Taller de Textos de Terapia Tanguera
Ejercicio Nº 2

Compare su trabajo con los textos originales de Ernesto Sabato

Primer texto:
"En otra época –lamento utilizar expresiones con cierto aire arqueológico, pero cuando se tiene
casi la edad del siglo... qué digo, ¡la del siglo pasado!–, cuando yo era un niño en Rojas, aún se mantenían valores que hacían del nacimiento, el amor, la adolescencia, la muerte, un ceremonial
bello y profundo."
                                                      Ernesto Sabato, La resistencia, Bs.As., Seix Barral, 2000, p.45

Otras variantes podrían ser igualmente correctas, pero nótese que le darían al texto un énfasis distinto al indicado por el autor con su puntuación. Por ejemplo:

"En otra época –lamento utilizar expresiones con cierto aire arqueológico pero, cuando se tiene
casi la edad del siglo, ¡qué digo, la del siglo pasado...!–, cuando yo era un niño, en Rojas, aún se mantenían valores que hacían del nacimiento, el amor, la adolescencia, la muerte, un ceremonial
bello y profundo."

Segundo texto:    
"Ya nada queda de la pensión de la calle Potosí donde una tarde, traída por un buen amigo, llegó Matilde de diecinueve años, huyendo de un hogar en que se la adoraba, para venir a juntarse en una piezucha de Buenos Aires, con esta especie de delincuente que era yo. Para luchar en la clandestinidad contra la dictadura del general Uriburu, por un mundo sin miseria y sin desamparo. Una utopía, claro, pero sin utopías ningún joven puede vivir en una realidad horrible. Allí, muchas veces soportamos el hambre, cuando compartíamos un poco de pan y mate cocido, salvo los días de suerte, en que la generosa Doña Esperanza, encargada de la pensión, nos golpeaba la puerta para ofrecernos un plato de comida."
            
                                      Ernesto Sabato, Antes del fin, 16ª ed., Bs.As., Seix Barral, 1999, p. 65
                                                                                        
Podría haber otras formas de puntuación correctas, distintas a la utilizada por Sabato, pero también en este caso el texto adquiriría un ritmo diferente al indicado por su autor.

Una excesiva corrección gramatical –en el lenguaje (y también en la vida), se puede ser demasiado correcto– puede hacer que la lectura se torne tediosa e innecesariamente acotada, como si en vez de oraciones se tratara de sumas algebraicas, cuyo resultado exige la estricta colocación de los signos positivos y negativos, y de los paréntesis, corchetes y llaves.

En el ejemplo siguiente se han suprimido algunas comas que no afectan a la comprensión, y se han agregado otras –incluso en demasía, para mostrar cómo su exceso, aunque formalmente correcto, detiene innecesariamente el fluir de la oración–.

En la primera parte del texto la oración incluía varios comentarios, y en algunos de ellos Sabato ha prescindido de las obligatorias comas que deben delimitarlos, sin desmedro de la comprensión y ganando en cambio en fluidez:

"Llegó Matilde de diecinueve años" Aunque falta la coma después de "Matilde", el lector hace una pausa para significar que lo siguiente es una aclaración acerca de ella, pues así se lo indica el contexto. Si la frase fuera "Llegó Matilde del paseo", el lector no haría la misma pausa . Si estuviera indicada una coma, "Llegó Matilde, del paseo" podría ser una indicación referida a un contexto anterior, o hasta sugerir una intención de crítica o ironía: "Llegó Matilde, la paseandera".

El autor no suele hacer estos sutiles análisis cuando escribe, pero al leer un texto completo suyo –un cuento, una novela– los signos de puntuación que habitualmente utiliza confieren a su obra una modalidad característica, que forma parte del tempo del relato tanto como el uso de períodos largos –como D. F. Sarmiento– o muy breves –como Azorín–.

 



"Ya nada queda de la pensión de la calle Potosí, donde una tarde, traída por un buen amigo, llegó Matilde, de diecinueve años, huyendo de un hogar en que se la adoraba, para venir a juntarse, en una piezucha de Buenos Aires, con esta especie de delincuente que era yo. Para luchar, en la clandestinidad, contra la dictadura del general Uriburu, por un mundo sin miseria y sin desamparo. Una utopía, claro, pero sin utopías ningún joven puede vivir en una realidad horrible. Allí muchas veces soportamos el hambre, cuando compartíamos un poco de pan y mate cocido, salvo los días de suerte en que la generosa Doña Esperanza, encargada de la pensión, nos golpeaba la puerta para ofrecernos un plato de comida."

 

Sitio totalmente casero. Mucha gente cretina en este oficio, como en todas las actividades humanas.
Sitios bancarios: saboteados subrepticiamente por los programadores, tal vez víctimas del Corralito?

 

 

 

 

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