Más consideraciones sobre la poesía

Mensajes de un fluminense austral: (*)
(*) Algunos visitantes preguntaron por el significado de este título.
      Así como los habitantes de Rio de Janeiro se llaman fluminenses, gentilicio derivado
      del latín flumen -inis, "río", también los habitantes de Río Gallegos son fluminenses,
      bien que bastante más australes que los brasileños.

From: Ricardo Urrutia Martínez (Río Gallegos, Pcia. Santa Cruz )
Sent: Viernes 23 de Julio de 2004 16:38
Es para mí una agradable sorpresa encontrarme con este sitio, ya que soy de Bahía Blanca, aunque vivo en Rio Gallegos hace algunos años, y el sólo mirar fotos de los barrios que tanto recuerdo, o leer el diario de Bahía en línea, me llena de nostalgia. Les pido por favor me envíen la tablatura del tango "Niebla del riachuelo", (no la partitura, porque no sé leerla, sino tablatura) ya que la he buscado en la red y no pude encontrar más que la letra.

Estimado Ricardo:
Lamentablemente no tengo la tablatura que me pide. Para tratar de satisfacer su pedido entré en varios sitos a través del buscador Google, pero no tuve éxito.
Quería preguntarle si es usted hijo del doctor Urrutia y de la señora Lucía Palma. Lucía fue alumna mía durante tres de los cuatro años de su profesorado en ciencias de la educación.
También quería decirle que en la página Taller Literario de mi sitio hay varios trabajos de personas de Río Gallegos, a las que usted quizás conoce. Incluso he publicado algunos en la página Poemas.
Lo saludo afectuosamente, y espero poder serle útil en otra oportunidad.
Conrado

Sábado 24 de Julio de 2004 16:04
Sr. Conrado:
Agradezco su buena voluntad y preocupación. Yo había intentado lo mismo, pero no logré resultados positivos. En cuanto a lo de mi filiación, lamento decirle que no soy más que un simple "hijo de vecino", ¡jajajajaja!, aunque seguramente ha de haber algún parentesco lejano (ya lo dice la sabiduría popular: "un pariente pobre es siempre un pariente lejano"). El apellido Urrutia o Arruti, según tengo entendído proviene de una misma zona del país vasco, y ciertamente, no he conocído muchos Urrutia aparte de mí, por lo que puedo presumir algún grado de parentesco.
En cuanto a lo de la página literaria, la voy a visitar con mucho gusto e interés y quizás, si Ud. me lo permite, podría enviarle algúnos poemas de mi propiedad, para que Ud. pueda elegír alguno que le guste, y, en caso de no gustarle ninguno, procederé a suicidarme prolijamente, como lo he hecho otras tantas veces (todas las que intenté que alguien me publíque algo) ante la negatíva rotunda de dichos señores, quienes siempre terminaban con la misma frase sus airadas alocuciones: "¡Esto es una porquería, señor!" ¡Jajajajaja!.
Un fraternal abrazo desde el sur.
Ricardo Urrutia.

Estimado Ricardo:
Recibí con agrado su interesante carta. Respecto del apellido "Urrutia", Martín Alonso en su tratado Ciencia del lenguaje y arte del estilo (Madrid, Aguilar, 1975, 2 tomos) dice que significa "distante, lejano". En cambio no menciona "Arruti", pero puede deducirse que es uno de los tantos derivados de "arre" (piedra), tales como Arregui (cantera); Arriaga, Arriola o Arrieta (lugar de piedras); Arreche (casa de piedra), etc.
El tratado que le menciono es una obra clásica, costosa, pero a la que recomiendo porque contiene todo lo que se puede necesitar para escribir bien, y aún más.
Si le interesa participar del Taller Literario, puede enviarme algunos de sus trabajos, que gustosamente revisaré.
Lo saludo cordialmente
Conrado

Sent: Sábado 24 de Julio de 2004 17:02
Sr. Conrado:
Agradecería mucho si corrigiera Ud. la puntuación y otros errores que pueda hacerme notar. En realidad hace bastante tiempo que "escribo", pero nunca puse especial interés en la puntuación, por lo que agradecería mucho su intervención en este u otros casos, quizás tambien sintaxis, pero para eso debería enviarle algún cuento, ¿puedo hacerlo? Espero su respuesta
. Gracias.

Estimado Ricardo: Le agradezco que haya vuelto a escribirme. Su soneto me ha parecido muy interesante. Suena a Rimbaud y a Valèry. Por supuesto que puede enviarme un cuento; me interesará leerlo y sugerirle las correcciones que pudiera requerir. Le mando mi afectuoso saludo.
Conrado

                     El umbral y las horas

El umbral urdía mariposas en el pecho.
La tupida onceava postrer hora, celosa,
ruboreaba luciérnagas de mar estridente
en el zurdo del abismo, a las tercas horas.

Y cediendo al encanto de las orlas esas,
animando el misterio de las bambalinas
se abrió el cáliz de las frondas a la tierna rosa,
y Saiph mostró el misterio en todos sus climas.

El decir que subyace en voces cantarinas
ata el habla que burbujea sin consistencia.
¿De qué mano devino aquí este blando puente?

¿De aquella gigantesca que se me antoja ciencia?,
¿de esta pequeñita que trasnocha en mis hombros?
¿del espejito y Selene aquí en mi frente?

                                                                        Ricardo Urrutia.

                      
            Un mal soneto puede ser un buen poema 

Estimado Ricardo:
Su poema "El umbral y las horas" se ajusta con algunas dificultades a los preceptos formales del soneto, como se analiza más abajo.
Hay un único error ortográfico -que se repite-: la acentuación superflua de algunas palabras graves. Más que un error, parece el resultado de un exceso de preocupación suya por la escritura correcta. Por lo demás, estoy totalmente de acuerdo con la prolijidad, a la que considero una inexcusable actitud de cortesía hacia el lector (yo mismo acabo de corregir tres veces esta oración).

Como usted puede ver en la lección "El complejo arte del soneto", los versos alejandrinos (de 14 sílabas), llevan una división interna en dos hemistiquios de siete sílabas, la que establece una pausa que acompasa el escandido (digamos que hacen más fluida y amable la lectura). Compare, por ejemplo, el agrado que produce leer "El decir que subyace / en voces cantarinas" , con el tropiezo de "ata el habla que burbu / jea sin consistencia" o el desconcierto rítmico del primer verso, que sólo puede leerse dividido en seis y ocho sílabas: "El umbral urdía / mariposas en el pecho".

En lo que respecta al contenido, su soneto -formalmente logrado o no- es sin duda un poema. Quiero significar con esto que algunas personas que se dicen poetas consiguen escribir sin errores, con la destreza que se alcanza ejercitando el oficio, las ciento noventa y seis sílabas de un soneto, y las agrupan correctamente en cuartetos y tercetos que riman de acuerdo con la preceptiva. Pero no consiguen decir nada del Ser, de esa suma realidad que trasciende a toda aprehensión de la palabra con la que el hombre intenta en vano esclarecerla para siempre, y que sin embargo, en la búsqueda de esa meta inalcanzable, consuma el acto poético.

Martín Heidegger ha afirmado que el lenguaje es la casa del Ser. El Ser entendido como trascendental es lo sagrado, es el concepto de máxima extensión y mínima comprensión que abarca toda realidad actual, pasada, futura y posible, e incluye todas las ideas, alusiones, conceptos y metáforas con las que el hombre intenta señalar su omnipresencia (la pregunta inicial de Heidegger en Sein und Zeit: "¿Por qué se da en general el ser, y no la nada?") y develar su significado.

Como lo han intuido y anunciado las grandes religiones y las mayores especulaciones de la filosofía, el ser es lo sagrado. Tanto el Espíritu absoluto de Hegel, que se autoconoce en la historia; como el proemio del Evangelio de Juan: En arjé en jo logos, ... kai jo logos en ton Zeon (En el comienzo era el logos, ... y el logos era Dios) se refieren a ese misterio insondable, en el que sin embargo "nos movemos y vivimos".

Al asumir que el lenguaje es la casa del ser, se hace comprensible también que la misión sagrada del poeta no consiste en escribir palabras bonitas en combinaciones más o menos ingeniosas, sino en oficiar los ritos que nos religan con el ser. El poeta es el sacerdote de la palabra.
Y así como un sacerdote puede conocer una teología rudimentaria y ser empero un oficiante eficaz, y un santo puede poseer escasa ilustración y ser testigo irrefragable de la presencia del Dios Vivo, así también un poeta puede y debe pulir su ciencia del lenguaje, pero aún sin ese pulimento será un poeta si consigue aproximarnos a su vivencia personal del misterio, si alcanza a participarnos la magnificencia del Ser que ha alcanzado a percibir.

Teniendo en consideración lo dicho, podemos releer su poema con la actitud de quien contempla sin apresurarse un cuadro de significado abstruso, y mantiene atenta la mirada aguardando que se le revele la intuición fundamental que ha impulsado al artista.

                                                                                               Conrado De Lucia

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