De: Germán Lucas Passerini  (Chascomús, Pcia. de Buenos Aires)
Enviado: Domingo 18 de Abril de 2010  11:14
Asunto: Saludos y texto.
Amigo Conrado: Le envío otro texto corto, convencido de que nada mejor que su ojo meticuloso para corregir semejante delirio.
Es, quizás, una narración de características diferentes a las que le envié en otros momentos. Le agradecería una opinión sincera.
Un abrazo; que siga usted muy bien.
Lucas Passerini

PD: Me gustaría enviarle la dirección de un blog que hace poco tiempo abrí con textos de mi autoría, algunos de los cuales usted ha corregido. Pego aquí la dirección: www.morderaslaculpa.blogspot.com

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Texto corregido:

                               La infundada sensibilidad de los carteros

   A través del agujero de la cerradura pudo ver el zaguán, de unos tres metros de longitud, y sobre el final la puerta cancel. Detrás del cristal de la puerta cancel se adivinaba la figura de un hombre sentado a la mesa tomando mate.
   El empleado del correo golpeó la puerta algunas veces, y volvió a husmear por el agujero de la cerradura que amablemente le permitía vislumbrar lo que ocurría adentro de esa porción de la casa. Vio que el hombre seguía tomando la infusión. La carta en la mano esperaba. El cartero golpeó con más fuerza, y al volver a mirar por el agujero de la cerradura vio que el hombre se había levantado y abría la puerta cancel. Entonces apartó el ojo y se irguió. Luego colocó ambas manos detrás de su cintura y dobló el cuerpo hacía atrás, desperezándose. Se enderezó, tomó la correa y giró el bolso que traía terciado a la espalda, justo cuando se abría la puerta. El hombre lo miró a los ojos:
   –Buenas tardes.
   –Buenas.
   –Le traigo una carta.
   –Léamela.
   –¿Cómo dice, señor?
   –Que me la lea. Soy ciego.
   El cartero dudó por un instante. Dudó si el hombre no le estaría haciendo una broma; dudó en abrir el sobre y leer la carta. Pero ante el silencio y la seriedad que notó en el rostro del otro, abrió el sobre y leyó: "Isabel se murió. Lo siento. Carlos".
   El hombre giró sin decir una palabra, caminó dos pasos hacia adentro del zaguán y con un golpe empujó la puerta, que se volvió a cerrar. El cartero oyó al instante el segundo portazo proveniente de la puerta cancel. Recordó que el hombre no había firmado la certificada, y que no podía volver al correo sin la firma. Entonces miró otra vez por el agujero de la cerradura, y vio que el ciego se sentaba a la mesa y se disponía a seguir tomando mate. El cartero vacilaba entre si debía volver a golpear la puerta o no. Desconocía quiénes eran Isabel y Carlos. Tampoco sabía si el ciego era realmente ciego ni si la muerte de la mujer lo había afectado en alguna medida.
   La tarde comenzaba a vestirse de grises. Grises en la calle y en los árboles, grises bajando por las paredes. El cartero rozó apenas con sus nudillos la puerta de madera. Ahora había en sus golpes algo de timidez, de vergüenza, de sensaciones confusas, de no sabía qué. Quizás por respeto a Isabel, a su muerte. O a Carlos, que había escrito la penosa carta. O al ciego que estaba (o el cartero daba por supuesto que lo estaba) afligido hasta el llanto.
   Cuando volvió a mirar por el agujero de la cerradura el hombre ya no estaba, al menos hasta donde él podía ver. Entonces se dio cuenta de que aún tenía la carta en la mano. La colocó dentro del sobre, lo dobló y lo pasó por debajo de la puerta. Luego garabateó una firma sobre la planilla y la guardó en el bolso.
   Cuando se marchaba, casi llegando a la esquina, giró, aún confuso, y vio que una mujer golpeaba a la puerta de la casa del ciego. En seguida la puerta se abrió, y la mujer entró de un salto. La curiosidad lo impulsó a volver, y cuando miró por la cerradura vio que dentro del zaguán el ciego besaba apasionadamente a la mujer. Entonces se enderezó y contempló un rato el cielo que atardecía. Luego bajó la vista y pateó unas piedritas que había en la vereda, que le molestaban debajo de los zapatos. No supo en qué momento comenzó a pensar en Isabel, en el dolor de Isabel, en la muerte de Isabel, en sus ojos tristes cerrándose. Pensó en Isabel muerta y sola, sola como un ombú. Y en Carlos, que tuvo la amabilidad de avisarle al ciego, de escribirle esas líneas, sinceras, prolijas, y que había firmado claramente, sin apellido, porque no lo necesitaba para que el ciego supiera quién era el remitente. Y ahora el ciego besando a una mujer, tan pronto, tan apasionado, ahí adentro, antes de cruzar la puerta cancel, antes de, al menos, tener la amabilidad de convidar a la mujer con un mate y contarle que estaba triste por la muerte de Isabel.
    El cartero volvió a espiar, y vio que ahora estaban del otro lado de la puerta cancel, y que el ciego desnudaba a la mujer, y que una lámpara encendida iluminaba apenas el ambiente. Cuando el ciego tomó por la cintura a la mujer, la levantó y la sentó sobre la mesa, el cartero comenzó a golpear la puerta. Pateaba, daba golpes con los puños, lloraba y gemía rabioso mientras pensaba en Isabel, convencido de que tenía que derribar la puerta para entrar e imponer al menos un poco de respeto.

                                                                                                                                        Lucas Passerini

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Comentario:

Aunque Lucas lo califica pundonorosamente de "delirio", su cuento está muy bien desarrollado. La serie de acontecimientos insólitos que narra mantiene la expectativa y el interés del lector, y el final provoca una especial simpatía por el protagonista y su particular sentido de la decencia.

Las correcciones cumplen, como de costumbre, con el propósito del taller literario de indicar conceptos y criterios para mejorar la redacción de textos..

Quien se proponga escribir mejor puede observar los errores señalados y los fundamentos de su corrección, y adquirir así conocimientos formales que faciliten y embellezcan sus producciones.

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Texto original:

                                    La infundada sensibilidad de los carteros

          A través del agujero de la cerradura pudo ver el zaguán, de unos tres metros de longitud, y sobre el final la puerta cancel. Detrás del cristal de la puerta cancel se adivinaba la figura de un hombre sentado a la mesa tomando mate.
          El empleado del correo golpeó la puerta algunas veces, y volvió a husmear por el agujero de la cerradura que amablemente le permitía vislumbrar lo que ocurría adentro de esa porción de la casa. Vio que el hombre seguía tomando la infusión. La carta en la mano esperaba. El cartero golpeó entonces1 con más fuerza. Así,2 al volver a mirar por el agujero de la cerradura,3 vio que el hombre de adentro4 se había levantado y abría la puerta cancel. Entonces5 apartó6 el ojo y se irguió. Luego colocó7 ambas manos detrás de la8 cintura y dobló el cuerpo hacia atrás, desperezándose. Se enderezó, tomó la correa y giró el bolso que traía terciado a la espalda, justo cuando abrían9 la puerta. El hombre lo miró a los ojos:

          — Buenas tardes.10
          — Buenas.
          — Le traigo una carta.
          — Léamela.
          — ¿Cómo dice, señor?
          — Que me la lea. Soy ciego.

          El cartero dudó por un instante. Dudó si el hombre no11 le estaba haciendo una broma,12 dudó en abrir el sobre y leer la carta. Pero ante el silencio y la seriedad13 en el rostro del otro14 abrió el sobre y leyó: "Isabel se murió. Lo siento. Carlos".
          El hombre giró sin decir una palabra, caminó dos pasos hacia adentro del zaguán y con un golpe empujó la puerta15 que se volvió a cerrar. El cartero oyó al instante16 el segundo portazo proveniente de la puerta cancel. Recordó que el hombre no había firmado la certificada, y que no podía volver al correo sin la firma. Entonces miró otra vez por el agujero de la cerradura, y vio que el ciego se sentaba a la mesa y se disponía a seguir tomando mate. El cartero vacilaba en17 si debía volver a golpear la puerta o no. Desconocía quién era Isabel, menos quién era Carlos18. Tampoco sabía si el ciego era realmente ciego ni si la muerte de la mujer lo habría19 afectado en alguna medida.
          La tarde comenzaba a vestirse de grises. Grises en la calle,20 en los árboles, grises bajando21 paredes. El cartero apenas si22 rozó23 con sus nudillos la madera de la puerta24. Ahora había en sus golpes algo de timidez, de vergüenza, de sensaciones confusas, de no sabía qué. Quizás por respeto a Isabel, a su muerte;25 o a Carlos26 que había escrito tan hermosa27 carta;28 o al ciego que estaba (o el cartero daba por supuesto que estaba) afligido hasta el llanto.
          Cuando volvió a mirar por el agujero de la cerradura,29 el hombre ya no estaba, al menos hasta donde él podía ver. Entonces se dio cuenta de que aún tenía la carta en la mano. La colocó dentro del sobre, lo dobló y lo pasó por debajo de la puerta. Luego garabateó una firma sobre la planilla y la guardó en el bolso.
          Cuando se marchaba, casi llegando a la esquina, giró, aún confundido,30 y vio que una mujer golpeaba31 la puerta de la casa del ciego. Inmediatamente En un segundo32 la puerta se abrió33 y la mujer entró de un salto. La intriga34 lo impulsó a volver, y cuando miró por la cerradura vio que dentro del zaguán el ciego besaba apasionadamente a la mujer. Entonces35 se enderezó y36 miró37 un rato el cielo que se38 atardecía. Luego bajó la vista,39 pateó unas piedritas que había en la vereda y40 que le molestaban debajo de los zapatos. No supo en qué momento comenzó a pensar en Isabel, en el dolor de Isabel, en la muerte de Isabel, en los41ojos tristes,42 cerrándoseles.43 Pensó en Isabel muerta y sola, sola como un ombú. Y en Carlos, que tuvo la amabilidad de avisarle al ciego, de escribirle esas líneas, sinceras, prolijas, y que había firmado claramente, sin apellido, porque no necesitaba un apellido44 para que el ciego se enterara de45 quién era el remitente. Y ahora el ciego besando a una mujer, tan pronto, tan apasionado, ahí adentro, antes de cruzar la puerta cancel, antes de, al menos, tener la amabilidad de convidar a la mujer con un mate y contarle que estaba triste por la muerte de Isabel.46 El cartero volvió a chusmear,47 y vio que ahora estaban del otro lado de la puerta cancel, y que el ciego desnudaba a la mujer, y que una lámpara encendida iluminaba apenas el ambiente. Cuando el ciego tomó por la cintura a la mujer, la levantó,48 la sentó sobre la mesa, el cartero comenzó a golpear la puerta.49 Pateaba, le50 daba golpes con los puños, lloraba y gemía y puteaba51 rabioso, poseído de bronca52 mientras pensaba en Isabel, convencido de que tenía que derribar la puerta para entrar e imponer, al menos,53 un poco de respeto.
                                                                                                                                                L.P.
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Correcciones:

  1 Puede suprimirse "Entonces", y el término va a ser útil para evitar una repetición en la oración siguiente..
  2 Reemplazar "Así" por la conjunción "y".
  3 Sin coma.
  4 Quitar "de adentro".
  5 "Entonces", para no repetir "el cartero".
  6 "apartó", más correcto que "quitó".
  7 Corresponde el uso pronominal "se colocó", pero puede omitirse para evitar repetir otro "se"
  8 El pronombre reflexivo omitido puede agregarse ahora cambiando "la cintura" por "su cintura".
  9 Mejor el impersonal: "cuando se abría".
10 No va espacio entre la raya y la palabra. La raya (Alt + 0150), es más adecuada que la raya más larga (Alt + 0151),      particularmente en diálogos con frases breves. La sangría de tres espacios es suficiente, y evita que las líneas de diálogo      breves aparezcan "flotando" en la página. Por lo mismo, las líneas en blanco antes y después del diálogo son innecesarias.
11 Corresponde el modo potencial "estaría" en vez del indicativo "estaba", porque se trata de una duda..
12 Punto y coma mejor que coma, porque sigue otra oración.
13 Agregar "que notó", para referirse explícitamente al sujeto de la oración.
14 Debe ir una coma para separar el verbo de la circunstancia que lo precede.
15 Coma, porque no empujó "la puerta que se volvió a cerrar", sino que "empujó la puerta", y como consecuencia ésta "se      volvió a cerrar".
16 Son innecesarias las comas en este inciso porque el sentido resulta inequívoco y solamente detienen la acción.
17 Corresponde "entre" en lugar de "en", porque se vacilaba entre dos cosas.
18 "menos" no corresponde, porque "desconocía" no admite grados.
19 No corresponde el potencial "habría" sino el indicativo "había", en correlación con "sabía".
20 La conjunción "y" en vez de la coma mejora la fluidez al unir los términos análogos "calle" y "árboles".
21 Agregar "por las" mejora la sintaxis y no desmerece la imagen literaria.
22 No corresponde el condicional "si".
23 "apenas rozó" puede significar que algo sucedió después. "rozó apenas" evita el equívoco.
24 Más correcto que "la madera de la puerta" es "la puerta de madera".
25 Punto seguido mejor que punto y coma, para reflejar que el protagonista, confuso, salta de una idea a otra.
26 Coma, porque el comentario se refiere a Carlos pero no lo incluye.
27 Parece más apropiado "la carta" (sin el comparativo "tan"), y usar otro adjetivo, como p. ej. "penosa".
28 Punto seguido mejor que punto y coma, igual que en 25.
29 Sin coma.
30 Mejor que "confundido", que implica una equivocación, "confuso", que describe un estado de ánimo.
31 Corresponde "golpeaba a la puerta", que significa "llamaba". "Golpeaba la puerta" significa que le daba golpes.
31 Más correcto: "en seguida".
32 Coma para separar las dos oraciones.
34 "La curiosidad". "Intriga" significa otra cosa.
35 Quitar "el cartero" porque el sujeto tácito resulta inequívoco.
36 Sin coma, porque los dos verbos aluden al mismo sujeto.
37 Mejor "contempló", porque "miró" significa que dirigió la vista hacia un objeto, mientras que "contempló" significa que      le prestó atención.
38 "Atardecía", sin el pronombre, porque "atardecer" no es un verbo pronominal sino impersonal.
39 Conjunción en vez de coma, para mejorar la fluidez.
40 Coma en vez de conjunción, con lo que mejora la sintaxis de toda la oración.
41 Más preciso que "los ojos" resulta "sus ojos".
42 Sin coma.
43 "Cerrar" como verbo pronominal lleva el pronombre "se": "cerrándose", pero el objeto indirecto "les" ("cerrándoseles")      no corresponde.
44 "sin apellido, porque no necesitaba un apellido. Mejor "sin apellido, porque no lo necesitaba".
45 "se enterara de". Mejor: "supiera".
46 Conviene poner punto y aparte para aligerar el párrafo y destacar el incidente final.
47 "volvió a espiar". "Chusmear" no se adecua al nivel de lenguaje del relato.
48 La coma interrumpe la fluidez de la acción, y debe ir la conjunción "y" porque es una enumeración.
49 Aquí es correcto "golpear la puerta", a diferencia de lo señalado en 31.
50 "Pateaba, daba golpes con los puños", sin el pronombre "le" o, de lo contrario, "La pateaba, le daba golpes con los puños".
51 "puteaba" es término coloquial y no se adecua al nivel del lenguaje utilizado. Se puede quitar sin afectar el sentido.
52 "poseído de bronca" no agrega significado. Se puede quitar, junto con la coma, para evitar un exceso de circunstancias..
53 Pueden quitarse las comas del inciso "al menos". El sentido no cambia, y se evita alterar el ritmo del final.

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