De: Isabel Blanco
Enviado: Domingo 12 de febrero de 2012   14:31
Asunto: Liras para el Taller Literario de Terapia Tanguera

Hoy me siento fenomenal gracias a vuestra  página ”Taller Literario de Terapia Tanguera”
porque es lo que necesito: alguien que sepa criticar mis poemas.
Gracias y un abrazo. 
Aquí os dejo unas liras:

 

               Soy...

Soy la senda frondosa
donde cabalga el desgarrado viento.
Soy la celestial rosa
el agua del sediento
el vaso azul que apaga el desaliento.

Soy plateado nido
la cincelada fuente del poeta,
el corazón herido
por lejana saeta
que voladora alcanza la veleta.

Soy viejo timonel
el huracán que agita sin concierto
las ondas en tropel
y anhela como puerto
la armonía del arco descubierto.

Soy el puente, la escala
que une la tierra al cielo refulgente,
la flecha que señala
con mirada absorbente
el lago de la ninfa transparente.

Soy linfa de azucena
la fontana plumífera, invisible
de la brisa serena.
Soy la cumbre apacible
del ruiseñor arpado, inaccesible.

Soy espuma en la playa
la locura del genio creador.
No quiero antemuralla
quiero brillante flor
la estela de la luna y del amor.

Soy el ritmo que avanza
en campo de los verdes tulipanes.
Soy manto de esperanza,
perfumes y volcanes,
no amoniaco que azota los afanes.

Soy la luz que palpita
y flota como rayos embriagados
por la diosa Afrodita.
Soy los hilos dorados
por los célicos vientos inflamados.

Soy el fuste del mar,
navego con las olas espumosas
en su dulce cantar.
Soy liras melodiosas
bajo blancas estrellas amorosas.

Soy el compás del alma
en la noche de cantos plateados.
Soy espigada calma
como latidos guiados
por invisibles astros dibujados.

Soy faro que ilumina
un lejano horizonte centellante.
Soy barca cristalina
rizando con el cante
el espléndido espejo de diamante.

Soy alada añoranza
la cometa que juega con mi aliento.
Soy la flecha y la lanza
cual ardiente instrumento
brillando bajo esfera en movimiento.



Comentario

   Comencemos por recordar que la función de un taller literario es señalar posibles errores de un texto, y fundamentar cada una de las correcciones que se proponen. El autor dispone así de una guía personalizada para mejorar formalmente sus futuras producciones.

   El poema que antecede no requiere ninguna corrección y, por otra parte, una crítica de su contenido –como lo propone su autora– sería meramente una glosa de lo que ella ha expresado en el lenguaje superior de la poesía. Sólo cabe entonces referirse mínimamente a su forma.

  Por su ritmo y musicalidad, las liras –metro elegido acertadamente para este tipo de expresión poética predominantemente lírica– añaden su belleza formal a la sucesión de imágenes, elaboradas con cuidados términos que presentan en cada estrofa una faceta distinta.

  Vienen de inmediato a la memoria las liras felizmente aprendidas en la escuela secundaria: "El aire se serena/ y viste de hermosura y luz no usada,/ Salinas, cuando suena/ la música extremada/ por vuestra sabia mano gobernada.". Pero esto sucede no porque exista la menor imitación en estas nuevas liras, sino porque evocan el delicado sabor del poema de Fray Luis de León..

  Estas liras no estaban agrupadas bajo un nombre. Solamente para ubicarlas en Textos enviados, les he dado el título: "Soy...", que se refiere al leit motiv del poema. La autora podrá darles otro nombre que considere más adecuado.

  Al llamarlo meramente "Soy...", en vez de "Soy lo siguiente, soy tal cosa", entiendo que el poema no queda encerrado, limitado por sus propios términos –un curriculum vitae laboral podría considerarse el caso extremo de texto acotado–, sino que se presenta como una manera sugerente de mostrarse y a la vez ocultarse entre los velos de la belleza de las imágenes.

Por otra parte, los puntos suspensivos sugieren la posibilidad de añadir nuevas estrofas que sigan esbozando, a modo de pinceladas necesariamente incompletas, el retrato poético de su autora.

  Encuentro cierta analogía entre la lectura de estas liras y lo que nos sucede en el primer encuentro con una mujer: siempre es más lo que intuímos y adivinamos a través de su presencia, de su encanto femenino, que lo que podemos llegar a describir con palabras que intentan ser objetivas.

  Habiendo afirmado el escaso valor de la mera glosa, creo que lo más oportuno es volver arriba para disfrutar nuevamente la lectura de este poema.

  Conrado
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