De: Armando Varano  (Bariloche, Pcia. de Río Negro)
Enviado: Domingo 18 de Julio de 2010 18:46
Asunto: Palabras, conceptos y definiciones

  Reflexiones a partir del artículo "Una difícil pregunta teológica",
  escrito en respuesta a un oyente habitual de "Terapia Tanguera".

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Versión corregida:

                                           Palabras, conceptos y definiciones

                                                                               "El admitir que existe algo en lo cual no podemos penetrar,
                                                                                                     el pensar que las razones  más profundas, que la belleza más
                                                                                                     radiante que nuestra mente puede alcanzar, son sólo sus formas
                                                                                                     más elementales de expresión; ese reconocimiento, esa emoción,
                                                                                                     constituye la actitud verdaderamente religiosa. En ese sentido
                                                                                                     yo soy profundamente religioso."
                                                                                                                                                                                Albert Einstein

   "¿Cómo pudo Dios, que es inmutable, mutar a la condición humana en la persona de Cristo?"
   Esta pregunta –con una clara carga de dudas–, y la reflexiva respuesta que se le ha dado, movilizaron mi pensamiento.
   No soy filósofo. Lo afirmé hace poco tiempo en otro texto mío, para justificar los devaneos heterodoxos que podría contener.
   Hoy lo repito, ya que deseo referirme a conceptos y términos con una interpretación que podría escandalizar a cualquier estudiante de primer año de filosofía.
   Soy un hombre común, simple, que se siente libre y no teme recibir críticas por expresar sus opiniones sin el rigor académico que algunos temas podrían reclamar.
   Admiro la inquietud humana que impulsa al hombre –con el uso de su intuición y su capacidad de razonar y discernir– a buscar la esencia de toda realidad para conocer la verdad.
   Nótese que empleé el término "intentar" ya que, en su condición de ser humano, creo que el hombre nunca podrá conocer enteramente la realidad.
   La hipótesis de la pregunta que motiva estas reflexiones es:
  
Dios es eterno. La eternidad es la no sujeción al tiempo, por lo que no puede acontecer un cambio en él.
   Dios es perfecto. La perfección no puede ser alterada sin caer en imperfección.
   ¿Cómo pudo acontecer el cambio de la Encarnación sin que Dios alterase su perfección y eternidad?
   ¿Quién puede garantizar que las definiciones dadas a los conceptos con que se maneja el entendimiento humano son acabadas, totales y definitivas?
   ¿No se origina la concepción de toda idea en un proceso cerebral?
   ¿No hay un constante devenir en este proceso?
   Sé que existieron Galileo, Copérnico, Newton, Einstein y Planck –para nombrar sólo a algunos indiscutidos avanzados cerebros– cuyos conceptos de espacio-tiempo permiten actualmente afirmar que el tiempo podría no existir fuera del universo. Este universo está en expansión, lo que se corresponde con la teoría de que ha habido en sus orígenes una gran explosión –big bang, en inglés–.
   Afirmé más arriba que admiro al hombre como buscador de la verdadera realidad. No varía este sentimiento si digo que acepto sólo como tibios adelantos a los más formidables descubrimientos, conclusiones y definiciones actuales cuando debo utilizarlos para entender la trascendencia de la vida de los seres humanos –incluida la mía–.
   De la humilde reflexión de Newton: "Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano." –probablemente haciendo referencia sólo al mundo material– surge una magnitud de relación que amedrenta:
   Entrando en el terreno de lo divino, habría que cambiar "lo que sabemos" por "lo que hasta hoy entendemos", y encerrar aquella primera magnitud abrumadora en un quark o en un leptón ("la gota" de Newton), para luego hacer la relación con el universo ("el océano").
   Esta segunda magnitud alucinante no podría ser la definitiva –dada la esencia inconmensurable del tema– ya que habría que seguir multiplicándola por un exponente infinito.
   ¿A que quedaría reducida aquella "gota" de entendimiento?
   Venero a los iluminados y respeto a los doctos en su intento de explicar a los hombres los atributos divinos, pero me pregunto:
   ¿Cómo puede el hombre atreverse a definir los atributos divinos?
   ¿Cómo se atreve a limitarlo con atributos encapsulados en el casi inexistente entendimiento humano, en esta materia espiritual (valga el oxímoron)?

   ¿Cómo pretende discurrir sobre ellos como si se tratase de simples sumas o restas –operaciones sobre las que sin duda tendría un más acabado conocimiento de sus términos–?
   ¿Cómo puede el hombre conformarse con la creación de argumentaciones silogísticas –que podrían terminar en un teologismo inútil– para calmar el deseo angustiante –y utópico– de conocer a Dios mediante la interpretación humana de sus atributos?
   Dios es eterno y omnipotente pero, como es inmutable, ¡no podría ni disfrutar ni sufrir del tiempo, como los humanos!
   La eternidad es la no sujeción al tiempo. Pero –de acuerdo con las últimas apreciaciones científicas– ¿acaso el tiempo no podría ser algo inexistente?
  Todo lo dicho no está expresado desde una postura agnóstica ni, mucho menos, escéptica.
  Creo que debemos sentirnos felices y orgullosos de los adelantos obtenidos por el hombre en el mundo físico. Bastaría con imaginar a un hombre primitivo trepanando un cráneo con una lasca de pedernal, al lado de un cirujano extirpando un tumor cerebral con rayo laser; o a ese mismo homínido manipulando la rueda, al lado de un cosmonauta caminando sobre la superficie lunar; o a tal primate superior tratando de comunicarse por signos y onomatopeyas guturales, al lado de un cibernauta conectándose con todo el mundo por Internet.
   Pero creo también que no deberíamos apelar al "curriculum vitae" de Dios –esta es la sensación de irreverencia que me da este planteamiento– para aceptar o negar su existencia.
   En tal caso no habría verdad real, sino sólo palabras humanas huecas y vacías.
   
Sin embargo, aunque humanas y dedicadas a la caridad –y para no desfallecer– sería preferible recordar, por su objetiva validez, estas expresiones:
   "Un día cesarán las profecías, y no se hablará más en lenguas ni será necesaria la ciencia. Porque la ciencia y la profecía son imperfectas y tocarán a su fin cuando venga lo que es perfecto."
   "Ahora vemos de manera borrosa, como en un espejo; pero un día lo veremos todo como es en realidad.
Mi conocimiento es ahora imperfecto, pero un día lo conoceré todo del mismo modo que Dios me conoce a mí.
" (Corintios 1;13)
   Habrá que esperar.

Armando Varano
Julio 2010

 

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Versión original:

                                   
Palabras, conceptos y definiciones.

                                                                              "El admitir que existe algo en lo cual no podemos penetrar,
                                                                                                     el pensar que las razones  más profundas, que la belleza más
                                                                                                     radiante que nuestra mente puede alcanzar, son sólo sus formas
                                                                                                     más elementales de expresión; ese reconocimiento, esa emoción,
                                                                                                     constituye la actitud verdaderamente religiosa. En ese sentido
                                                                                                     yo soy profundamente religioso."
                                                                                                                                                                                Albert Einstein

¿Cómo pudo Dios, que es inmutable, mutar a la condición humana en la persona de Cristo?
La lectura de esta pregunta -con una carga clara de dudas- y la de una reflexiva respuesta a la misma movilizaron mi pensamiento.
No soy filósofo. Lo afirmé en otro texto mío, hace poco tiempo, para justificar los devaneos heterodoxos que el mismo podría contener.
Hoy lo repito, ya que deseo referirme a conceptos y términos con una interpretación, de mi parte, que podría escandalizar a cualquier estudiante de primer año de filosofía.
Soy un hombre común, simple, que se siente libre y sin temor a recibir críticas por expresar sus opiniones sin el rigor académico que algunos temas podrían reclamar.
Admiro la inquietud humana que impulsa al hombre -con el uso de su intuición y su capacidad de razonar y discernir- a intentar buscar la esencia de toda verdad para conocer la realidad.
Nótese que empleé el término "intentar" ya que, en su condición de ser humano, creo que el hombre nunca podrá conocer la realidad.
La hipótesis de la pregunta es:
Dios es eterno. La eternidad es la no sujeción al tiempo, por lo que no puede acontecer un cambio en Él
Dios es perfecto. La perfección no puede ser alterada sin caer en imperfección.
¿Cómo pudo acontecer el cambio de la Encarnación sin que Dios alterase su perfección y eternidad?
¿Quién puede garantizar que las definiciones dadas a los conceptos con que se maneja el entendimiento humano son acabadas, totales y definitivas?
¿No se origina la concepción de toda idea en un proceso cerebral?
¿No hay un constante devenir en este proceso?
Así como no soy filósofo tampoco soy un ilustrado, pero se que existieron Galileo, Copérnico, Newton, Einstein y Planck -solo para nombrar algunos indiscutidos avanzados cerebros- cuyos conceptos de espacio-tiempo se fueron desarrollando y cambiando hasta llegar a una región en donde los científicos actuales concluyen que… ¡el tiempo podría no existir fuera del universo que -¡sin embargo!- está en continua expansión desde que comenzó con el Big Bang!
Afirmé más arriba que admiro al hombre como buscador de la verdadera realidad. No varía este sentimiento si digo que acepto sólo como tibios adelantos a los más formidables descubrimientos, conclusiones y definiciones actuales cuando debo utilizarlos para entender la trascendencia de la vida de los seres humanos -.¡incluida la mía!-
De la humilde reflexión de Newton: "Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano." -probablemente haciendo referencia sólo al mundo material- surge una magnitud de relación que amedrenta.
Entrando en el terreno de lo divino habría que cambiar "lo que sabemos" por "lo que hasta hoy entendemos" y encerrar aquella primera magnitud abrumadora en un quark o en un leptón (la gota) para luego hacer la relación con el universo (el mar).
Esta segunda magnitud alucinante no podría ser la definitiva -dada la esencia sobrenatural del tema- ya que habría que seguir multiplicándola por un exponente infinito.
¿A que quedaría reducida aquella "gota" de entendimiento?
Venero a los iluminados y respeto a los doctos en su intento de explicar a los hombres los atributos divinos, pero me pregunto:
¿Como puede el hombre atreverse a definir los atributos divinos?
¿Cómo se atreve a limitarlo con atributos encapsulados en el casi inexistente entendimiento humano en esta materia espiritual (¡valga el oxímoron!)?
¿Como pretende discurrir sobre los mismos como si se tratase de simples sumas o restas -operaciones sobre las que, sí, tendría un más acabado conocimiento de sus términos- ?
¿Cómo puede el hombre conformarse con la creación de argumentaciones silogísticas -que podrían terminar en un teologismo inútil- para calmar el deseo angustiante -y utópico- de conocer a Dios mediante la interpretación humana de sus atributos?
Es eterno y omnipotente pero como es inmutable… ¡no podría ni disfrutar ni sufrir del tiempo, como los humanos!.
La eternidad es la no sujeción al tiempo. Pero ¿no es acaso que el tiempo podría no existir según las últimas apreciaciones científicas?
Todo lo dicho no está expresado desde una postura agnóstica ni, mucho menos, escéptica.
Creo que debemos sentirnos felices y orgullosos de los adelantos obtenidos por el hombre en el mundo físico. Bastaría con visualizar a un hombre primitivo trepanando un cráneo con una lasca de pedernal, al lado de un cirujano extirpando un tumor cerebral con rayo laser; o a ese mismo homínido manipulando la rueda al lado de un cosmonauta caminando sobre la superficie lunar; o a tal primate superior tratando de comunicarse por signos y onomatopeyas guturales al lado de un cibernauta conectándose con todo el mundo por Internet.
Pero creo también que no deberíamos apelar al "Currículum Vitae" de Dios -esta es la sensación de irreverencia que me da este planteamiento- para aceptar o negar Su existencia
En tal caso no habría verdad real, sólo palabras humanas huecas y vacías.
Sin embargo –y para no desfallecer–, aunque humanas y dedicadas a la caridad, sería preferible recordar las siguientes expresiones por su objetiva validez:
"Un día cesarán las profecías, y no se hablará más en lenguas ni será necesaria la ciencia. Porque la ciencia y la profecía son imperfectas y tocarán a su fin cuando venga lo que es perfecto."
"Ahora vemos de manera borrosa, como en un espejo; pero un día lo veremos todo como es en realidad.
Mi conocimiento es ahora imperfecto, pero un día lo conoceré todo del mismo modo que Dios me conoce a mí." Corintios 1;13

Habrá que esperar.

Armando Varano
Julio 2010

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Correcciones:  

Nota: En el análisis de la versión original se han realizado, además de las habituales correcciones de forma, comentarios acerca del contenido de las ideas y reflexiones que propone el texto.

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                                   Palabras, conceptos y definiciones.

Al igual que en un artículo de diario o revista, el título no lleva punto final, ni debe ir en letras itálicas. En cambio, además de la mayor sangría, se diferencia con letras itálicas y de distinto tamaño toda cita que no pertenece al autor.

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"¿Cómo pudo Dios, que es inmutable, mutar a la condición humana en la persona de Cristo?"

La cita debe ir entre comillas, porque no pertenece al artículo.

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La lectura de esta pregunta –con una carga clara de dudas– y la de una reflexiva respuesta a la misma movilizaron mi pensamiento.

Es conveniente anteponer el adjetivo "clara", porque está funcionando como adverbio –equivale aquí a "claramente"–: no se trata de una "carga clara", sino de una pregunta que está claramente cargada de dudas:

La lectura de esta pregunta –con una clara carga de dudas– y la de una reflexiva respuesta a la misma movilizaron mi pensamiento.

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Comentario acerca del "mismismo". Se denomina festivamente así al estilo sintáctico usual en la jerga castrense y policial –con el agregado de su proverbial abuso de los gerundios y su incapacidad de emplear otro tiempo verbal que no sea el presente.

Cabe señalar que los gerundios pueden evitarse –para no parecerse al célebre Fray Gerundio de Campazas– simplemente mediante el empleo del verbo conjugado que corresponda.

Como ilustración, voy a remedar las declaraciones típicas de un policía que relata un accidente. Nótese que todo está expresado en tiempo presente –aunque es algo que ya ocurrió–:

"El móvil conducido por un Natalia Natalia masculino aparece por la bocacalle, entrando a la avenida, doblando, avanzando a gran velocidad. El mismo se encuentra con otro móvil y lo colisiona hiriendo a su conductor. Para auxiliar al mismo arriba al lugar una ambulancia del Same, recibiendo los primeros auxilios, trasladando a la víctima a un nosocomio quedando en observación."

Es decir: El vehículo conducido por un hombre no identificado apareció por la bocacalle y dobló hacia la avenida a gran velocidad, chocó con otro vehículo e hirió a su conductor. Una ambulancia del Same le proporcionó los primeros auxilios y lo trasladó a un hospital en donde permanece en observación.

Está bien. Lo que importa es que no roben, no asesinen, no coimeen, no trafiquen con drogas... Algún día aprenderán también a expresarse correctamente.

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La lectura de esta pregunta –con una carga clara de dudas– y la de una reflexiva respuesta a la misma movilizaron mi pensamiento.

La oración no se refiere a una respuesta entre varias, sino a una determinada, por lo que corresponde el artículo "la".
El sujeto "La lectura", acompañado del complemento "de esta pregunta", complica la sintaxis posterior:

La lectura de esta pregunta –con una clara carga de dudas–, y la de la reflexiva respuesta que se le ha dado, movilizaron mi pensamiento.

Aparece ahora un giro necesario, pero cacofónico: "y la de la respuesta...". Esto puede obviarse reemplazando el sujeto "La lectura" por "Esta pregunta":

Esta pregunta –con una clara carga de dudas–, y la reflexiva respuesta que se le ha dado, movilizaron mi pensamiento.

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No soy filósofo. Lo afirmé en otro texto mío, hace poco tiempo, para justificar los devaneos heterodoxos que el mismo podría contener.

En esta oración "el mismo" puede simplemente omitirse sin que el significado se altere. Conviene reordenar la oración anteponiendo "hace poco tiempo", para que "texto" –suprimido "el mismo"– quede más próximo al inciso "que podría contener":

No soy filósofo. Lo afirmé hace poco tiempo en otro texto mío, para justificar los devaneos heterodoxos que podría contener.

Una detalle formal sobre modos y tiempos verbales: Al referirme a un texto presente puedo usar el modo potencial:
"[el texto actual] podría contener devaneos" (= podría ser que los contenga).
Cuando me refiero a un texto situado en el pasado, es más correcto el modo indicativo:
podría ser [ahora] que aquel texto contuviera [entonces] devaneos: "aquel texto podía contener devaneos"

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Hoy lo repito, ya que deseo referirme a conceptos y términos con una interpretación, de mi parte, que podría escandalizar a cualquier estudiante de primer año de filosofía.

Puede prescindirse de la aclaración: "de mi parte":

Hoy lo repito, ya que deseo referirme a conceptos y términos con una interpretación que podría escandalizar a cualquier estudiante de primer año de filosofía.

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Soy un hombre común, simple, que se siente libre y sin temor a recibir críticas por expresar sus opiniones sin el rigor académico que algunos temas podrían reclamar.

Resulta más llano reemplazar "sin temor a" por "no teme":

Soy un hombre común, simple, que se siente libre y no teme recibir críticas por expresar sus opiniones sin el rigor académico que algunos temas podrían reclamar.

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Admiro la inquietud humana que impulsa al hombre –con el uso de su intuición y su capacidad de razonar y discernir– a intentar buscar la esencia de toda verdad para conocer la realidad.

"Buscar" constituye ya un intento, de modo que puede suprimirse "intentar":

Admiro la inquietud humana que impulsa al hombre –con el uso de su intuición y su capacidad de razonar y discernir– a buscar la esencia de toda verdad para conocer la realidad.

En este enunciado está invertido el orden lógico correcto. Aristóteles señala que el ser no está subordinado al pensar, sino que es el pensar el que debe subordinarse al ser, para no caer en un puro subjetivismo. En consecuencia, el hombre busca percibir la esencia de la realidad, y al adecuar a ella su pensamiento está en la verdad. En cambio, cuando su pensamiento no se adecua a la realidad, está en el error. Como lo formuló perfectamente el general Perón: "La única verdad es la realidad":

Admiro la inquietud humana que impulsa al hombre –con el uso de su intuición y su capacidad de razonar y discernir– a buscar la esencia de toda realidad para conocer la verdad.
Nótese que empleé el término "intentar" ya que, en su condición de ser humano, creo que el hombre nunca podrá conocer la realidad.

Aquí se incurre en una anfibología con el término "realidad", al que se atribuyen distintas suplencias (significados, alcances). Si tomamos "realidad" como la esencia absoluta de una cosa, está claro que sólo puede conocerla Dios. En este sentido, un gran filósofo italiano –creo que fue Michele Federico Sciacca– ha dicho: "tentar l'esenza è una impresa disperata".

Pero es obvio que puede conocerse la esencia relativa de algo, circunscribiendo el término "esencia" a sus aspectos comprobables, verificables, e incluso experimentables y mensurables. Es lo que hacen las ciencias, que intentan comprender la esencia de la realidad física sin preocuparse por desentrañar su esencia metafísica. Quienes confunden ambos planos de la realidad resultan ser tanto malos científicos como malos filósofos y teólogos.

La epistemología distingue entre el método inductivo –que se orienta a alcanzar la verdad científica a partir de casos particulares desde los que se remonta a las leyes físicas– y el métido deductivo, que establece verdades particulares a partir de principios generales indemostrables. Esta indemostrabilidad, inherente a la filosofía y a la teología, es la que permite afirmar que, en esa perspectiva, "el hombre nunca podrá conocer enteramente la realidad":

Admiro la inquietud humana que impulsa al hombre –con el uso de su intuición y su capacidad de razonar y discernir– a buscar la esencia de toda realidad para conocer la verdad.
Nótese que empleé el término "intentar" ya que, en su condición de ser humano, creo que el hombre nunca podrá conocer enteramente la realidad.


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La hipótesis de la pregunta es:

Más completa, la expresión sería:

La hipótesis de la pregunta que motiva estas reflexiones es:

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Dios es eterno. La eternidad es la no sujeción al tiempo, por lo que no puede acontecer un cambio en Él.

En un texto expositivo como el presente se prescinde de la mayúscula en el pronombre "Él", que expresa un sentido reverencial, adecuado en un contexto teológico o confesional. En cambio "Dios" debe ir con mayúscula para señalar que no se trata de un dios comol concepto genérico, sino de Dios entendido como nombre propio de la divinidad. Del mismo modo, en filosofía "ser" se escribe con minúscula, salvo cuando se está aludiendo al sumo ser, a Dios, o sea al Ser en sentido trascendental..

Dios es eterno. La eternidad es la no sujeción al tiempo, por lo que no puede acontecer un cambio en él.
Dios es perfecto. La perfección no puede ser alterada sin caer en imperfección.
¿Cómo pudo acontecer el cambio de la Encarnación sin que Dios alterase su perfección y eternidad?
¿Quién puede garantizar que las definiciones dadas a los conceptos con que se maneja el entendimiento humano son acabadas, totales y definitivas?

La respuesta a esta pregunta –retórica, es decir, que simula interrogar sobre algo ya sabido– es, obviamente, que nadie puede hacerlo.

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¿No se origina la concepción de toda idea en un proceso cerebral?

Efectivamente. Se trata de procesos psíquicos, entendido "psíquico" no como equivalente a "espiritual" (originalmente "psijé" significa "alma", no "mente" ni "entendimiento humano", ni mucho menos "proceso cerebral").

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¿No hay un constante devenir en este proceso?

En efecto, si bien los procesos cerebrales permanecen relativamente constantes a lo largo de las generaciones, en cambio los resultados de tales procesos –las ideas y conceptos, los juicios y valoraciones– están sujetos a un perpetuo devenir.

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Así como no soy filósofo tampoco soy un ilustrado, pero se que existieron Galileo, Copérnico, Newton, Einstein y Planck –solo para nombrar algunos indiscutidos avanzados cerebros– cuyos conceptos de espacio-tiempo se fueron desarrollando y cambiando hasta llegar a una región en donde los científicos actuales concluyen que… ¡el tiempo podría no existir fuera del universo que –¡sin embargo!– está en continua expansión desde que comenzó con el Big Bang!

Acotaciones formales:
"Sé" con acento, para diferenciar el verbo saber y el pronombre reflexivo "se".
"Sólo" con acento, para diferenciar el adverbio del adjetivo "solo".
Aquí "sólo" no significa "solamente por nombrar", sino"por nombrar algunos pocos". Para evitar la anfibología conviene reordenar la sintaxis: "para nombrar sólo algunos avanzados cerebros".

"nombrar
a". Se requiere la preposición "a" cuando no se alude a cosas sino a personas.

Respecto del contenido del párrafo, es cierto que el continuo espacio-tiempo es indisociable, de tal modo que no existe espacio que no trascurra en determinado tiempo –si bien la simultaneidad de ese tiempo sólo rige en determinadas circunstancias–, ni tampoco existe tiempo si no hay un espacio en el que ese tiempo esté transcurriendo.

Es innecesario hipostasiar esta ideas ubicándolas en una metafórica "región", "en donde los científicos...": Sucede simplemente que un corolario –una consecuencia– de la afirmación de la realidad del contínuo espacio-tiempo, es que, como dice Armando, el tiempo podría no existir fuera del universo. En rigor, el concepto de espacio-tiempo afirma que no puede existir fuera de él.

El comentario siguiente expresa una admiración comprensible, pero vincula indebidamente lo anterior –se trata de cosas enteramente distintas– con el hecho de que el universo está en continua expansión. No hay contradicción lógica –"sin embargo!"– en la coexistencia de ambos conceptos: el de que tiempo y espacio constituyen un continuo indisociable, y el de que el universo físico se está expandiendo. La pregunta que produce vértigo es: ¿Dentro de qué se está expandiendo, si más allá del universo no existe nada más?

Para evitar connotaciones mitológicas, propias de la impropiamente llamada "divulgación científica" –si se trata de "divulgación", no puede tener el rango de "científica", a menos que se tenga una idea precaria del concepto "ciencia"–, conviene no sacralizar el big bang –una teoría entre otras igualmente valiosas escribiéndolo con mayúsculas. Demasiados errores han sido inducidos por otras canonizaciones semejantes: la "Relatividad" de Einstein, la "Indeterminación" de Heisenberg.

El párrafo podría quedar formulado así –prescindiendo de la humilde afirmación: "Así como no soy filósofo tampoco soy ilustrado". La filosofía es un quehacer, y aquí el autor está abocado a ese quehacer de filósofo, lo que presupone un grado de ilustración por debajo del cual le resultaría imposible comenzar siquiera a filosofar–:

Sé que existieron Galileo, Copérnico, Newton, Einstein y Planck –para nombrar sólo a algunos indiscutidos avanzados cerebros– cuyos conceptos de espacio-tiempo permiten actualmente afirmar que el tiempo podría no existir fuera del universo. Este universo está en expansión, lo que se corresponde con la teoría de que ha habido en sus orígenes una gran explosión –big bang, en inglés–.

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Afirmé más arriba que admiro al hombre como buscador de la verdadera realidad. No varía este sentimiento si digo que acepto sólo como tibios adelantos a los más formidables descubrimientos, conclusiones y definiciones actuales cuando debo utilizarlos para entender la trascendencia de la vida de los seres humanos –.¡incluida la mía!–

Acotación formal:
El punto señala la conclusión de la oración, y debe abarcar todos sus incisos, paréntesis y comentarios entre comas –aunque en este último caso la coma final es reemplazada por el mismo punto–: –.¡incluida la mía!–   debe ser –¡incluida la mía!–.
De todos modos, los signos de exclamación pueden sugerir una excesiva autorreferencia, por lo que es conveniente quitarlos:

Afirmé más arriba que admiro al hombre como buscador de la verdadera realidad. No varía este sentimiento si digo que acepto sólo como tibios adelantos a los más formidables descubrimientos, conclusiones y definiciones actuales cuando debo utilizarlos para entender la trascendencia de la vida de los seres humanos –incluida la mía–.

Por cierto que –como lo destaca el autor– para intentar comprender lo humano no se requiere ningún cambio en el sentimiento de admiración por los resultados de la ciencia, tanto fáctica como especulativa. Se trata de dos planos diferentes de la realidad, de modo que lo incorrecto sería aplicar conocimientos científicos a realidades tales como el hecho indemostrable –pero legítimamente postulable– de la trascendencia de la vida humana.

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De la humilde reflexión de Newton: "Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano." –probablemente haciendo referencia sólo al mundo material– surge una magnitud de relación que amedrenta.

Acotación formal: mejor que punto, dos puntos, ya que la oración anuncia las reflexiones siguientes:

De la humilde reflexión de Newton: "Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano." –probablemente haciendo referencia sólo al mundo material– surge una magnitud de relación que amedrenta:
Entrando en el terreno de lo divino habría que cambiar "lo que sabemos" por "lo que hasta hoy entendemos" y encerrar aquella primera magnitud abrumadora en un quark o en un leptón (la gota) para luego hacer la relación con el universo (el mar).


Acotaciones formales:
El comentario antepuesto "Entrando en el terreno de lo divino", debe concluirse con una coma.
Depués de "lo que hasta hoy entendemos" debe haber una coma, porque comienza una nueva oración.
También se requiere una coma después del paréntesis del comentario (la gota).
"Gota" y `"océano" –o "mar"– deben ir entre comillas, porque estos términos no se están usando sino mencionando.
quark, leptón, deben ir en letras itálicas porque no son términos en español.
Para mejorar la comprensión podría completarse el paréntesis: "(la gota)" con "("la gota" de Newton)", y no reemplazar "océano" por "mar":

Entrando en el terreno de lo divino, habría que cambiar "lo que sabemos" por "lo que hasta hoy entendemos", y encerrar aquella primera magnitud abrumadora en un quark o en un leptón ("la gota" de Newton), para luego hacer la relación con el universo ("el océano").

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Esta segunda magnitud alucinante no podría ser la definitiva –dada la esencia sobrenatural del tema– ya que habría que seguir multiplicándola por un exponente infinito.

Aquí "sobrenatural" está utilizado impropiamente. La idea que se pretende expresar se corresponde más bien con el término "inconmensurable":

Esta segunda magnitud alucinante no podría ser la definitiva –dada la esencia inconmensurable del tema– ya que habría que seguir multiplicándola por un exponente infinito.
¿A que quedaría reducida aquella "gota" de entendimiento?
Venero a los iluminados y respeto a los doctos en su intento de explicar a los hombres los atributos divinos, pero me pregunto:
¿Como puede el hombre atreverse a definir los atributos divinos?
¿Cómo se atreve a limitarlo con atributos encapsulados en el casi inexistente entendimiento humano en esta materia espiritual (¡valga el oxímoron!)?

Se requiere una coma luego de "humano", para precisar el sentido. Los signos de exclamación en: "valga el oxímoron" puede quitarse –para evitar un exceso de énfasis– sin que se debilite el significado:

¿Cómo se atreve a limitarlo con atributos encapsulados en el casi inexistente entendimiento humano, en esta materia espiritual (valga el oxímoron)?

Los "cómo" siguientes deben llevar acento –como el anterior– porque tienen sentido interrogativo.
Puede ser oportuno señalar que la expresión "sentido interrogativo" evita el error de afirmar que "cómo" debe llevar acento siempre que esté entre signos de interrogación. Cuando no tiene sentido interrogativo puede estar entre signos de interrogación y no requerir acento: ¿Como no tenías dinero te excusaste de ir?

¿Cómo pretende discurrir sobre los mismos como si se tratase de simples sumas o restas –operaciones sobre las que, sí, tendría un más acabado conocimiento de sus términos–?

Otro "mismos" evitable. Basta con reemplazarlo por el pronombre "ellos":
La oración resulta más fluida reemplazando el "sí" entre comas por "sin duda".

Acotación: "Sin dudas", en plural, es incorrecto, aunque muchos locutores lo digan a diario. La principal herramienta de su oficio es el idioma,
al que alteran por ignorancia o por afán de originalidad. No toman en cuenta el efecto –educativo o antieducativo– que su modo de hablar tiene sobre el público. El recordado "Fioravanti" –Joaquín Carballo Serantes– leía a los clásicos para enriquecer sus comentarios futbolísticos. Era un periodista responsable, no un charlatán mediatico como los que actualmente abundan y que, para peor, se contagian de inmediato de cada "novedad" que comete uno de ellos.


¿Como pretende discurrir sobre ellos como si se tratase de simples sumas o restas –operaciones sobre las que sin duda tendría un más acabado conocimiento de sus términos–?
¿Cómo puede el hombre conformarse con la creación de argumentaciones silogísticas –que podrían terminar en un teologismo inútil– para calmar el deseo angustiante –y utópico– de conocer a Dios mediante la interpretación humana de sus atributos?

Concepto perfectamente expresado, tanto formalmente como en la consistencia de su contenido.

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Es eterno y omnipotente pero como es inmutable… ¡no podría ni disfrutar ni sufrir del tiempo, como los humanos!

Otro acierto conceptual. Para mayor claridad de la exposición conviene –asumiendo una redundancia mínima– reiterar el sujeto "Dios", poner entre comas la salvedad "como es inmutable", y quitar los puntos suspensivos –que aquí resultan meramente efectistas–, ya que el énfasis está expresado por los signos de exclamación:

Dios es eterno y omnipotente pero, como es inmutable, ¡no podría ni disfrutar ni sufrir del tiempo, como los humanos!

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La eternidad es la no sujeción al tiempo. Pero ¿no es acaso que el tiempo podría no existir según las últimas apreciaciones científicas?

Para facilitar su comprension, conviene ordenar la sintaxis del argumento propuesto:

La eternidad es la no sujeción al tiempo. Pero –de acuerdo con las últimas apreciaciones científicas–¿no es acaso que el tiempo podría no existir?

Tal vez se evite mejor la dificultad que presenta la doble negación, expresándola así:

La eternidad es la no sujeción al tiempo. Pero –de acuerdo con las últimas apreciaciones científicas– ¿acaso el tiempo no podría ser algo inexistente?

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Todo lo dicho no está expresado desde una postura agnóstica ni, mucho menos, escéptica.
Creo que debemos sentirnos felices y orgullosos de los adelantos obtenidos por el hombre en el mundo físico. Bastaría con visualizar a un hombre primitivo trepanando un cráneo con una lasca de pedernal, al lado de un cirujano extirpando un tumor cerebral con rayo laser; o a ese mismo homínido manipulando la rueda al lado de un cosmonauta caminando sobre la superficie lunar; o a tal primate superior tratando de comunicarse por signos y onomatopeyas guturales al lado de un cibernauta conectándose con todo el mundo por Internet.

Mejor que el periodístico "visualizar", simplemente "imaginar".
Va una coma después de "rueda" y de "guturales".

Creo que debemos sentirnos felices y orgullosos de los adelantos obtenidos por el hombre en el mundo físico. Bastaría con imaginar a un hombre primitivo trepanando un cráneo con una lasca de pedernal, al lado de un cirujano extirpando un tumor cerebral con rayo laser; o a ese mismo homínido manipulando la rueda, al lado de un cosmonauta caminando sobre la superficie lunar; o a tal primate superior tratando de comunicarse por signos y onomatopeyas guturales, al lado de un cibernauta conectándose con todo el mundo por Internet.

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Pero creo también que no deberíamos apelar al "Currículum Vitae" de Dios –esta es la sensación de irreverencia que me da este planteamiento– para aceptar o negar Su existencia.

"Curriculum vitae" debe ir en itálicas, sin mayúsculas y sin acento –que en latín no existe–.
El "Su" con mayúsculas, referido a Dios, es innecesario en este contexto, que no es teológico ni confesional, sino estrictamente analítico..

Pero creo también que no deberíamos apelar al "curriculum vitae" de Dios –esta es la sensación de irreverencia que me da este planteamiento– para aceptar o negar su existencia.
En tal caso no habría verdad real, sólo palabras humanas huecas y vacías.

La oposición entre estas dos oraciones adversativas debe señalarse con la conjunción "sino":

En tal caso no habría verdad real, sino sólo palabras humanas huecas y vacías.

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Sin embargo –y para no desfallecer– aunque humanas y dedicadas a la caridad sería preferible recordar las siguientes expresiones por su objetiva validez:

En esta oración se han agolpado demasiadas ideas, lo que produce un exceso de incisos en torno del núcleo: "recordar las siguientes expresiones" –más llano: "recordar estas expresiones"–.
Se podría desarrollar en oración aparte alguna de las ideas –por ejemplo, el sentido de "dedicadas a la caridad·", o el fundamento de la afirmación "objetiva validez"–.
De todos modos, conviene volver a redactar la oración con un orden que allane su significado:

Sin embargo, aunque humanas y dedicadas a la caridad –y para no desfallecer– sería preferible recordar, por su objetiva validez, estas expresiones:

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"Un día cesarán las profecías, y no se hablará más en lenguas ni será necesaria la ciencia. Porque la ciencia y la profecía son imperfectas y tocarán a su fin cuando venga lo que es perfecto."
"Ahora vemos de manera borrosa, como en un espejo; pero un día lo veremos todo como es en realidad.
Mi conocimiento es ahora imperfecto, pero un día lo conoceré todo del mismo modo que Dios me conoce a mí." Corintios 1;13

Al igual que en el encabezamiento, conviene destacar con letras itálicas el texto de la cita, y –en este caso– poner entre paréntesis la referencia al Evangelio.

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Habrá que esperar.

Excelente síntesis de todo el artículo: las tres palabras finales condensan el motivo y el sentido de toda la laboriosa disquisición realizada por el autor.

Armando Varano
Julio 2010
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