Vivir en el Bulevar

por Conrado De Lucia

Publicado en el número 1 de la revista "Bondiguía"

La avenida San Martín de Ingeniero White es una calle ancha, arbolada, con veredas centrales para pasear sin prisa, glorietas y canteros que la embellecen, y bancos para la contemplación tranquila del paso de la gente y de la vida. Es un típico bulevar como los ideados por los urbanistas franceses.
Pero si alguien pregunta a los whitenses por el Bulevar, todos le responderán que está del otro lado de la gran playa ferroviaria -en otras épocas la más importante de Sudamérica por tamaño y por actividad-, y que para ir allí deberá cruzar el antiguo puente que lleva el nombre de una de las carabelas de Colón.
Y allí el visitante encontrará una calle ancha, sin paseo en el centro ni glorietas, pero que en la progresista visión de los ingleses ferroviarios iba a ser el Bulevar Juan B. Justo del naciente pueblo que se llamaría Nueva Liverpool.
No se alcanzó tanto logro urbanístico, pero el Bulevar 20, como lo llaman sus pobladores más viejos, se mantuvo inalterado en el tiempo como un lugar poblado por familias de gente trabajadora y solidaria, que le fue otorgando con los años una fisonomía humana particularmente valiosa.
Para quien mira con los ojos del alma, de ninguna manera es una barriada fea. No puede serlo un lugar que ha enmarcado tantas historias personales, tanta vida llena de sucesos pequeños que sin embargo significan tanto.
Significan que el sentido de lo humano no está dado por las cosas, sino -como enseñó Saint Exupéry- por el lazo sagrado y misterioso que las vincula.
Este sentido de las cosas humildes las hace íntimas y valiosas para quienes viven con honestidad, con laboriosidad, con sencillez, y les otorga una confianza secreta en otro sentido superior, que los trasciende y que toma en cuenta la existencia de cada uno de ellos.
Siempre ha valido la pena vivir en el Bulevar.


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