De: Visitación (San Francisco, Pcia. de Córdoba)
Enviado: Domingo 02 de Agosto de 2009  20:11
Estimado profesor:
Demasiado tentador su ofrecimiento para quienes pretendemos escribir en soledad.
Agradecerķa sus correcciones sobre el texto que adjunto.
Saludos.

Texto corregido:

El viejo chiclero guatemalteco

   Sólo las caracolas y alguna rama abandonada por la marea rompen la lisura de la playa desierta. Un hombre de andar tambaleante comienza a recorrerla. El fanal plateado de la luna destaca el punteado de sus pisadas errantes, que desde la taberna misérrima van trazando un arco hacia la cabaña distante.
   Crujen las bisagras de la puerta carcomida por la sal y los años. El viejo entra en la cabaña y se derrumba en el camastro. Entre los vapores del alcohol barato con el que intenta suavizar sus días sin destino surgen los fantasmas de siempre, los únicos que justifican su paso por la vida.
   Se ve en el Petén, en el campamento chiclero, cuarenta años atrás. Entonces lo acompañaban diez o doce hombres rudos y orgullosos de su oficio, movilizados por la ambición y sin temor a enfrentar el desafío de la selva y sus peligros. No cualquiera soportaba las lluvias y el calor, la soledad y los mosquitos, los animales feroces y las víboras. Pero la recompensa era grande, pues en el trabajo arduo y peligroso de zanjar los chicozapotes (árboles del chicle) ganaban tanto dinero como podían desear. La savia que goteaba de los árboles se transformaba en ron, mujeres o dientes de oro, y las marimbas marcaban el ritmo de ese presente continuo que parecía eterno. Ellos no sabían que nada es perpetuo, y así, imperceptiblemente, como se extinguió su juventud sin que se dieran cuenta, también se agostó esa fuente de recursos que les ofrecía la tierra.
   El hombre emigró hacia la costa en busca de un lugar donde proseguir su vida. Todo lo que le brindó su nuevo destino fue esta choza miserable y la ofuscación momentánea que le brinda el ron al ayudarle a recordar su época de goce.
   Una ráfaga de viento se cuela por la puerta abierta, y en un escalofrío que ahuyenta sus visiones el viejo se hunde en un sueño sin sueños.
                                                                                                                           Visitación

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Texto original:

El viejo chiclero guatemalteco

1Solo2 las caracolas y alguna rama que abandonó la marea3 rompen la lisura de la playa desierta. Un hombre de andar tambaleante comienza a recorrerla. El fanal plateado de la luna destaca el punteado de sus pisadas errantes, que desde la taberna misérrima traza4 un arco hasta5 la cabaña distante.
Crujen las bisagras de la puerta carcomida por la sal y los años, cuando6 el viejo entra en la cabaña y se derrumba en el camastro. Entre los vapores del alcohol barato con el que intenta suavizar sus días sin destino7 surgen los fantasmas de siempre, los únicos que justifican su paso por la vida.
Se ve en el Petén, cuarenta años atrás en el campamento chiclero.8 Lo acompañaban6bis diez o doce hombres rudos y orgullosos de su oficio, movilizados por la ambicióny sin temor a enfrentar el desafío de la selva y sus peligros. No cualquiera soportaba las lluvias y el calor, la soledad y los mosquitos, los animales feroces y las víboras9, pero la recompensa era grande. En el trabajo arduo y peligroso de zanjar los chicozapotes (árboles del chicle) ganaban tanto dinero como podían desear. La savia que goteaba de los árboles se transformaba en ron, mujeres o dientes de oro. Las marimbas marcaban el ritmo de ese presente continuo que parecía eterno. No sabían que nada es perpetuo10 y así, imperceptiblemente, como se extinguió su juventud sin que se dieran cuenta, también se agostó esa fuente de recursos que les ofrecía la tierra.
El hombre emigró hacia la costa en busca de un lugar donde proseguir su vida. Todo lo que le brindó su nuevo destino fue esta choza miserable y la ofuscación momentánea que le brinda el ron al permitirle11 recordar su época de goce.
Una ráfaga de viento se cuela por la puerta abierta12 y en un escalofrío que ahuyenta sus visiones,13 el viejo se hunde en un sueño sin sueños.

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Correcciones:

 1  Al iniciar cada párrafo conviene dejar una sangría de algunos espacios. Esto resalta los puntos aparte y facilita la lectura.

 2  Empleado como adjetivo, "solo" no lleva acento. Aquí funciona como adverbio equivalente a "solamente" por lo que debe      llevar acento.

 3  En voz activa el sujeto del verbo "abandonó" es "rama". Para que el sujeto sea "marea" la oración debe construirse en voz      pasiva: "alguna rama abandonada por la marea".

 4  El verbo "traza" integra una descripción de tono estático cuyo sujeto es "el punteado". En función del relato resulta más     dinámica la expresión "van trazando", cuyo sujeto son las pisadas del viejo.

 5  La preposición "hasta" se refiere a algo que está inmóvil. Conviene reemplazarla por "hacia", que denota el desplazamiento      del viejo.

 6  Conviene poner un punto seguido y quitar "cuando", porque lo que sigue no es simultáneo sino posterior a la apertura de la     puerta.

 7  No debe ir coma entre el verbo y la expresión que aquí hace de sujeto.

 8  Cambiando el orden de los incisos mejora el sentido de la oración.

 9  Un punto y seguido mejora el párrafo porque –agregando "pues"– vincula la conjunción adversativa "pero" con la      explicación que sigue.

10 Coma para indicar que se inicia una nueva oración.

11 Más apropiado que "permitirle" es "ayudarle a".

12 Coma para indicar que se inicia una nueva oración.

13 En este caso no va coma entre el complemento circunstancial y el sujeto.

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