De: N. D
Enviado: Domingo, 24 de Octubre de 2010  06:59 p.m.
Asunto: Corrección de textos

Hola Conrado: adjunto a ésta una poesías que me atreví a escribir, utilizando como disparadores las palabras resaltadas en negrita. Como mi experiencia en jugar con las letras formando palabras e hilvanando frases no es muy larga, pero si me atrapa, te hago llegar ello para que tengas la amabilidad de realizar las correcciones pertinentes.
Desde ya agradezco la deferencia que descuento tendrás para con esto y quedo al aguardo de tus noticias. Cordialmente.

 

AMISTAD

Amistad que el destino
Al azar un día me regaló
Y con la magia del lenguaje
Algunos secretos reveló.

Compartiendo recuerdos,
Metáforas nos unieron
Como aquellas campanadas
Que están al viento atadas.

Y un paisaje furtivo
De poesías entonadas
Van hilvanando palabras
En los eslabones del alma.

Mensajes de ensoñación
Repartimos cada día con ilusión
Apegados simplemente
Al cariño que nos abriga incansablemente.

Amistad: devoción demostrada
Que espanta a la desazón
Para sentirnos acompañados
Y hacer retozar de alegría al corazón.

--------------------

REMEMBRANZA

El lenguaje acompasado
Del tañer de las campanas
Trae a mi memoria recuerdos
De un pasado lejano.

Como una metáfora de viento
Las campanadas van desgranando
Perlas de remembranzas
Enhebradas en un collar de pensamientos.

Surgen mis días dorados
Donde me brinda el paisaje su cromática mirada
Para teñir con mil colores
Los afectos de mis albores.

Y el campaneo rutilante
Sigue repiqueteando en al arcón de mi memoria
Y como por arte de magia
Asoman secretos que forjaron mi historia.

Y hoy toda esta algarabía
De sonidos acompasados
Traen reminiscencias de poesía
De mis más hermosos días.

Nuevos bríos me imprimen estas felices evocaciones
Y bajan como espumas alegres en fuerte torrente
Para bañar con fuerza hoy,
mi presente.

         Amistad

   Amistad que el destino
al azar un día me regaló,
y con la magia del lenguaje
algunos secretos reveló.

   Compartiendo recuerdos
metáforas nos unieron
como aquellas campanadas
que están al viento atadas.

   Y un paisaje furtivo
de poesías entonadas
van hilvanando palabras
en los eslabones del alma.

   Mensajes de ensoñación
repartimos cada día con ilusión,
apegados simplemente
al cariño que nos abriga incansablemente.

   Amistad: devoción demostrada
que espanta a la desazón
para sentirnos acompañados
y hacer retozar de alegría al corazón.

--------------------

      Remembranza

El lenguaje acompasado
del tañer de las campanas
trae a mi memoria recuerdos
de un pasado lejano.

Como una metáfora de viento
las campanadas van desgranando
perlas de remembranzas
enhebradas en un collar de pensamientos.

Surgen mis días dorados,
donde me brinda el paisaje su cromática mirada
para teñir con mil colores
los afectos de mis albores.

Y el campaneo rutilante
sigue repiqueteando en el arcón de mi memoria,
y como por arte de magia
asoman secretos que forjaron mi historia.

Y hoy toda esta algarabía
de sonidos acompasados
trae reminiscencias de poesía
de mis más hermosos días.

Nuevos bríos me imprimen estas felices evocaciones,
y bajan como espumas alegres en fuerte torrente
para bañar con fuerza hoy
mi presente.

Correcciones

   Como puede verse en las dos versiones que anteceden, estos ejercicios han requerido en primer lugar correcciones formales de puntuación, y otras como quitar mayúsculas indebidas y agregar sangrías.

   En segundo lugar, más allá de algunas rimas, cabe señalar que no se trata de poemas sino de oraciones en prosa.
Esto se evidencia al disponerlas de corrido, lo que además permite percibir los requerimientos de puntuación que motivan los cambios realizados. Tanto un poema como una prosa deben llevar los mismos signos de puntuación, dado que su finalidad es la misma: evitar posibles errores de intepretación –ambigüedades, anfibologías–, y facilitar la lectura.

   Amistad que el destino al azar un día me regaló, y con la magia del lenguaje algunos secretos reveló.
   Compartiendo recuerdos metáforas nos unieron como aquellas campanadas que están al viento atadas.
   Y un paisaje furtivo de poesías entonadas van hilvanando palabras en los eslabones del alma.
   Mensajes de ensoñación repartimos cada día con ilusión, apegados simplemente al cariño que nos abriga incansablemente.
   Amistad: devoción demostrada que espanta a la desazón para sentirnos acompañados y hacer retozar de alegría al corazón.

   La ausencia de ritmo en estos textos –aspecto que les daría un carácter poético definido– motiva que la aparición de algunas rimas dispersas provoque cierta cacofonía. Tampoco tiene fundamento el hipérbaton –cambio del orden sintáctico habitual– que aparece reiteradamente. Puede eliminarse la cacofonía –repetición desagradable de sonidos– reemplazando por adjetivos algunos de los adverbios en –mente. Al corregir estas alteraciones el texto mejora:

   Amistad que el destino me regaló un día al azar, y reveló algunos secretos con la magia del lenguaje.  
   Nos unieron metáforas compartiendo recuerdos, como aquellas campanas que están atadas al viento.
  Y un paisaje furtivo de poesías entonadas van hilvanando palabras en los eslabones del alma.
  Cada día repartimos con ilusión mensajes de ensueño, apegados simplemente al cariño incansable que nos abriga.
  Amistad: devoción demostrada, que espanta a la desazón, nos hace sentir acompañados y hace retozar de alegría al corazón.

   Como ejercicio para aplicar las sugerencias anteriores se puede seguir perfeccionando la sintaxis del texto y desarrollando sus conceptos.. Queda también librado al interés del lector hacer las modificaciones análogas que requiere el texto titulado "Remembranza".

Comentario

   Escribir poemas no consiste precisamente en armar oraciones enhebrando palabras, sino en algo más simple* –y por consiguiente más difícil de lograr–: expresar percepciones personales, experiencias íntimas, vivencias subjetivas; encontrar la manera de hacerlas comunicables, lograr que el lector participe –experimente, perciba– análogos estados de ánimo que los que motivaron e inspiraron la producción del poeta.

   *Si bien el lenguaje corriente asimila simplefácil, y compuesto a difícil, en realidad simple es lo que no tiene partes –el alma, el amor–. Esa simplicidad dificulta la intelección; en cambio lo compuesto puede ser analizado –des-compuesto– parte por parte para facilitar su comprensión: Una máquina, un edificio, también un contrato comercial o un manual de instrucciones tienen partes yuxtapuestas que pueden separarse, mientras que las palabras de un poema bien logrado constituyen una totalidad de sentido que invita a la contemplación más que al análisis. La poesía constituye en realidad una síntesis –una com-posición– que participa de la íntima unidad de las cosas simples: el espíritu, lo sagrado, lo bello. El poeta Armando Tejada Gómez ha escrito: "Por eso, muchacha, no partas ahora soñando el regreso/ que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo".

   En el quehacer poético no se trata de escribir versos ingeniosos, formalmente logrados y literariamente impecables, sino de decir a los demás –al lector, al prójimo– algo visceralmente propio y a la vez de todos, individual pero generalizable; algo recóndito que debe ser mostrado para ensanchar la realidad en que vivimos todos los seres humanos, pero que exige la mediación de la palabra develadora del poeta.

    Esa realidad suma a la que se refiere la auténtica poesía es el Ser, el misterio inefable –inexpresable– que está más allá de todos los entes, que los fundamenta y los cobija. Ese Ser trascendental es inalcanzable para nuestra condición de seres creados y finitos, y por lo tanto contingentes y perecederos. Sin embargo, la poesía nos permite durante unos luminosos momentos acercarnos a la sacralidad de ese Ser perpetuamente esquivo. Por eso Martín Heidegger ha dicho que "la poesía nombra a lo sagrado". Cuando un poema no consigue nombrarlo siquiera sea mínimanente; cuando quien escribe se da cuenta de que no ha aportado nada para sí ni para su prójimo, le queda un solo y honesto recurso: el cesto de papeles.

   En sus clases de cancionística el maestro Virgilio Expósito solía ponerse a componer en presencia de sus alumnos, sentado al piano. Nos enseñaba que una melodía desarrollada con acierto depende "del sentido melódico y de los dedos armónicos del pianista". O –lo que es equivalente–, de una equilibrada mezcla de conocimientos técnicos y de inspiración creadora.

   Su capacidad de instrumentista le permitía a Virgilio desarrollar frases musicales ricamente armonizadas, modulaciones acertadas, efectos rítmicos, acentos inesperados. Pero cuando ese brillante oficio, que le permitiría disimular la escasez de contenido de una improvisación, no satisfacía su anhelo de expresar algo nuevo, Virgilio se detenía, nos miraba arrugando el ceño y exclamaba con su voz cascada: "¡Qué malo...!". Y abandonaba el intento.

   Esa ha sido una de sus profundas enseñanzas: la de que un músico profesional puede escribir melodía tras melodía –"con la máquina de hacer chorizos", como decía él– del mismo modo en que un periodista escribe uno tras otro olvidables artículos para publicar en el diario –que, como bien se ha dicho, "hoy se lee con interés y mañana sirve para envolver pescado"–.

    Otra enseñanza implícita era la que Virgilio Expósito nos ofrecía con su actitud autocrítica: no se enamoraba de sus creaciones, sino que cuando constataba su inanidad las sacrificaba apenas nacidas. Seguía en esto el precepto de su hermano Homero, quien cuando nos enseñaba a escribir letras de canciones nos decía: "No se miren al espejo, sino desde el espejo".

    Cuando Virgilio murió, en octubre de 1997, había escrito más de tres mil quinientas composiciones, en una tarea desarrollada incansable y cotidianamente durante décadas. Pero, como él mismo decía, apenas un centenar podían llegar a trascender algún día, y tal vez media docena de ellas podían ser –lo son, sin duda– geniales, es decir, habitadas por ese genio mágico que de tanto en tanto inspira a los artistas. Otro tanto puede decirse de la obra de su hermano, con quien en colaboración nos dejó "Vete de mí", "La Cruz del Sur", "Naranjo en flor", y unas pocas canciones más definitivamente logradas.

   Cierta alumna de taller literario solía enamorarse de sus más que modestas producciones, las aprendía de memoria y pretendía recitarlas en clase, como si se tratara de poemas unánimemente apreciados por su calidad artística. Una vez me animé a decirle en privado que no malgastara más su tiempo memorizando sus propios balbuceos –a menos que se lo hubieran prescripto como ejercitación para evitar el mal de Alzheimer– y que, ya que le agradaba hacerlo, aprendiera de memoria cuantos poemas de autores clásicos pudiera. Le aseguré que ese trasfondo poético guardado en su subconsciente –y aun en su inconsciente– iba a enriquecer su espíritu mucho más que la contemplación satisfecha de su propio ombligo literario.

   La memorización de poemas enriquece no sólo las clases de literatura sino las de toda disciplina intelectual, aun de las que requieren de un rigor lógico extremo. Cuando se han sedimentado en el intelecto frecuentes lecturas en verso y en prosa, acuden a la mente imágenes originales que facilitan la expresión de nuevas ideas y conceptos. Así lo reconocen incluso docentes totalmente pragmáticos como Postman y Weingartner (La enseñanza como actividad crítica, Madrid, Fontanella, 1969). Otro pedagogo norteamericano, Lloyd Kline, afirma rotundamente que el maestro de cualquier disciplina es ante todo un maestro del idioma (Búsqueda personal y educación, Bs.As., Guadalupe, 1973).

   Ciertos "creadores" se jactan de que no leen para no influenciarse con la manera de escribir de otros. Niegan que exista esa "digestión intelectual" –en parte deliberada y en parte inconsciente– que nos permite asimilar lo requerido por nuestro espíritu e y desechar lo que no lo nutre o que incluso lo perjudica. Su afectada búsqueda de originalidad se asemeja a no querer alimentarse para no parecerse a las sustancias que forman parte de la comida.

   En definitiva, tanto la escritura literaria como la composición musical –aun admitiendo lo placenteras que esas actividades resultan en algunas ocasiones– no son entretenimientos para los ratos de ocio sino medios que hacen posibles las más elevadas expresiones del espíritu. El lenguaje nombra lo sagrado, y hace ya mucho tiempo que –por intermedio de Moisés– Dios ha prescripto que lo sagrado no debe ser tomado en vano.
                                                                                                                                   Conrado De Lucia
  
  
                                                                                            Volver arriba
                                                                               Volver a Textos enviados
                                                                             Volver a la Página Principal