From: Masel
Sent: Viernes 29 de diciembre de 2006   9:37
Hola, he leído sus sabias correcciones y recibiría humildemente la corrección
de este poema que me lleva de cabeza, en especial la segunda estrofa.
Muchas gracias y Feliz Año Nuevo

LA MIRADA CRECIENTE

Hay una sombra sobre nuestros automóviles,
sobre nuestros grandes almacenes,
sobre nuestros edificios,
que nos mira con amarillentos ojos tristes
desde su pequeño cuerpecito escuálido.

Su boca apenas puede pronunciar palabra
pero su sombra nunca deja de crecer,
porque la mirada agonizante de su cuerpo,
desde sus amarillentos ojos tristes, nos pregunta
por qué se está muriendo de hambre.

En lo que respecta a la forma, las correcciones que pueden sugerirse son mínimas. La puntuación ha requerido el agregado de algunas comas, que pueden considerarse no indispensables pero que son de utilidad para facilitar que en una primera lectura no se produzcan errores de entonación.

En los poemas de Mario Benedetti (Inventario, Bs.As., Espasa Calpe, 1993), se echa de menos la deliberada ausencia de puntuación, si bien la tarea de tratar de descubrirla por el contexto y de ensayar sus posibles alternativas puede resultar un ejercicio intelectual atrayente.  

Una consecuencia de lo anterior –tal vez prevista y buscada por el autor– es que los poemas de Benedetti requieren ser leídos varias veces hasta encontrar la entonación más adecuada según el criterio y la comprensión de cada lector. Esto proporciona además la agradable sensación de estar participando, así sea mínimamente, en el proceso de creación del poema.

En cuanto al contenido de su envío, produce la sensación de ser un fragmento de un texto más extenso. La primera estrofa presenta la situación, y la segunda la resuelve con una explicación que, en tanto que dolorosa pregunta, induce en cierto modo a esperar que el tema se siga desarrollando.

Podrían aparecer otros detalles, circunstancias y matices dentro del dramatismo del tema propuesto, que permitan arribar a una sensación final de obra completa, en la que se ha dicho todo lo requerido para redondearlo y el lector ha quedado realmente inmerso en su clima y sentido y en sus propias consecuencias personales que lo motivarán a releerlo e incluso a memorizarlo por su calidad de pieza única, como lo es todo verdadero poema..

En conclusión, se trata de un núcleo o germen de conceptos que han sido presentados con imágenes adecuadas, y queda a su criterio intentar convertirlo en un poema acabado. Recuerde que el impulso emocional y afectivo que llamamos inspiración es solamente el primer momento de la creación poética. Luego viene la laboriosa tarea del artista, el auténtico trabajador del arte. Como solía decir Azorín (José Martínez Ruiz): "Escribir es fácil. Lo difícil es pulir."
                                                                                                                                                                       Conrado De Lucia

From: Masel
Sent: Sábado 30 de diciembre de 2006    6:54
Muchas gracias por su comentario y –corriendo el riesgo de ser pesada–, le ruego me perdone por haberme olvidado añadir este comentario en mi anterior correo: Alguien me ha dicho que tego excesos de "sus" en la segunda estrofa  (¿tiene algún significado especial eso?), así como de conjunciones que lo vuelven prosaico...  Muchas gracias.

Estimada
Masel:
Espero que ese "alguien" que encontró demasiados "su" y conjunciones no sea uno de esos sedicentes "coordinadores" o "talleristas" literarios –por mi parte, y sin falsa modestia, soy profesor, porque mi función es enseñar– a los que Marcelo Di Marco (Taller de corte y corrección, Bs.As., Sudamericana, 1998) llama jovialmente "Adolfitos de bolsillo", es decir, pequeños dictadores que todo lo objetan y tachan..
En mis talleres he tenido que asistir anímicamente –ya que soy también profesor de psicología– a alumnos que venían traumados por haber padecido la dictadura de Adolfitos [Hitler] semejantes, para quienes todo está mal salvo lo que escriben ellos.

Observe usted el siguiente desastre:

Y las rosas de olor
que pongo como ella las ponía
exaltan su color;
y los bellos cojines
que pongo como ella los ponía
florecen sus jardines;
y si pongo mi mano
como ella la ponía
en el negro piano,
surge como un piano muy lejano
más honda la diaria melodía
                      
                                            J. R . Jiménez

(Dice Adolfito):
"y"... "y"..., "y"... ¡Quítele esas conjunciones repetidas...!
"ponía"..., "pongo"..., "ponía"..., "pongo..." ¡Cámbiele esos verbos reiterados, querida...!
"en el negro pïano": ¿Y esa diéresis en pi-ano, y a continuación "piano" sin diéresis? ¡Por favor...!
En fin, señorita; dígale a ese Jiménez amigo suyo que venga a mi taller, que aquí va a aprender a escribir.
¿Premio Nobel? ¿Está segura? Ya me parecía que eso era todo un acomodo. ¡Si ni sabe escribir bien su apellido, que va con "g"...!
...................................................

Finalmente, me agradaría saber en dónde está usted, a qué actividad se dedica, y también cuál es la calificación intelectual de ese "alguien"
que hizo objeciones tan miopes a su poema.
Al respecto, me vienen a la mente algunos versos más, que me enseñó una novia –Silvia, hoy profesora de letras– hace casi cuarenta años:

"Huye del triste, apártate del sabio,
de aquel que estruja la razón y el seso;
no se hizo la miel para su labio
ni su labio se hizo para el beso"
                  
                                         Ricardo León 
                                                                                                                                                                         Conrado De Lucia

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