"Las huellas nos condujeron a un oso"

From: Manuel Escribano Navas
Sent: miércoles, 22 de noviembre de 2006 18:00
Me gustaría saber qué función sintáctica cumple "a un oso " en la oración: "La huellas nos condujeron a un oso."
Gracias.

Estimado Manuel:
Como entiendo que su pregunta indica un particular interés suyo por las cuestiones que suscita el difícil tema de la sintaxis, voy a considerarla detalladamente en el Taller Literario.

Ante todo, convengamos en que el lenguaje alude a la realidad pero no es la realidad, de modo que sus construcciones sintácticas sólo pueden expresar simbólicamente –y con mayor o menor grado de acierto según la habilidad de quien lo emplea– ese mundo real al que codifica con sus términos y sus estructuras gramaticales.

Quienes se dedican a la filosofía y a la literatura siempre han tropezado con la dificultad de encontrar el modo de expresar su pensamiento con precisión. Lo han hecho utilizando algunas veces palabras y giros idiomáticos del lenguaje corriente, y otras veces creando nuevos términos, o asociándolos de manera nueva, al modo en que menudo lo hacen los poetas para manifestar sus originales emociones, sentimientos y vivencias: "Quién pudiera agarrarte por la cola, magiafantasmanieblapoesía..." (Juan Gelman)

Una dificultad más aparece cuando se intenta traducir un texto. Ya se trate de un escrito literario o utilitario, técnico o poético, inevitablemente hay matices que se alteran o directamente se pierden, e incluso el propio concepto puede quedar sumido en la ambigüedad. Cuando estudié la metafísica de Heidegger con una discípula directa del gran filósofo alemán, la doctora Dina Picotti, la mayor dificultad que encontrábamos para comprender cabalmente su pensamiento surgía de la traducción de los términos del alemán al español.

Por ejemplo, "Dasein" –aquí debe ir con comillas porque lo estoy mencionando, no usando, y en itálicas porque está en otro idioma– no se suele traducir como "existencia" sino como "ser-ahí", para diferenciar la intencionalidad de su significado de la del término "Existenz". Sin embargo, la doctora en filosofía Dorotea Macedo de Steffens, una de las más eminentes intelectuales que ha tenido Bahía Blanca, afirmaba desde su cátedra que "Dasein" debía traducirse sencillamente como "existencia".

El concepto que intento expresar es que el idioma en su totalidad constituye una gran metáfora, y como tal admite numerosos niveles de intepretación, que varían incluso subjetivamente según el contexto cultural de quien decodifica el mensaje y el modo en que percibe sus estructuras gramaticales, sus términos, el orden y las relaciones entre éstos y el grado de importancia que atribuye a cada uno de estos aspectos que, en su conjunto, evidencian la complejidad y sutileza de la lengua de cada pueblo.

Nuestro idioma español ha ido evolucionando durante siglos a partir del latín que le ha dado origen. Se han conservado muchos rasgos gramaticales de la lengua originaria, pero otros se han perdido, con el consiguiente empobrecimiento de los recursos que podemos utilizar para expresarnos.

Valga como ejemplo el gerundivo, un infinitivo de futuro en voz pasiva, con connotación de deber, obligación o exigencia. Nos han quedado unos pocos: entre las partes de una resta, "minuendo" (que debe ser disminuido) y "sustraendo" (que debe ser sustraído). En la jerga administrativa, "memorandum" (algo que debe ser recordado), "agenda" (las cosas que deben ser hechas); en la docente, "educando" (aquel que debe ser educado); en la jurídica, "servanda" (que deben ser acatados: "pacta sunt servanda" –los pactos deben ser cumplidos–, y finalmente el nombre de varón Servando (el que debe ser obedecido) y el bello nombre femenino Amanda, que indica que su portadora debe ser amada.

Si estuviera en latín, la función sintáctica de cada término de la oración "Las huellas nos condujeron a un oso" no hubiera presentado dificultad, porque esta lengua posee un alto grado de precisión gracias a las declinación de los términos y a los matices que introducen las preposiciones que los acompañan.

En la oración "Las huellas nos condujeron a un oso", el sentido metafórico aparece ante todo en el sujeto: "Las huellas". Es evidente que una huella es una cosa, y como tal algo que carece de causalidad y de intencionalidad, rasgos exclusivos de las personas. Ambas características están siendo atribuidas a las huellas por tales personas –"nosotros"– que tienen la intención de encontrar la causa de las huellas.

Hasta aquí, "las huellas" son el sujeto; "condujeron" es, figuradamente, lo que hicieron las huellas; "nos" es el objeto directo de ese "condujeron" (nos condujeron a nosotros), y finalmente "a un oso", es un complemento circunstancial de lugar "quo". Todo lo metafórico que se quiera –ya se dejó establecido que el lenguaje es metáfora–, "el oso" es el lugar adonde fuimos conducidos por las huellas.

En latín, nuestro complemento circunstancial de lugar se divide en cuatro formas distintas: ubi, quo, unde y qua.
"Ubi" corresponde a nuestro "donde", es decir, señala el lugar en el que se encuentra algo o alguien.
"Quo" equivale a nuestro "adonde" el lugar –o la situación, o el objeto constituidos figuradamente en lugar– al que nos dirigimos o al que arribamos.
"Unde" quiere decir "de donde"; es el lugar de proveniencia de algo o alguien.
"Qua" significa "por donde", o sea el lugar por el que se está desplazando una persona o un objeto, o la situación en la que se encuentra alguien o transcurre un hecho.

La sintaxis analiza la forma lógica de la oración, no su contenido específico. De tal modo, serían equivalentes desde el punto de vista lógico-gramatical: "Las huellas nos condujeron a un pozo", en la que no caben dudas de que se trata de un lugar, e incluso: "Las huellas nos condujeron a la verdad", en donde "verdad" sigue siendo un lugar, expresado figurada o metafóricamente.

Quien haya proseguido la lectura hasta aquí, convendrá conmigo en que ya es suficiente, y que lo más interesante ahora sería saber qué pasó después del hallazgo del oso.
                                                                                                                           Conrado De Lucia

                                                                                  Volver a Textos enviados
                                                                                Volver a la Página Principal