué lastima que Carlitos Chaplin no lo conoció!" (Nicolás Olivari)

"NO LE VAS A PODER LEVANTAR LA VOZ"
"Yo cantaba en radios con la orquesta de Francisco Lauro, y él solía frecuentar los medios, como hombre que era del espectáculo. Recuerdo que tenía que cantar pegadito al micrófono, porque mi voz no daba para más. Y él me cargaba por ese detalle: ´A tu mujer no vas a poder levantarle la voz nunca´. (...) Era un tipo con gran sentido del humor. Siempre estaba así, haciendo bromas." (Osvaldo Miranda, "El Discepolo que conocí")

LAS PROPINAS
"Con Discepolo solíamos ir al cine. Tania y Amelia, mi mujer, iban a su vez por su lado a otro cine. A la salida nos encontrábamos los cuatro en el restaurante "La fusta" que estaba en Federico Lacroze y Libertador. Enrique tenía la costumbre de hacer ataditos de dinero que él daba de propina a los mozos en el momento de retirarse (Por eso todos se acercaban a despedirlo, y de paso en el apretón recibían la propina de Enrique). (...) Pero una noche pasó que a la salida se habían juntado los mozos de otro restaurante que estaba pegado a "La fusta", y también se acercaron a darle la mano. Enrique no se había dado cuenta de que eran de otro local, y dale sacar paquetitos del bolsillo, que iba pasando en cada apretón de manos, hasta que yo por lo bajo le avisé: ´Pará, les estás dando propina a los mozos de al lado.´ ´Con razón -me contesto también por lo bajo-, me estaba diciendo cómo había progresado esta gente para poner tantos mozos´." (Osvaldo Miranda, ibidem)

"DEJALO... DEJALO..."
"...en Punta del Este, esto fue en el ´49, me corrí hasta una boite que tenía Enrique y se llamaba "Wunder Bar". (...) Cuando me vio me llamó desde lejos y empezó a contarme cosas, y cualquier cosa contada por él tenía un encanto muy particular, entonces le ponía la máxima atención. Pero pasaba que atrás mío estaba un señor con un pito que hacía sonar en forma estridente, y me resultaba difícil oir bien a pesar de que Enrique prácticamente me gritaba en el oído. (...) Hasta que no pude más, y medio me di vuelta para decirle algo, y Enrique, adivinando mi intención, me paró diciéndome: ´Dejalo... dejalo... el señor se acaba de enterar que esta tarde se recibió de pelotudo, y lo esta festejando´." (Osvaldo Miranda, ibidem)

"¿EMPIEZO...?"
"Una noche me llama Tania a casa para invitarnos a cenar a su casa, porque había una sorpresa para Enrique. En realidad mucho no me entusiasmaba la idea de comer en casa de ellos, por la sencilla razón de que allí se comía poco. Enrique era un tipo de comer poco -nada, diría-, y Tania lo mismo. (...) Pero claro, se trataba de una sorpresa y había que ir, y fuimos. Llegamos y ya estaban el gordo Troilo y Zita, su mujer. Al rato cae Homero Manzi, y empezamos a comer. Al rato, a la hora del whisky el gordo pregunta: ´¿empiezo?'. Manzi le dice que sí, y Troilo con la boca hace una especie de introducción musical y Homero empieza a decir ´Sobre el mármol helado, migas de medialunas y una mujer absurda que come en un rincón...'. La sorpresa era esa: recitarle a Enrique el poema que Homero había escrito para él. Enrique se emocionó hasta las lágrimas. Además lo adoraba a Manzi, y Manzi sentía lo mismo por Discepolo." (Osvaldo Miranda, ibidem)
   
                                                                                                                                         Tino Diez
                                                                                                                              
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