De: Susana F. Q.
Enviado: Viernes 23 de Mayo de 2008 15:34
Estimado Profesor:
Estoy enviando a su Taller Literario otro cuento del mismo género.
Espero sus más que interesantes observaciones. También sus correcciones, claro.
Le envío un abrazo. Y mi agradecimiento.
Susana.

Texto original:
                                 Papel picado (el1 enigma de Huixcolotla)

   Guadalupe, Lupe, Lupita2 o Pita, como solía llamarla cariñosamente su padre, era la hermana menor de Concepción3 y la prima de Jovita. Hijas de Chamanec y de Cuauhtémoc, tenían un único hermano que4  había recibido un nombre indígena siguiendo la tradición familiar.5 El joven se llamaba Cuitláhuac.

   Habían nacido en San Salvador de Huixcolotla, en el estado de Puebla, allí donde el valle del Tepeaca da paso a un paisaje diferente6 con vegetación achaparrada y abundancia de arbustos, especialmente el huixtle, al cual debe su nombre.7

   Siendo8 muy niños se entretenían buscando esas espinas retorcidas que acostumbraban guardar, con las cuales9 se dedicaban a perforar hojas de papel. Habían visto a casi todos sus conocidos hacer eso10 y en particular a su padre11 del cual12 se enorgullecían porque era uno de los mejores artesanos del lugar13 considerado “la cuna del papel picado”.

   Durante las fiestas, las calles del pueblo, como era común en otros lugares de México14 se vestían de innumerables trozos coloridos, artísticamente labrados con diferentes imágenes. El día de los muertos se celebraba especialmente15 y entonces solían sentir miedo. Les habían contado que ciertos espíritus no habían logrado ser protegidos en su camino al Mictlan, porque se habían olvidado de colocar esos papeles junto a sus cuerpos al morir16. A veces se escuchaban llantos de niños17 y algunos decían que eran los que los aztecas habían sacrificado en sus rituales de adoración a los dioses.

   El misterio siempre rondaba estas historias contadas18 en voz baja, generalmente cuando se reunían por las noches después de haber ayudado a su padre con la ornamentación.   

   Cuitláhuac era muy religioso y se había transformado en el protegido del cura de la parroquia19 del Divino Salvador. Cuando asistía a misa los domingos, después de los oficios religiosos,20 solía contemplar un largo rato esa pintura que tanto le impresionaba, donde Lázaro por obra de Jesús resucitaba.21 Pensaba que no le gustaría ver22 con vida a un muerto23 y no podía evitar que cierto terror se apoderara de él. No entendía que alguien pudiera volver de la muerte24 y mucho menos que reapareciera en idénticas condiciones. Había aprendido a picar papel y realmente debía apurarse25 porque se acercaba el 6 de agosto26 y quería colaborar con la celebración de “El Divino Salvador”27, que era el patrón del pueblo.

   Entre las piedras desgastadas alrededor de28 la fuente había escondido el pequeño estilete que usaba para trabajar.

   Nadie había podido explicarse nunca la rapidez prodigiosa con la que perforaba las hojas. Las viejas del pueblo solían decir que era cosa del demonio29 porque sólo alguien que estuviese bajo una poderosa influencia sobrenatural podía lograr que cientos de láminas30 en una noche31 y con la perfección con que él lo hacía, mostraran esos complicados dibujos en los que curiosamente siempre aparecían32 las mismas iniciales. Ante la pregunta de a quién pertenecían sólo recibían el más hosco de los silencios33 y en ocasiones alguna reacción violenta que las obligaba a callar de inmediato.

   El jovencito solía decir que cuando caía el sol y se acercaba la hora en que sus hermanas se iban a dormir, una voz interior le indicaba que debía recluirse en el cuartito de los materiales y comenzar su minuciosa tarea sobre la mesa pintada de azul34 a la que rodeaban tres sillas de paja de color amarillo, verde y violeta. El amarillo, decía,35 ahuyentaba los malos espíritus; el verde invocaba a su santo preferido36 y el violeta representaba el color predilecto de un amigo a quien dedicaba sus obras, cuyo nombre jamás habían37 oído pronunciar.

2

   El cuerpo de Fray Bartolomé Rivas reposaba en una pequeña capilla en las afueras del pueblo38 y había sido objeto de39 innumerables conjeturas desde que su tumba había sido profanada.40 Se ignoraba qué objetos habían desaparecido, aunque sorprendía la ausencia de papel picado41 y muchos temían que a causa de eso42 no pudiera alcanzar la paz eterna. Algunos sostenían haberlo visto errante43 por las proximidades44 y todos habían dejado de visitar por temor45 los alrededores.

   Entre Cuauhtémoc y su hijo existía un pacto tácito,46cada uno respetaba el trabajo del otro y el padre había sido obligado47 bajo juramento a no preguntar sobre lo que él guardaba en un cofre escondido en el sótano. Fue Jovita quien un día48, presa de la curiosidad propia de los niños, decidió bajar los escalones que conducían a esa habitación que siempre permanecía cerrada. El viejo baúl,49 cuyos goznes enmohecidos cedieron rápidamente a la primera presión y cuya antigüedad llamó la atención de unos turistas a quienes había recibido, dejó ver una colección de papeles intactos50 con una técnica particularmente refinada. No hubo regateo;51 los visitantes ofrecieron52 la suma que ella pedía.

   Cuando la desaparición de Cuitláhuac llevaba ya varios días,53 se vio obligada a confesar el episodio. Entonces recordaron que había sido54 horas antes del cumpleaños de Concepción, la primera vez que su hermano le había regalado55 esa56 tira de papel picado57 que había calado58 con rapidez sorprendente con ese estilete que nunca supieron de dónde había salido. El mismo que tenía en una de sus manos el párroco del Salvador, semanas después,59cuando apareció muerto de un infarto.

   En su mango60 podían leerse claramente las iniciales:61 FBR.62 


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Correcciones:

  1 El título aclaratorio también debe comenzar con mayúscula.

  2  Coma antes de la conjunción "o", porque comienza otra oración.

  3 Coma, porque no se está enumerando sino relatando. Podría empero prescindirse de ella, porque su falta no afecta el sentido de la frase.

  4 El inciso "siguiendo la tradición familiar" antepuesto (anunciando), queda mejor que pospuesto (explicando).

  5 Dos puntos para anunciar el enunciado siguiente. 

  6  Coma antes del inciso siguiente.

  7  "al cual debe su nombre el lugar.", para evitar imprecisión en el sentido.

  8   "Desde", mejor que el gerundio "Siendo".

  9   Mejor: "y con las que".

10  Mejor ordenado: el objeto directo "hacer eso", antes que el complemento circunstancial "a casi todos sus conocidos".

11  El inciso "y en particular a su padre" debe ir entre comas.

12  Más correcto: "de quien".

13  Coma antes del inciso siguiente..

14  El inciso "como era común en otros lugares de México" debe anteponerse, para no separar el sujeto "las calles del pueblo" del        predicado "se vestían".

15  Coma antes de la oración siguiente.

16  Para mejorar el sentido debe anteponerse la circunstancia "al morir".

17  Coma antes de la conjunción, porque se inicia una nueva oración.

18  "que solían contarse", para mejorar la correlación verbal.

19   El nombre de la parroquia puede omitirse para agilizar el relato, ya que se lo vuelve a mencionar al final del párrafo.

20  Aquí no corresponde la pausa de la coma.

21  Mas exacto: "era resucitado por obra de Jesús", que evita además la cacofonía entre "contemplaba" y "resucitaba".

22  Para mejorar el sentido es más correcto el giro "volver a ver".

23  Coma antes de la nueva oración.

24  Coma antes del comentario siguiente..

25  Coma antes de la explicación que sigue.

26  
Es mejor expresar la fecha con letras.  

27  Sin comillas: "la celebración del Divino Salvador, que era el patrón del pueblo."

28  Mejor: "que rodeaban".

29  Coma antes de la explicación.

30  El sujeto "cientos de láminas" debe estar junto al verbo "mostraran".

31  Coma antes del inciso "y con la perfección..."

32  "aparecían siempre" evita el sentido confuso que los adverbios pueden producir juntos: "curiosamente siempre".

33  Coma antes del comentario: "y en ocasiones...".

34  Coma antes del comentario "a la que rodeaban...".

35  Rayas en vez de comas, para indicar que es una acotación del narrador.

36  Coma, porque no se está enumerando sino relatando.

37  Más preciso: "cuyo nombre jamás le habían oído pronunciar."

38  Coma antes de la oración siguiente.

39  Mejor: "se habían hecho".

40  El cambio en el orden aclara que las conjeturas no se referían al cuerpo sino a las circunstancias de su profanación

41  Coma antes de la oración siguiente..

42  Mejor: "por ese motivo".

43  El gerundio "errando" es aquí más correcto que el adjetivo "errante"..

44  Coma antes de la oración siguiente..

45  El orden de la oración mejora anteponiendo el inciso "por temor".

46  Dos puntos, para anunciar la descripción siguiente.

47  "se había obligado" (a sí mismo) es más correcto que "había sido obligado"

48  Posponer la acotación "un día" mejora la fluidez del párrafo.

49  Mejora la ilación del relato adelantar este inciso, modificar su correlación verbal y abreviarlo: "cuya antigüedad había llamado la atención
      de algunos turistas".

50  Agregando el término "realizados", se completa el sentido de la oración.

51  Dos puntos, para anunciar la explicación de lo que sucedió.

52  Más exacto: "le dieron".

53  Agregando el sujeto: "Jovita", mejora la ilación.

54  La circunstancia " horas antes del cumpleaños de Concepción" debe ir antes que el verbo "había sido", para hacer más llana la oración..

55  "le regaló", para evitar la repetición de "había".

56  Más correcto "una" que "esa", en este contexto.

57  Coma, porque no se está enumerando sino relatando.

58  "calada" en vez de "había calado", para evitar otra repetición de "había".

59  El inciso "semanas después" colocado luego del verbo mejora el relato.

60  Reiterar "En el mango del estilete" evita cierta imprecisión en el sentido.

61  No se requieren los dos puntos.

62  Las iniciales deben ir entre comillas, porque se las está mencionando.

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Texto corregido:

                                 Papel picado (El enigma de Huixcolotla)

   Guadalupe, Lupe, Lupita, o Pita, como solía llamarla cariñosamente su padre, era la hermana menor de Concepción, y la prima de Jovita. Hijas de Chamanec y de Cuauhtémoc, tenían un único hermano que, siguiendo la tradición familiar, había recibido un nombre indígena: el joven se llamaba Cuitláhuac.

   Habían nacido en San Salvador de Huixcolotla, en el estado de Puebla, allí donde el valle del Tepeaca da paso a un paisaje diferente, con vegetación achaparrada y abundancia de arbustos, especialmente el huixtle, al cual debe su nombre el lugar.

   Desde muy niños se entretenían buscando esas espinas retorcidas que acostumbraban guardar, y con las que se dedicaban a perforar hojas de papel. Habían visto hacer eso a casi todos sus conocidos, y en particular a su padre, de quien se enorgullecían porque era uno de los mejores artesanos del lugar, considerado “la cuna del papel picado”.

   Durante las fiestas, como era común en otros lugares de México,  las calles del pueblo se vestían de innumerables trozos coloridos, artísticamente labrados con diferentes imágenes. El día de los muertos se celebraba especialmente, y entonces solían sentir miedo. Les habían contado que ciertos espíritus no habían logrado ser protegidos en su camino al Mictlan, porque al morir se habían olvidado de colocar esos papeles junto a sus cuerpos. A veces se escuchaban llantos de niños, y algunos decían que eran los que los aztecas habían sacrificado en sus rituales de adoración a los dioses.

   El misterio siempre rondaba estas historias que solían contarse en voz baja, generalmente cuando se reunían por las noches después de haber ayudado a su padre con la ornamentación.   

   Cuitláhuac era muy religioso y se había transformado en el protegido del cura de la parroquia. Cuando asistía a misa los domingos, después de los oficios religiosos solía contemplar un largo rato esa pintura que tanto le impresionaba, donde Lázaro era resucitado por obra de Jesús. Pensaba que no le gustaría volver a ver con vida a un muerto, y no podía evitar que cierto terror se apoderara de él. No entendía que alguien pudiera volver de la muerte, y mucho menos que reapareciera en idénticas condiciones. Había aprendido a picar papel y realmente debía apurarse, porque se acercaba el seis de agosto y quería colaborar con la celebración del Divino Salvador, que era el patrón del pueblo.

   Entre las piedras desgastadas que rodeaban la fuente había escondido el pequeño estilete que usaba para trabajar.

   Nadie había podido explicarse nunca la rapidez prodigiosa con la que perforaba las hojas. Las viejas del pueblo solían decir que era cosa del demonio, porque sólo alguien que estuviese bajo una poderosa influencia sobrenatural podía lograr que en una noche, y con la perfección con que él lo hacía, cientos de láminas mostraran esos complicados dibujos en los que curiosamente aparecían siempre las mismas iniciales. Ante la pregunta de a quién pertenecían sólo recibían el más hosco de los silencios, y en ocasiones alguna reacción violenta que las obligaba a callar de inmediato.

   El jovencito solía decir que cuando caía el sol y se acercaba la hora en que sus hermanas se iban a dormir, una voz interior le indicaba que debía recluirse en el cuartito de los materiales y comenzar su minuciosa tarea sobre la mesa pintada de azul, a la que rodeaban tres sillas de paja de color amarillo, verde y violeta. El amarillo –decía– ahuyentaba los malos espíritus, el verde invocaba a su santo preferido, y el violeta representaba el color predilecto de un amigo a quien dedicaba sus obras, cuyo nombre jamás le habían oído pronunciar.

2

   El cuerpo de Fray Bartolomé Rivas reposaba en una pequeña capilla en las afueras del pueblo, y desde que su tumba había sido profanada se habían hecho innumerables conjeturas. Se ignoraba qué objetos habían desaparecido, aunque sorprendía la ausencia de papel picado, y muchos temían que por ese motivo no pudiera alcanzar la paz eterna. Algunos sostenían haberlo visto errando por las proximidades, y por temor todos habían dejado de visitar los alrededores.

   Entre Cuauhtémoc y su hijo existía un pacto tácito: cada uno respetaba el trabajo del otro y el padre se había obligado bajo juramento a no preguntar sobre lo que él guardaba en un cofre escondido en el sótano. Fue Jovita quien, presa de la curiosidad propia de los niños, un día decidió bajar los escalones que conducían a esa habitación que siempre permanecía cerrada. El viejo baúl, cuya antigüedad había llamado la atención de algunos turistas y cuyos goznes enmohecidos cedieron rápidamente a la primera presión, dejó ver una colección de papeles intactos, realizados con una técnica particularmente refinada. No hubo regateo: los visitantes ofrecieron la suma que ella pedía.

   Cuando la desaparición de Cuitláhuac llevaba ya varios días, Jovita se vio obligada a confesar el episodio. Entonces recordaron que horas antes del cumpleaños de Concepción había sido la primera vez que su hermano le regaló una tira de papel picado, calada con rapidez sorprendente con ese estilete que nunca supieron de dónde había salido. El mismo que tenía en una de sus manos el párroco del Salvador cuando semanas después apareció eñ muerto de un infarto.

   En el mango del estilete podían leerse claramente las iniciales "FBR". 
                                                                                                                               Susana F. Q.

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Comentario

   La puntuación correcta es probablemente el aspecto más discutible de un texto, y el que más depende de la subjetividad de su autor. Como históricamente ha tenido muchos cambios, y prosigue variando con mayor rapidez que otros rasgos de la ortografía –por estar particularmente bajo la influencia de las modas literarias–, puede cuestionarse la pertinencia de algunas de las comas que se han agregado al excelente cuento que antecede.

   Se ha cambiado el orden de algunos incisos y comentarios para que la lectura del texto resulte lo más llana posible y para evitar que se produzcan atribuciones equívocas de sentido o errores en la secuencia lógica del relato.

   El orden de las partes que componen cada párrafo de un texto debe ser revisado para adecuarse a la comprensión del lector más que a la idea que el autor pretende expresar, ya que suele producirse una especie de "huella mental" que impide percibir la existencia de conceptos incompletos o confusamente formulados.

   La capacidad de ponerse en el lugar de quien accede por primera vez a la lectura de un texto –del que se desconocen tanto sus modalidades formales como su contenido– es más difícil de lograr que la mera corrección formal de la puntuación o la sintaxis, y es uno de los rasgos que caracteriza a los grandes escritores, quienes –como suele decirse– "atrapan" al lector con el inefable encanto que ofrece la lectura de su obra.

    Por otra parte tanto el orden lógico como la precisión conceptual admiten variantes, y ponen de manifiesto preferencias personales, modos particulares de referirse a la realidad y –en autores de especial talento–, rasgos del estilo literario propio.  

    La práctica atenta de las normas del lenguaje desarrolla hábitos de pensamiento y de expresión que permiten escribir con corrección de un modo aparentemente espontáneo. En realidad la soltura del escritor, como la de quien sabe pintar, tocar un instrumento musical o a practicar con destreza un deporte o una artesanía, es el feliz resultado que se logra mediante la perseverancia en el ejercicio.

   En términos de filosofía aristotélica, un hábito operativo se adquiere mediante el ejercicio. Este tipo de hábito es una disposición que no obliga a obrar sino que permite a su poseedor hacerlo con eficacia cuando decide utilizarlo.

   Todo hábito se logra, se conserva y se fortalece con el ejercicio, que consiste en el uso reiterado e intencional de una facultad.

   La intencionalidad, requisito que impide que el ejercicio se torne rutinario por la mera repetición de actos, surge como consecuencia de la motivación del agente, y se mantiene por su percepción del bien que el desarrollo de esa facultad le permitirá alcanzar.

   El uso reiterado de una facultad la enriquece y perfecciona debido a que el ser humano no es un agente perfecto –como sí lo es Dios, que hace participar a los entes de su perfección sin que en él se produzca ningún cambio–.

   Por ser un agente imperfecto, el ser humano es siempre activo y pasivo a la vez: cuando modifica la realidad necesariamente se modifica también a sí mismo. Mientras el principio activo de la facultad produce la obra propia de su especie –un texto literario, por ejemplo– el principio pasivo revierte la acción sobre el agente y desarrolla la facultad que ha utilizado.

    Es así como el gimnasta –por ejemplo–, a la vez que logra elegantes movimientos fortalece los músculos que los originan.
Es también así como el escritor, a la vez que produce una obra que enriquecerá intelectual y espiritualmente a quienes la lean, enriquece también su propia personalidad. En términos evangélicos, "te haces mucho bien cuando haces el bien" o, dicho de otra manera, el esfuerzo de escribir un texto correctamente es un acto de amor al prójimo –ese prójimo desconocido que alguna vez será su lector–.

   Siguiendo a Aristóteles, Tomás de Aquino advierte que no es posible desarrollar los dones que no se poseen, y que quien pretende simularlos incurre en hipocresía, . Por consiguiente, quienes no hemos sido dotados de los talentos requeridos para la creación literaria podemos optar por la humilde función de estudiar los mecanismos del idioma y ser auxiliares técnicos de quienes, como lo demuestra Susana F. Q. en sus envíos al taller literario de Terapia Tanguera, poseen la inspiración y la capacidad imaginativa que distingue a los creadores.

                                                                                                                                  Conrado De Lucia

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