De Armando Varano (Bariloche, Pcia. de Río Negro)
Enviado: Domingo 14 de Febrero de 2010  21:10
Asunto: Pedido sin lisonjas

   Querido Conrado:
   No necesité calzarme la gorra del personaje que vive –lo que está en libros no muere– en 221 Baker Street, para deducir que regresaste tonificado de tus vacaciones. Me bastó con ver tus trabajos sobre los textos de María José y de Lucas Passerini.

       Armando se refiere al domicilio londinense de Sherlock Holmes, el detective célebre por sus deducciones lógicas que protagoniza los        cuentos policiales de sir Arthur Conan Doyl
e.

   Dicho sea de paso, debo confesar que me admira la obra de ambos. ¿Por qué? Porque el lenguaje de los poetas es aquello q
ue, superando nuestra realidad cotidiana, nos transportará hacia el mundo real que buscan algunos que, como yo, tratamos de hacerlo escribiendo en prosa. (¡Que párrafo para corregir!)

        Este párrafo –que Armando propone que sea corregido– contiene unos cuantos incisos, y puede ser formulado de varias maneras para         elegir la que consideremos más clara y fluida. Siguiendo su sugerencia, y como ejemplo de la elaboración y reelaboración que debemos         hacer quienes no somos Borges ni Cortázar, –personalmente, me cuesta mucho escribir bien– propongo algunas versiones posibles de su         "párrafo para corregir":

        Texto original: "Porque el lenguaje de los poetas es aquello que, superando nuestra realidad cotidiana, nos transportará hacia el mundo         real que buscan algunos que, como yo, tratamos de hacerlo escribiendo en prosa."

        Alternativa 1: "Porque el lenguaje de los poetas es aquel que, superando nuestra realidad cotidiana, puede transportarnos al mundo
        real, el que algunos buscan –como yo– escribiendo en prosa."

       Alternativa 2: "Porque el lenguaje de los poetas es el que supera nuestra realidad cotidiana y nos transporta hacia ese mundo real que        algunos, como yo, buscamos escribiendo en prosa."

       Alternativa 3: "Porque el lenguaje de los poetas supera nuestra realidad cotidiana, y es el que podrá transportarnos al verdadero        mundo real al que otros, como yo, buscan alcanzar escribiendo en prosa."

       Alternativa 4: "Porque los poetas buscan con su lenguaje superar nuestra realidad cotidiana y llevarnos al mundo real, así como otros        tratamos de hacerlo a través de la prosa."

       Alternativa 5: "Porque el lenguaje de los poetas supera la realidad cotidiana, y es el que nos transportará hacia el mundo real, ese que        algunos buscamos escribiendo en prosa."

       Etcétera.

   Así como la luz propia define y realza los elementos en una pintura, tus correcciones lo hacen con los textos que, con miramientos y disculpas, de todos modos te mandamos.

   Lo dicho no es una mera lisonja –a pesar de que te estoy adjuntando un nuevo texto–. Es verdadera fascinación por tu trabajo cuando, al leer tus correcciones, vemos resaltar la idea que se quiso plasmar en palabras.

   Conrado, cuando tengas tiempo y muchas ganas de tomar mate, por favor señalá sin piedad los errores cometidos en el texto que te envío.

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Versión corregida:

                             No tomarás el nombre de nada en vano

                                                                                                      Me acercaba, sin verlo, a un borde peligroso y trágico.
                                                                                                                                        Un murmullo meloso pronunció el retazo de un nombre.
                                                                                                                                        Luego alguien farfulló la caricatura de ese nombre.
                                                                                                                                        Finalmente una voz desesperada grito mi nombre entero...
                                                                                                                                        pero ya era tarde.

   Cuando pienso que más allá de los límites del mundo de nuestro lenguaje existe un universo real infinitamente mayor –que escapa a nuestro entendimiento, porque nuestras palabras humanas no pueden definirlo– siento angustia y pena al ver cómo hoy se atenta contra el mundo verbal que el hombre ha logrado construir.
   La palabra le dio a la especie humana el beneficio de la conciencia. Con estos dones el hombre se adentró en el laberinto abstracto de la razón, para descubrir su propia trascendencia. En el intento aprendió también que habría que superar estos atributos –lenguaje y conciencia– para abordar aquel otro cosmos real al que hoy se lo ve como ininteligible.
   Los grandes cambios y descubrimientos, y las interacciones que se han producido últimamente entre todas las disciplinas que abarcan el conocimiento humano –como también su futuro crecimiento– necesitaron y necesitarán de precisión en el lenguaje.
   Ante este desafío –casi utópico– la sociedad actual aparece, contrariamente, como queriendo destruir el lenguaje, que en relación al hombre es –como alguien dijo hace tiempo– la mitad de sí mismo.
   El nombre confirma la existencia de la cosa.
   El nombre objetiva al ente.
   Para no perder la mitad de sí mismo –el lenguaje–, y para poder adentrarse con los medios actuales en lo que por ahora es
incognoscible –el mundo real–, el hombre deberá devolverle la existencia a todo aquello a lo que se la quitó.
   La sustitución drástica de los nombres por diminutivos, motes, sobrenombres, apodos, alias1; el uso de contracciones de palabras mutiladas2; el contubernio entre el lenguaje oral incorrecto y el lenguaje escrito de los mensajes de texto por celulares3, son algunos de los asesinatos cometidos.
   El efecto psicológico del uso del diminutivo es la depreciación del objeto4.
   El diminutivo, aplicado a instituciones y profesiones, produce una horizontalidad degradante5.
   La vulgarización que sobre todo lo existente causó el mal uso del lenguaje es parte del origen de la pérdida de valores que afecta a la sociedad.

   Nombrar a cada cosa por su nombre significa, además de volverla a la vida, restituirle el valor y el respeto que se le habían usurpado.
   Comenzar a hacerlo puede dar lugar a una recuperación exponencial de los valores. "La creación de mil bosques está contenida en una bellota."

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Notas

 1 Casi siempre bisilábicos (en consonancia con el acelerado y liviano modo de vida de nuestro tiempo): Nico, Mati, cole, profe, seño, mochi, compu, celu, etc.

 2 Con las mismas características y razones que el grupo anterior: maso (mas o menos); porfi (por favor).

 3 Opinó Pedro Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras, sobre la "jibarización del idioma" –denominación
    que le da a la escritura de los mensajes de texto–: "Si a esta caída en la riqueza del lenguaje se le suma una reducción     morfológica de las palabras, se va a potenciar el empobrecimiento del idioma de los jóvenes, que está directamente     asociado con el conocimiento. Tener menos herramientas en este terreno es disponer de menos saber y de menos     capacidad para pensar."

 4 Tal vez un niño, para evitar dañarla, daría menos cabriolas con su bicicleta que con su "bici". La "compu" no parece tan     cara ni tan sólida como una computadora.

 5 El profe y la seño son cuestionados en el cole por sus "pares", los alumnos.

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Versión original:

                          NO TOMARÁS EL NOMBRE DE… NADA, EN VANO

                                                                                    Me acercaba, sin verlo, a un borde peligroso y trágico..
                                                                                    Un murmullo meloso pronunció el retazo de un nombre.
                                                                                    Luego alguien farfulló la caricatura de ese nombre.
                                                                                    Finalmente una voz desesperada grito mi nombre entero
                                                                                    …pero ya era tarde.1

     1 Los puntos suspensivos indican que el sentido de la oración queda incompleto, y van unidos a la palabra previa, no a aquélla –cuando           existe– con la que la oración prosigue.

2Cuando pienso que mas allá de los límites del mundo de nuestro lenguaje existe un universo real infinitamente mayor –que escapa a nuestro entendimiento3 porque nuestras palabras humanas4 no pueden definirlo– siento angustia y pena al ver como hoy se atenta contra el mundo verbal que el hombre ha logrado construir.

      2 Se han quitado las líneas en blanco entre los párrafos, porque su excesiva separación propone pausas que, si bien intentan  llamar a la            reflexión sobre su contenido, también quita dinamismo al texto. Se debe confiar en el interés suscitado en el lector, y en el llamado a la          reflexión que surge de los propios conceptos. El efecto contraproducente del exceso de separación resulta análogo al de intentar destacar          la importancia de algunos párrafos escribiéndolos en versales (mayúsculas) o en negritas (bold), como lo hemos señalado en una
         corrección
anterior.

     3 La coma mejora el sentido porque indica que no se trata estrictamente de una relación causal sino de un giro idiomático.
        Es necesario acentuar el rigor lógico cuando se intenta exponer temas abstractos como éste, para que el discurso tenga la consistencia         requerida por un análisis filosófico, y no la significación imprecisa propia de un comentario periodístico.

     4 Por análogas razones que en la nota anterior, conviene destacar que la expresión "palabra humana" no es redundante sino particularmente         correcta, ya que también –y en forma preeminente– existe la palabra divina: La palabra de Dios, o sea el Verbo por antonomasia, el Logos,         la persona misma de Dios.

        Tampoco es redundante la expresión "persona humana": Hace ya seis mil años que la teología judía concibió a Dios como la "persona         divina". Para los judíos –y posteriormente para los cristianos–, Dios no es un principio abstracto sino una persona, un Tú con el que el         hombre puede dialogar. Existen además personas celestes, puramente espirituales: los ángeles.

La palabra le dio a la especie humana el beneficio de la conciencia.5

     5 En efecto, palabra y conciencia se implican recíprocamente: La palabra manifiesta la existencia de una conciencia que percibe, conoce,           razona y decide. Pero la conciencia es a su vez posible gracias a la palabra, que le permite expresarse, y a la mediación de otra conciencia,          que con su palabra la interpela y la convoca a manifestarse –como lo hace en forma primigenia cada madre con su hijo pequeño–.

        Tanto la palabra del prójimo, que es la que nos constituye como un tú al que esa palabra se dirige, como la palabra preeminente de Dios,         que es quien nos invoca en nuestro origen. Esa vocación es el llamado de Dios a cada cosa y a cada persona para que sea lo que es.

        El hombre, con su conciencia óntica –no meramente psíquica en el sentido moderno de "psicológica"– de las capacidades de conocer y de         elegir que lo constituyen en persona, es libre de responder afirmativamente a su vocación y de intentar existir como quien realmente es,
        o de negarse a realizar ese llamado de su Creador, y en consecuencia vivir una existencia inautentica, que implica la negación de su propio         ser. José de San Martín lo expresó lapidariamente en su frase –mucho más difundida que comprendida–: "Serás lo que debas ser, y si no,
        no serás nada.".

Con estos dones el hombre se adentró en el laberinto abstracto de la razón, para descubrir su propia trascendencia. En el intento aprendió también que habría que superar estos atributos –lenguaje y conciencia– para abordar aquel otro cosmos real que hoy se lo ve6 como ininteligible.

      6  La sintaxis correcta es: "cosmos real al que hoy se lo ve".

          Efectivamente, ese es el cosmos real (cosmos = mundo) al que aspira el hombre en su deseo de trascendencia, motivado por su origen           divino (divino = perteneciente o referido a Dios). A esa suma realidad –a la que Armando se refiere acertadamente como "ininteligible" en           forma inmediata o directa– se dirige el hombre, a tientas, a través de la historia.  Intenta alcanzarla o al menos vislumbrarla mediante sus           ideas y sus obras, y descubre una y otra vez que el instrumento más poderoso del que dispone es la palabra en su nivel más elevado: el           lenguaje de la poesía y de la oración.

Los grandes cambios, descubrimientos e interacciones7 que se han producido últimamente entre todas las disciplinas que abarcan el conocimiento humano –como también su futuro crecimiento– necesitaron y necesitarán de la8 precisión en el lenguaje.

        7  La sintaxis correcta es "cambios y descubrimientos, y las interacciones", para que la preposición "entre" ("entre todas las disciplinas")             se refiera solamente a "interacciones".

        8  No corresponde el artículo "la", porque "precisión en el lenguaje" se refiere a una característica de éste y no a un objeto particular que             pueda ser considerado como "la" precisión en el lenguaje.

Ante este desafío –casi utópico– la sociedad actual aparece, contrariamente, como queriendo destruir el lenguaje, que en relación al hombre es –como alguien dijo hace tiempo– la mitad de sí mismo.

El nombre confirma la existencia de la cosa.

El nombre objetiva al ente.

Para no perder la mitad de sí mismo –el lenguaje–9 y para poder adentrarse con los medios actuales en lo que, por ahora,10 es lo11 incognoscible –el mundo real– el hombre deberá devolverle la existencia a todo aquello que se la quitó12.

         9  Coma, porque la conjunción "y" no está señalando el término final de una enumeración sino uniendo dos incisos.

       10  El inciso "por ahora" no requiere estar delimitado por comas porque es una frase adverbial que funciona como un adverbio simple, tal              como puede percibirse si se lo remplaza por "ahora" o "hasta ahora".

        11 El segundo artículo "lo" es innecesario.

       12  La sintaxis correcta es "a todo aquello a lo que se la quitó."

La sustitución drástica de los nombres por diminutivos, motes, sobrenombres, apodos, alias (1); el uso de contracciones de palabras mutiladas (2); el contubernio entre el lenguaje oral incorrecto y el lenguaje escrito de los mensajes de texto por celulares(3), son algunos de los asesinatos cometidos.

El efecto psicológico del uso del diminutivo,13 es la depreciación del objeto. (4)

     13  No va coma entre el sujeto: "El efecto psicológico del uso del diminutivo" y el verbo "es". (Quitando los dos complementos            especificativos: "del uso" y "del diminutivo", la oración se reduce a "El efecto es...", y se percibe que no corresponde la coma.).

El diminutivo aplicado a instituciones y profesiones produce una horizontalidad degradante. (5)

La vulgarización que sobre todo lo existente causó el mal uso del lenguaje,14 es parte del origen de la pérdida de valores que afecta a la sociedad

    14  No va coma entre el sujeto "La vulgarización que sobre todo lo existente causó el mal uso del lenguaje" y el verbo "es". (Si se suprime la           oración coordinada "que sobre todo lo existente causó el mal uso del lenguaje", la oración queda reducida a  "La vulgarización es", y se           percibe que la coma no corresponde.).

Nombrar a cada cosa por su nombre significa, además de volverla a la vida, restituirle el valor, el respeto y la libertad15 que se le habían usurpado.

     15  Solamente "el valor y el respeto". Debe quitarse "la libertad" porque es una propiedad exclusivamente humana que no puede predicarse           de "cosa".

Comenzar a hacerlo puede dar lugar a una recuperación exponencial de los valores16

     16  El proverbio citado textualmente no debe estar separado por un punto y aparte sin por punto seguido porque ilustra lo afirmado en la           oración anterior.

"La creación de mil bosques está contenida en una bellota."

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Notas

(1) Casi siempre bisilábicos (en consonancia con el acelerado y liviano modo de vida de nuestro tiempo) Nico, Mati, cole,       profe, seño, mochi, compu, celu,17 etc.

       17 Las palabras incompletas –y por lo tanto inexistentes– deben destacarse. Esto puede hacerse escribiéndolas entre comillas o con letras              itálicas. Aquí se han usado las itálicas para evitar que la enumeración prolongada quede "erizada" de comillas.

(2) Con las mismas características y razones que el grupo anterior: maso (mas o menos), porfi (por favor)

(3) Opinó Pedro Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras, sobre la "jibarización del idioma" –denominación      que le da a la escritura de los mensajes de texto–:
     "Si a esta caída en la riqueza del lenguaje se le suma una reducción morfológica de las palabras se va a potenciar el      empobrecimiento del idioma de los jóvenes, que está directamente asociado con el conocimiento. Tener menos      herramientas en este terreno es disponer de menos saber y de menos capacidad para pensar."

(4) Tal vez un niño, para evitar dañarla, daría menos cabriolas con su bicicleta que con su "bici".18
     La "compu" no parece tan cara ni tan sólida como una computadora.19

      18 El ejemplo siguiente debe separarse solamente con un punto seguido.

      19 En ambos ejemplos la palabra correcta debe enfatizarse con letras itálicas.


(5) El "profe" y la "seño" son cuestionados en el "cole" por sus pares, los alumnos.20

      20  En este caso las palabras incompletas son las que se han destacado con letras itálicas, para poder señalar entre comillas la ironía de             llamar "pares" a quienes no lo son.

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