Sonetos a Homero

                          I
Ese tango crecido entre glicinas,
entre malvones presos tras las rejas,
después del paredón, en esa esquina,
ese tango te aguarda con sus quejas.

En la luz de almacén que te ilumina,
tu sangre a la del tango se asemeja:
la raíz de tu padre era argentina
y la otra, charrúa, de tu vieja.

Y el Gordo y tu poesía fueron tango,
y el tango te eligió como poeta
que en lirismo viril sacó del fango

los versos subalternos de sus letras.
En el relevo el tango tuvo rango,
y en su sublimación está el Barbeta.

                     II

Presa del fin que inexorable llega
su exaltación del tango se apresura
florece en cada glosa su ternura
y esconde su dolor junto a Malena.

Trajina con su lucha sin cadenas,
urgido por el tiempo y la amargura,
florece en cada verso su tortura,
forjando la verdad de su condena.

Se desgarran los clavos de sus manos
para aliviar al gran Discepolín
que ha llegado a la cita más temprano

soportando el acecho del esplín.
Se abrazan desolados, como hermanos,
rimando juntos la soledad del fin.

                                    Tino Diez




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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