De: V. G.
Enviado: Domingo 17 de Agosto de 2008 00:09
Sr. Conrado:
Me es grato el haber encontrado este espacio, en el que poder comunicarme con alguien que pueda asesorarme
sobre las correcciones a realizar en los versos narrativos que escribo. Gracias por la atencion que pueda dispensarle.

El miedo no es sonso

Llegando el tren estaba
A la estación de Villa España,
Ahora restarían caminar
Diez cuadras por esa vía

Las conocía de memoria,
Tantas veces caminadas,
Ida y vuelta a su casa,
Desde la tierna infancia

Era invierno, hacia frío,
Y el cansancio que tenia,
Influían en su ánimo
Provocándole fastidio.

Bajó del tren y lo vio pasar,
Mas luego echó a andar,
A un lado los eucaliptos
Y al otro la vieja quinta.

Noche de luna y nubes bajas,
Que por momentos la ocultaban,
Ya marchaba a mitad de camino,
Cuando el silencio fue interrumpido.

Por el crujir de conchilla,
Varios metros a sus espaldas
Signo que alguien más
Transitaba por la vía

Se puso tenso y miró atrás,
Un instante alumbró la luna,
Momento propicio para distinguir
Una silueta de boina blanca.

Apuró el paso y percibió
Que quien lo seguía lo imitaba,
Mas rápido se movía y
El de atrás también lo hacia.

Comenzó entonces a correr,
Dando vuelta la cabeza
Comprobó ya con temor
Que el otro también corría.

Batió su record de carrera,
Saltó limpio el guardaganado,
Dió vuelta a la esquina y…
¿El portón?, ¡ni lo vió!

Pálido y sin aliento
A la cocina ingresó,
Murmurando entrecortado:
¡El hombre de boina blanca!!

Salieron los hermanos a ver,
Y en el descampado lugar,
Solitario estaba todo,
Ningún humano allí había.

Mas en días posteriores,
Enterarse les fue fácil,
Quien era el misterioso personaje
Que asustó a aquel muchacho

Se trataba del vecino,
Que llegó en el mismo tren,
Y como lo reconoció,
Tranquilo él marchaba.

Fue al verlo darse vuelta
Y que echaba a correr,
Que lo imitó instintivamente
Creyendo que algo los amenazaba.

Innecesario susto se llevaron,
Y nunca lo olvidaron,
Mas no dejaron por siempre,
De mirar si los seguían!!!

Estimada V.G.:

   Anoto a continuación las correcciones requeridas por su primer texto, y le propongo que a modo de ejercitación las realice usted misma en el segundo, cuyos errores son semejantes.

   "Sonso" es un regionalismo aceptado, pero es preferible emplear el término castellano "zonzo".

   El centrado de las líneas sólo dificulta la lectura, y señala que se ignora la forma requerida por un poema. Otro tanto sucede con las mayúsculas al comienzo de cada línea.

    La métrica irregular y las rimas ocasionales son otro defecto formal, al que se agrega la imposibilidad de encontrar algún ritmo en el texto. Se trata en realidad de una prosa distribuida en líneas interrumpidas, y agrupadas de a cuatro en un remedo de estrofas.

   La reiterada inversión del orden sintáctico –el verbo antes del sujeto; el adjetivo antes del sustantivo– es otro signo de la pobreza tanto formal como conceptual del texto: El contenido de estos "versos narrativos" adolece de una falta originalidad que desalienta el interés de quienquiera haya emprendido su lectura.

   Reordenado debidamente como la prosa que es: comenzando desde el márgen izquierdo, sin mayúsculas, en el orden sintáctico correcto, respetando el régimen de la preposición y corrigiendo la puntuación y los acentos –errores que en el original aparecen passim (expresión
técnica latina para la notación de un texto, que significa: "por todas partes")–, su escrito podría quedar así
:

El miedo no es zonzo
   El tren estaba llegando a la estación de Villa España.
   Ahora le faltaba caminar diez cuadras por esa vía. La conocía de memoria, tantas veces la había recorrido de ida y de vuelta a su casa desde la infancia. Era invierno, hacia frío, y el cansancio que tenía influía en su ánimo provocándole fastidio.
   Bajó del tren y lo vio pasar. Luego echó a andar, a un lado los eucaliptos y al otro la vieja quinta.
   Noche de luna y nubes bajas, que por momentos la ocultaban. Ya marchaba a mitad de camino cuando el silencio fue interrumpido. Por el crujir de la conchilla, varios metros a sus espaldas, supo que alguien más transitaba por la vía. Se puso tenso y miró atrás. Un instante alumbró la luna; momento propicio para distinguir una silueta de boina blanca.
   Apuró el paso y percibió que quien lo seguía lo imitaba. Más rápido se movía, y el de atrás también se apuraba. Comenzó entonces a correr, y dando vuelta la cabeza comprobó, ya con temor, que el otro también corría.
   Batió su record de carrera, saltó limpio el guardaganado, dió vuelta a la esquina, y el portón ¡ni lo vió! Pálido y sin aliento ingresó a la cocina, murmurando entrecortado: ¡El hombre de boina blanca!!
   Salieron los hermanos a ver, y todo estaba solitario en el descampado lugar. Ningún ser humano había allí. Mas en días posteriores, les fue fácil enterarse de quién era el misterioso personaje que asustó al muchacho: Se trataba del vecino, quien llegó en el mismo tren y, como lo reconoció, marchaba tranquilo. Fue al verlo darse vuelta y echar a correr que lo imitó instintivamente, creyendo que algo los amenazaba.
   Se llevaron un susto innecesario, y nunca lo olvidaron, mas no dejaron siempre de mirar por si los seguían.

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