"Nos hiciste para ti, Señor..."

Lunes 5 de Enero de 2004 22:31
Agradeceré su comentario sobre el siguiente poema,
el último que he escrito y el primero de este año.
Muchas gracias.

                                                   Cecilia Maldini
                                     (Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina)

Octavo día

Quién fuera Dios para inventar
de nuevo el mundo en siete días
y corregir en el octavo los errores,
las desigualdades, las inequidades,
balancear el giro obligatorio del planeta.
Quién fuera Dios para poner
más agua en los desiertos,
más pan en la mesa del hambriento,
menos codicia en el cerebro de los hombres
y más amor en su mirada cotidiana.
Más tiempo disponible en las agendas
para observar el trabajo de la hormiga,
para escuchar el canto de los pájaros
y el diálogo del árbol y la lluvia.
Quién fuera Dios para enseñar
que la muerte solo cierra una puerta
de las miles que abrimos cada día,
para sembrar en cada corazón
una alegre canción o una elegía
y como el viento al humo,
desvanecer el almanaque
para disfrutar sin ataduras
la marcha inevitable de los días.
Quién fuera Dios para frenar
la carrera armamentista, poner
un límite a los que lucran con la muerte,
a los que experimentan con la vida.
Y crear una nueva religión
en la que el oro se desprecie y
se destruyan los falsos altares
donde anida tanta hipocresía,
tanta mentira que hace daño, tanta envidia.
Soberbio pensamiento que me obliga
a aceptar mi pequeña semejanza,
que me obliga a callar, aunque hoy lo escriba:
¡Quién fuera Dios, solamente por un día!

                                                 Cecilia Maldini


Estimada Cecilia:
Comento, a su pedido, este primer poema suyo del año nuevo -al que percibo saluda con esperanza. Su estructura es un buen ejemplo de la primacía que posee el ritmo por sobre cualquiera otra consideración formal. Con escaso sentido poético podrían buscarse en su trabajo sílabas de más o de menos, versos sin rima, algún estrambote. Pero como sucede en todo verdadero poema, esos rasgos que se apartan de la preceptiva son superados -diría que avasallados- por la fuerza del ritmo y del sentido al que ese ritmo sirve de soporte.
El motivo, común por lo reiterado -querer mejorar este mundo-, queda revalorizado por la manera original en que se lo propone, desplazando su significado desde lo social y ético hacia lo espiritual y religioso. Y no una religiosidad abstracta, o caprichosamente subjetiva -religión de moda, hecha a la medida que cada uno encuentra confortable-, sino la que propone el mensaje del Evangelio.
Hemos recibido de Dios una "pequeña semejanza", por la que participamos de su poder de conocer y decidir. (Severino Boecio, De consolatione philosophiae). Pero conocemos sólo en parte (I.Cor. 13,9), por lo que sería soberbio querer decidir con la misma omnipotencia de Dios, y esto "me lleva a callar", aceptando que nuestra perfección es la humildad (San Agustín, Confesiones).
Pero subsiste sin embargo el humano y comprensible deseo formulado en el verso final, que no es vana pretensión de ser Dios, sino legítimo anhelo de Dios, como fue expresado por San Agustín: "feciste nos ad te, Domine, et inquietum est cor nostrum donec requiescat in te" (Nos hiciste para ti, Señor, e inquieto está nuestro corazón hasta que descansa en ti).

                                                                                                                           Conrado De Lucia

                                                                     
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