Verlaine y el tango

"El tango es un pensamiento triste que se baila"
Enrique Santos Discepolo  

Por el Lic. Carlos A. Manus (Virginia, USA)


Los poetas simbolistas prefirieron el matiz al color y optaron por los tonos indefinidos y los conceptos vagos. El gris fue su tono preferido, precisamente porque no es un color sino un grado de luminosidad intermedio entre el negro y el blanco.

El gris expresa el ánimo melancólico característico de esa corriente literaria, consecuencia de su búsqueda de ambigüedad conceptual. De ahí su preferencia por el atardecer, cuando los colores se esfuman y sólo queda el gris, símbolo de melancolía e indefinición. Paul Verlaine fue el líder del movimiento poético simbolista, que contó entre sus miembros a Charles Baudelaire, Tristán Corbière, Isidore Ducasse, Jules Laforgue, Charles-Marie Leconte de Lisle, Stephane Mallarmé, Jean Moréas, Arthur Rimbaud y Paul Valéry. Por ello se ha dicho que el gris es el color de Verlaine.

Reflejo de su habitat geográfico, la música del norte de nuestro país, como el carnavalito y el takirari, es alegre como el colorido paisaje de su entorno. El tango, en cambio, es triste porque su ámbito fue el arrabal y el puerto con sus tonos grises. En Memorias Sudamericanas, Hermann Keyserling nos catalogó como un pueblo triste. A excepción de la alegría, el tango ha expresado todos los sentimientos y, si bien hay tangos sarcásticos y "cachadores", sus manifestaciones son de burla y no de alegría.

Como los simbolistas, los poetas del tango recurrieron al gris, a la lluvia, a la niebla, al atardecer, al viento, al crepúsculo, al otoño, a las tinieblas y a la bruma, asociados todos ellos a la melancolía, la evocación y la nostalgia.


Enrique Cadicamo: amarrado al recuerdo

Enrique Cadicamo apeló a esos temas en varias poesías: "… Alondra gris/ tu dolor me conmueve,/ tu pena es de nieve…/ Madam Ivonne…" (Madame Ivonne); "Barrio tranquilo de mi ayer,/ como un triste atardecer,/ a tu esquina vuelvo viejo…" (La casita de mis viejos); "Afuera es noche y llueve tanto…/ Ven a mi lado, me dijiste,/ hoy tu palabra es como un manto,/ un manto grato de amistad…/ La historia vuelve a repetirse, mi muñequita dulce y rubia,/ el mismo amor… la misma lluvia…/ el mismo, el mismo loco afán…/ …Después, quizá, mordiendo un llanto,/ 'quedate siempre' me dijiste,/ 'afuera es noche y llueve tanto',/ …y comenzaste a llorar…" (Por la vuelta); "Puentes y cordajes donde el viento viene a aullar,/ …/…¡Niebla del Riachuelo!…/ Amarrado al recuerdo/ yo sigo esperando…/ ¡Niebla del Riachuelo!…/ De ese amor, para siempre, me vas alejando…/ …/ Llueve sobre el puerto, mientras tanto mi canción;/ llueve lentamente sobre tu desolación…" (Niebla del Riachuelo); "…Tras el ventanal,/ mientras pega la llovizna en el cristal/ con tus ojos más nublados de dolor/ soñás un paisaje de amor…" (Nunca tuvo novio); "… Gime, bandoneón, tu tango gris, quizás a ti te hiera igual/ algún dolor sentimental…" (Nostalgias); "Ven… No te vayas… Qué apuro de ir saliendo/ Aquí el ambiente es tibio/ y afuera está lloviendo…/ … Es cruel la despedida/ y triste el distanciarnos…/ Rubí… En este instante gris, un último dolor/ me causará tu adiós…/ Después la noche, con su frío y con su lluvia/ pondrá su broche sobre mi corazón…/ Ven … que la lluvia, afuera, no ha cesado…/ La noche es cruel y fría…/ ¡No salgas de mi lado!… / ¡Amor!…" (Rubí); "Suena menos gris/ tango, para mí…" (A quién le puede importar); " … Mientras tanto la garúa/ se acentúa/ con sus púas/ en mi corazón…/ ¡Garúa!…/ Solo y triste por la acera/ va este corazón transido/ con tristeza de tapera…/ Garúa… Tristeza…/ Hasta el cielo se ha puesto a llorar…" (Garúa); " Llueve… Llueve en el suburbio/ y aquí solo en esta pieza,/ va subiendo a mi cabeza/ una extraña evocación./ Es la pena de estar solo/ o es la tarde cruel y fría/ que a mi gris melancolía/ la convierte en emoción…/ Hoy la tarde está lluviosa,/ bandoneón, por los recuerdos,/ es por eso que me acuerdo/ de mis tiempos de esplendor…" (Cuando tallan los recuerdos) y en "… Café La Paloma/ por tu veredón en las noches brumosas/ se pasean las sombras de Tito, Arolas y Bardi…" (A pan y agua).


Cátulo Castillo: la vida es una herida absurda

Cátulo Castillo los utilizó asiduamente en "…¡Tu coche que pasó me salpicó/ Su noche de fangal y lluvia!…" (Anoche); "… Y en el fondo grisáceo de aquel día de hielo/ ponían una gota de ironía mordaz, / el sol de tus cabellos, tus pupilas de cielo/ y el cuerpito aterido que envolvía el percal…" (Caminito del taller); "Rivadavia y Rincón!… Vieja esquina/ de la antigua amistad que regresa,/ coqueteando su gris en la mesa, que está/ meditando en sus noches de ayer…/ Cuando llueve en las noches su frío/ vuelvo al mismo lugar del pasado,/ y de nuevo se sienta a mi lado/ Betinoti, templando la voz…" (Café de Los Angelitos); "El farol de una cantina, la neblina del Riachuelo/ que ha tendido bajo el cielo como un pálido crespón…/ …/ Sólo puebla su tristeza la aspereza del pesar/ y en la niebla de los años, y en la muerte que lo alcanza/ hay un canto como un llanto que regresa desde el mar…/ Es la voz de los veleros que llevaron las neblinas,/ son los viejos puertos muertos que están mucho más allá…" (Domani); "Llega tu recuerdo en torbellino,/ vuelve en el otoño a atardecer,/ miro la garúa, y mientras miro,/ gira la cuchara de café…" (El último café); "…Tarantela del barco italiano,/ la cantina se ha puesto feliz,/ pero siento que llora lejano/ tu recuerdo vestido de gris" (La cantina); "…Cerrame el ventanal/ que quema el sol/ su lento caracol de sueño,/ ¿no ves que vengo de un país/ que está de olvido, siempre gris,/ tras el alcohol?…" (La última curda); "…Un otoño te trajo…! Tu nombre era María,/ y nunca supe nada de tu rumbo infeliz…/ Si eras como el paisaje de la melancolía,/ que llovía… llovía, sobre la calle gris…" (María); "Paredón,/ tinta roja en el gris/ del ayer…/ Por qué llegó y se fue,/ tras del carmín/ y el gris fondín lejano,/ donde lloraba un tano/ sus nostalgias de 'bon vin'". (Tinta roja); "La copa del alcohol hasta el final,/ y en el final tu niebla, bodegón…/…/ … y es loco vendaval/ el viento de tu voz/ que silba la tortura del final…" (Una canción); "La niebla de la noche nos castiga/ con una gris distancia de recuerdos./ La niebla de los puertos y la vida/ que ronda con sus pasos de silencio./ Detrás está la luz de antiguos días/ y el horizonte azul que yo presiento./ Mi soledad te espera en la neblina/ con la canción que llora sin saberlo./ La niebla, carrusel,/ y estamos solos/ girando el carretel,/ el carretel…/ La niebla, carrusel,/ que alguna noche/ ha de acercarse/ con la sombra de él…/ Una canción se filtra entre la niebla/ con una gris mortaja de fantasma,/ y el corazón se sienta en la vereda/ para escuchar los ecos que se apagan…" (Una canción en la niebla).


José María Contursi: los caminos del recuerdo

José María Contursi los empleó en: "Como un fantasma gris llegó el hastío/ hasta tu corazón que aún era mío./ Y poco a poco te fue envolviendo/ y poco a poco te fuiste yendo…" (Cada vez que me recuerdes); "…¡Cuántos, cuántos años han pasado,/ Grises mis cabellos y mi vida!/ Loco… casi muerto… destrozado,/ con mi espíritu amarrado/ a nuestra juventud…" (Cristal); "… Y en una noche gris,/ desesperada y gris,/ ¡casi me mato por vos y por mí!…" (Culpable); "¡Qué ganas de llorar/ en esta tarde gris!…/ ¡En su repiquetear/ la lluvia habla de ti!…/¡Y hoy es tu voz que vuelve a mí/ en esta tarde gris!…" (En esta tarde gris); "… La noche que te fuiste,/ más triste que ninguna/ palideció la luna/ y se tornó más gris la soledad…/ La lluvia castigando mi angustia en el cristal/ y el viento murmurando:/ Ya no vendrá jamás…" (La noche que te fuiste); "… Ves…/ todo aquello se esfumó/ como brumas en el mar/ al llegar la luz del sol…" ().


Homero Expósito: esquina de recuerdos, y un farol

Los usó Homero Expósito en "… Bajo el gris/ de la luna madura/ se pierde la oscura/ figura de un barco…" (Cafetín); "… Río… sueños… calles… pueblo…/ todo está esperando, ¡todo está lloviendo!… (Déjame volver para mi pueblo); "… Fue en abril/ -el año, ¿para qué?-,/ la tarde estaba gris,/ llovía aquí también/ un llanto de violín/ y un verso de papel…" (Oyeme); "…¡Pobrecita, morocha y rubia!/ que en una cita con la lluvia/ se perdió…" (Oro falso); "…yo sé que se han nublado mis días más felices/ como tus tardes grises, que ya no veré más…" (Pueblito de provincia); "… Tal vez/ de tanto usar el gris/ te ciegues con el sol…/ ¡pero eso tiene fin!…" (Quedémos aquí); "… Y atrás de un tul, siempre París/ vendiendo azul lo gris…" (Siempre París); "… Y sabiendo acaso mis mentiras/ ocultaste tus desvelos/ en el gris de una sonrisa…" (Todo); "…Trenzas de color de mate amargo/ que endulzaron mi letargo gris…" (Trenzas); "… Si me parece verte con la mirada rubia/ detrás de la ventana seguir con interés/ por el cordón de piedra las aguas de la lluvia/ mientras yo fabricaba barcos de papel…" (Barquitos de papel).


Homero Manzi: el milagro de la evocación

Acudió a ellos Homero Manzi en "Después…/ la luna en sangre y tu emoción,/ y el anticipo del final/ en un oscuro nubarrón…" (Después); " Yunta oscura trotando en la noche./ Latigazo de alarde burlón./ Compadreando de gris sobre el coche/ por las piedras de Constitución…" (El pescante); "Esquinita de barrio porteño,/ con muros pintados de luna y de sol,/ que al llorar con tus lluvias de invierno/ manchás el paisaje de mi evocación" (Esquinas porteñas); "Fuí como una lluvia de cenizas y fatigas/ en las horas resignadas de tu vida…" (Fuimos); "…Estás en la penumbra cuando en la tarde se duerme el sol./ En la canción del ave que arrastra el viento como un dolor./ En la gota de lluvia que recogió una flor./ En el temblor del ala que el vendaval golpeó…" (Gota de lluvia); "Garuando en mi ventana murmura la noche./ Las luces de la calle titilan más bellas/ en tanto que tu ausencia parece una estrella/ mojada en la lluvia de mi corazón…/ …Volverás, volverás con el agua/ que al golpear mi cristal da su canto./ Volverás, volverás con el llanto/ que llueve en la noche de mi callejón./ Volverás otra vez del recuerdo/ al nidal de mi fe desolada,/ y estará tu canción amarrada/ con hilos de lluvia que llora mi amor./ Las nubes del fracaso recorren mi cielo./ El trueno de la pena retumba reproches./ El rayo del olvido alumbra mi noche/ y el viento del alma te canta un perdón./ Repica sobre el claro cristal la llovizna./ Un lampo del pasado sus focos asoma,/ y vuelve tu recuerdo como una paloma/ mojada en la lluvia de mi corazón". (Lluvia); "… El viento de la tarde revuelve la cortina./ La mano del recuerdo me aprieta el corazón./ La pena del otoño agranda la neblina: / se cuela por la hendija de mi desolación…" (Mi taza de café); "… Es tan triste vivir entre recuerdos…/ Cansa tanto escuchar ese rumor/ de la lluvia sutil que llora el tiempo/ sobre aquello que quiso el corazón…" (Ninguna); "… Es tal vez por eso que recién me angustian/ tu tono velado, tu sombra, tu gris,/ tu cielo techado de nubes y bruma,/ tu parque llorando con lluvia de abril…/… ¿Qué alma, qué alma buena/ vio la pena, pena/ de la nube gris,/ del camino azul, del dolor de abril?/ … Somos… lo mismo, con igual destino…/ Garúa borrosa de un día de abril./ Un nido vacío y un viejo camino/ y un aire de ausencia muy triste y muy gris." (Paisaje); "… Adiós…/ la triste y más gris canción de amor…/ Ayer…/ el último y fatal ayer final…" (Torrente); "… Ya no serás/ el que en las brumas del río/ vio chispear el brillo frío/ de las dagas que en el río/ concitaba la traición… (Milonga de Puente Alsina) y en "…Tendrá una caja blanca el último organito/ y el asma del otoño sacudirá su son… (El último organito).


Carlos Bahr: la niebla del alcohol

Carlos Bahr los usó en "… Estás en el motivo del silbido/ y estás en los turbiones del rencor…" (Estás conmigo), en " … Y un ansia que no deja pensar nada,/ un ansia atormentada, me arrastra en su turbión…" (Muriéndome de amor), en "… Llora la lluvia del otoño/ Sobre tu tumba y mi tristeza../ Hoy como nunca ¡estás tan sola…!/ …/ …Pero tú siempre sigues sola,/ Y yo vivo un otoño/ De amarga soledad. " (Mañana iré temprano), en "… ¿Dónde estás?/ Es mi voz que lleva el viento/ el dolor de cien recuerdos/ que preguntan, ¿dónde estás?/ ¿Dónde estás?/ ¿En qué ciego torbellino/ se enloquecen tres pinos/ que nos quiso separar …" (Dónde estás), en "Del fondo de una copa pesco sueños,/ afuera llueve y llueve sin cesar./ La copa del licor y tu recuerdo,/ me han puesto el corazón sentimental…/ … / Afuera la llovizna del invierno/ modula su canción sentimental./ Vivamos, corazón, este momento,/ brindando por la dicha que se va." (Una copa más), en " … Tal vez otra aventura/ cautive mi empeño,/ tal vez otra locura/ me arrastre en su turbión … (Siempre tú en mi corazón), en "… "Tango que habla de recuerdos,/ gris amigo de añoranzas;/ tango grave a cuya voz/ se estremece el corazón/ y se aviva la nostalgia…" (Otro tango) y en " … Y mientras voy bebiendo, voy soñando,/ envuelto tibiamente en el sopor/ en que con la embriaguez me va atrapando,/ como una telaraña, la niebla del alcohol… (Mientras tú no llegas).


Luis Rubistein: el tono gris de evocación

Dice Luis Rubistein "… Soplaron vientos de hastío en los valles de mi vida/ y trajeron las cenizas de mi lírica illusion,/ hecha carne en las tinieblas de mi juventud perdida/ donde murió mi bohemia/ con mi última canción…" (Inspiración); "…¿Qué rodar te cruzó en mi camino,/ cerrazón de nieblas, llantos y fracasos?… (Amor); "… La tarde gris, tan gris como mi pena, acompañó mi quebranto por tu herida… (Tarde gris); "… y escucho entre la niebla su voz que aún me nombra/ llorando en las nostalgias del valse de Chopín." (Nieblas); "… Soñemos en la gris/ tarde que llueve (Charlemos); "… Niebla sin fin, pena veloz/ que abre los rumbos de mi mal…" (Cautivo) y en Marión: " … Sombras del ayer,/ con tono gris de evocación/ siempre me dirán: Marión.".


Otros poetas: tango, melancólico testigo

Francisco García Jiménez los empleó en Barrio Pobre: "… Barrio… de mis sueños más ardientes,/ pobre… cual la ropa de tus gentes./ Para mí guardabas toda la riqueza/ y lloviznaba la tristeza/ cuando te dí mi último adiós…", y también en Otra vez, carnaval: "… Fugitivas se irán en la aurora/ la ventura y la risa…/ ¡Tendrán todas mis horas/ una gris soledad!…". Julián Centeya dice en La vi llegar: "… Perdido en la tiniebla, mi paso vacilante/ la busca en mi terrible camino de dolor…", y en Claudinette: "… Tus grandes ojos negros, afiebrados,/ llenaron de tiniebla mi pobre corazón…/…/ Medianoche parisina/ en aquel café-concert,/ como envuelta en la neblina/ de una lluvia gris y fina/ te vi desaparecer…"
Héctor Pedro Blomberg evoca en La que murió en París: "… La lluvia de otoño mojó los castaños,/ pero ya no estabas en el boulevar…" , y en La viajera perdida: "… Pasajera rubia de un viaje lejano/ que un día embarcaste en un puerto gris…/ … ¿Aún vives y sueñas? Quizás hayas muerto,/ pero en mi nostalgia romántica y gris,/ espero encontrarte soñando, en un puerto,/ bajo el claro cielo de un dulce país./ Te amaba y te fuiste. Seguía el navío/ por mares de brumas y puertos de sol…".
Dice Horacio Sanguinetti: "… Anoche le llovía tu capota/ lo mismo que tu alma tan cansada,/ por su tela negra de hule, vieja y rota,/ le goteaban las mil noches mal pasadas…" (Viejo cochero); "… Trenzas renegridas, latir de emociones,/ taperita y lluvia, llorando un adiós…" (Palomita mía); "… Y hoy, soñando en mi país,/ quizás tu vida gris/ ahuyente la neblina…" (Flor de Lis); en "… Bohardilla alegre de París,/ recuerdo viejo y algo gris…" (Bohardilla) y en "… no busques recuerdos que llenan de brumas/ el muelle desierto de tu corazón" (El barco María).
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Esos temas figuran también en: "… Como el mar, el humo de nieblas la viste,/ y envuelta en la gama doliente del gris,/ parece una tela muy rara y muy triste/ que hubiera pintado Quinquela Martín…/ Pero hay en las noches de aquella cantina/ como un pincelazo de azul en el gris,/ la alegra figura de una "ragazzina"/ más brava y ardiente que el ron y que el gin…" (José González Castillo, Aquella cantina de la ribera); en "… La ronca voz de un borracho/ le canta al alba su diana,/ como en aquella mañana,/ brumosa y fría, que te dejé…" (Luis César Amadori/ Ivo Pelay, Fondín de Pedro Mendoza); en "…Canzoneta, gris de ausencia,/ cruel malón de penas viejas/ escondidas en las sombras del figón…" (Enrique Lary, Canzoneta) y en "Un día más,/ un año más,/ que voy perdido en la neblina…/ En esa niebla de la noche parisina,/ que te alejaste para nunca retornar…/ …/ Un año más/ que tú no estás,/ y nuevamente la neblina/ trae recuerdos de mis noches parisinas,/ y en el recuerdo, nuevamente, vuelves tú…" (José Rótulo, Mimí Pinsón).

Igualmente, los encontramos en "… El rocío de tus hojas/ la garúa de la ausencia,/ con el dolor de un suspiro/ su tronquito destrozó" (Pascual Contursi, Ventanita de arrabal); "Parao en la vereda,/ bajo la lluvia que me empapaba, la vi pasar./ El auto limousine,/ como un estuche, de mi la aislaba con su cristal …" (Manuel Romero, Las vueltas de la vida); "… Fatal, / el otoño, con su trágico/ murmullo de hojarascas,/ te envolvió/ y castigó el dolor./… /Llueve, / la noche es más oscura…/Frío,/ dolor y soledad…" (Alfredo F. Roldán, Tu pálido final); "Al alba abrí las puertas de mis horas;/ al alba fuiste tú:/ promesa y luces…/ Y ahora están abiertas a un abismo/ el más profundo y gris, porque me huyes…" (Eugenio Majul, Mientras viva).

Aparecen en: "Remotos bandoneones/ despliegan en la noche/ sus pájaros de brumas…/ … Yo sólo sé que fue el remanso de mi vida gris,/ que en el calvario de mis días fue una tibia luz…" (Rodolfo Manuel Taboada, ¿Por qué la quise tanto?); "… Ha pasado sólo un año/ y el adiós abrió su herida;/ un año nada más,/ un año gris/ que en nuestro amor duró una vida…" (Chico Navarro, Nuestro balance); "… La calle es niebla y cerrazón/ y, mientras digo mi canción,/ lloviendo está mi corazón, en oro y gris…" (León Benarós, Oro y gris); " Allá en la costa apartada/ donde cantan las espumas/ el misterio de las brumas/ y los secretos del mar…" (Carlos Mauricio Pacheco, Felicia) y en "… Y siguen las rutinas,/ la vieja sonatina,/ llorando en la neblina/ del humo y del licor/ …/ Tu vieja y triste sonatina,/ parece, en cada bodegón,/ una esperanza que camina/ bajo un cielo de neblina/ arrastrando un corazón…" (Abel Aznar, Sonatina).

Y los vemos en: "…En esa niebla gris, de lágrimas gastadas,/ que habita en el confín de la trastienda amarga…" (Héctor Negro, Hoy te encontré Buenos Aires); "… ¿Te acordás, hermana, de aquellos cadetes…/ el primer bolero y el té en El Galeón,/ cuando los domingos la lluvia traía/ la voz de Bing Crosby y un verso de amor…?" (María Elena Walsh, El 45); " Humedad… llovizna y frío; mi aliento/ empaña el vidrio azul del viejo bar,/ … Aunque sé que nunca llega, siempre/ que llueve voy corriendo hasta el café…" (Cacho Castaña, Café "La Humedad"); "… es como esos crepúsculos tan tristes/ de las tardes de arrabal (Celedonio Flores, Beba).

Asimismo figuran en: "… Esquina de las cuadras de mi vida,/ guarida de mis sueños más absurdos,/ embarcadero gris de mi ambición de luz,/ secreta latitud de mi canción…" (Rubén Garello, Buenos Aires conoce); " … Y todo a media luz,/ Crepúsculo interior/ ¡Qué suave tercipelo/ La media luz de amor…!" (Carlos Lenzi, A media luz); "… Sueños de gloria/ que truncos quedaron/ y herido me dejaron/ entre brumas de dolor…" (Juan Velich, Mala junta); "Viejo barrio de mi ensueño,/ el de ranchitos iguales,/ como a vos los vendavales/ a mí me azotó el dolor…" (Alfredo Navarrine, Barrio reo); en "… Gime, gime el viento/ y es un lánguido lamento/ su canción de abril/ …/ Otra vez el viento/ gime igual que aquel momento/ del adiós fatal./ Y en vano es que la espere y desespere/ si el otoño ya llegó… y no volvió." (Oscar Rubens, Gime el viento); en "… Qué viento de reproches se llevó/ un tiempo de alegrías y de fe/ …/ Sabemos que nos cuesta reencontrar/ la senda de la mutua comprensión, mejor dejar pasar el chaparrón/ si el chaparrón golpea más y más…" (Leopoldo Díaz Vélez, Salvemos este amor) y en " Vago como sombra atormentada/ bajo el gris de la recova, me contemplo y no soy nada…/ …/ Vago con la atroz melancolia/ de una noche gris y fría…" (Carmelo Santiago, Amarras).


Verlaine y el tango

Esa relación entre Verlaine y los poetas del tango está reflejada en los versos de Manzi en Canto de ausencia:

Escrito en un poema está tu nombre.       
Colgada en la pared tu cara buena.          
Tus cartas escondidas en un cofre,          
y en un libro de Verlaine, tus azucenas…


Nota:
Mi agradecimiento a la Prof. Ana María Basso por su información sobre Paul Verlaine y los poetas simbolistas proporcionada gentilmente por intermedio del Lic. Conrado De Lucia.

Referencias:
Oscar Del Priore e Irene Amuchástegui, Cien Tangos Fundamentales. Buenos Aires, Editorial Aguilar, 1998
José Gobello, Letras de Tango. Selección (1897-1981). Buenos Aires, Centro Editor de Cultura Argentina S.A., 1999
Colección Cancionero. Buenos Aires, Torres Agüero Editor.
En internet: www.todotango.com


Carlos A. Manus
Enero 2002

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