Enviado por Sebastián Castro,
Jueves 4 de Marzo de 2004 22:31

Hola, Conrado. Soy Sebastián y queria dejarle un relato de una noche en un boliche del empedrado
(la calle Guillermo Torres de Ingeniero White; dejo para la imaginación el lugar).
Las conversaciones toman vuelos inesperados, y si llevara lápiz y papel saldrían, como decía un tango
que escuché, "criaturas abandonadas". (aunque no he escuchado mucho tango, no porque no me guste,
sino porque nací en otra época).
Pero, bueno, esto es para un amigo al que le prometí guardar parte de esa noche en una hoja de papel,
apenas me levantara ese domingo:

El Matutino

Te hacía bien visitar ese bar de cielorraso bajo,
pedirle a la madama rubia (que una vez fue el amor de los barcos del puerto)
una cerveza y dos vasos.
Mientras bajo una tenue luz unas piernas morenas bailaban frente a la rockola,
ibas soltando los asuntos que te pesaban, de una forma tranquila,
haciendo pausas para seguir con la mirada cada dama que ingresaba al salón.

Mujeres bailando, caballeros con anillo, curdas desalojados;
algunos más enfiestados se despedían de la soledad o cumplían años.
La charla, los recuerdos, las caricias, y ya eras otro.
Nigún otro lugar te trataba tan bien cuando estabas así...

Como si esas cortinas fueran la salida de emergencia,
volvías cada vez que quedabas marginado de comprensión
y los demás dormían sin soñar,
esperando el matutino...

                                 Sebastián M. Castro

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