Sobre la relación entre forma y contenido

From: Armando
Sent: Lunes 5 de febrero de 2007     1:31
Subject: Pedido de auxilio
Escribir. Hasta hoy, mi casi frustrada aspiración. Poco hice. Solo. Sin maestro. Permití que el atender cotidianas “urgencias” robase todo mi tiempo. Acabo de sepultar esto a lo que, más que excusa, correspondería llamar pretexto. P.S.P. me habló de usted y de su sitio web. ¿Altruismo? ¿Filantropía? Encontré algo más: tinte de caridad. Me atrevo a enviarle uno de mis últimos escritos. Le ruego que señale, sin reparos, todos mis errores.
Un cordial saludo.
Armando

Promesa

Era Nochebuena. Debía apresurarse a cruzar la avenida,
a pesar de sus débiles y cansadas piernas,
y de no haber traído su bastón,   para ocultar su vejez.
Una mano en su hombro, le detuvo.     "Está en rojo." – oyó.
Al girar su cabeza, una serena mirada,  le invadió profundamente.
"Me acompañas?" – fue la invitación del inesperado aparecido.

De pronto, todo cambió. Se desvanecieron las coloridas luces de la avenida,
para convertirse en un luminoso sendero.
La juventud, sustituyó en el cuerpo, a la vejez.
"Hemos regresado a tu adolescencia, para que yo
cumpla con mi promesa" – dijo el enigmático visitante.
"En aquel primer encuentro nuestro, te di un mensaje,
como regalo de navidad."

El encantamiento, ahora, fue total y convirtió pasado y presente,
en un solo tiempo.      Sucedió como única vez      Así, le habló.

"Te espera un mundo maravilloso, difícil de imaginar.
Todo cuanto inventó y creó el hombre, hasta hoy, será poco ante
aquello que, en breve tiempo, habrá de ocurrir.     Los adelantos de la ciencia
y de la tecnología, te transportarán a un universo, casi, de fantasía."
Detuvo su andar y dijo:     "Pero, debo prevenirte, habrá un doloroso comienzo."
La voz, se tornó profética.  "Rápidos cambios, no darán descanso a las conciencias.
Pocos descubrirán, al principio, el justo uso de tales extraordinarios hallazgos.
Habrá quienes los usarán en forma egoísta.
Someterán y marginarán a sus semejantes. Buscarán el poder, a costa
del sufrimiento de muchos.     Peligrará la pureza del aire, del agua y de la tierra.
Valores y buenas costumbres, se verán desvirtuados."    Hubo una pausa.

"Pero habrá otros, como tu".     Ahora, las palabras, resumían certidumbre.

"Aquellos que asuman el poder y controlen la riqueza, en los primeros tiempos,
cometerán grandes errores. El desfavorable resultado de sus acciones,
ocasionara su propio debilitamiento. Tal experiencia será, para ustedes, la guía.
Sin dejarse seducir, se adaptarán a los cambios.    Los harán suyos.
Los harán crecer hasta hacer desaparecer aquello que posean de negativo.
Aquietarán la conmoción.
Convertirán en racional, al asombroso mundo que se avecina.
Llevarán esperanza, a quienes no posean vuestra fortaleza.
Acabarán con el hambre y, así, ahuyentarán a la violencia.
Recuperarán la dignidad, para todos."

Calló.     Tras el silencio, llegó la pregunta.
"Como venceré mis propias caídas y flaquezas?"

Cual murmullo lejano recibió la respuesta. "No te detengas, a pesar de las caídas.
Aprende a esperar, con fe.      Mira siempre al futuro, con la misma ilusión de hoy.
La comprensión y el amor, deben reemplazar a la crítica y a la intolerancia,
a pesar de cualquier arbitrariedad.
Toda aspiración se convierte en realidad, si se trabaja con paciencia y con firmeza.
Tras la noche, llega la claridad del día.
Cuando lo necesites, volveré.     Lo prometo".

Repentinamente, sintió firmeza y fuerza, en sus piernas...y en su corazón.

              Cruzó la avenida.

                                            La luz estaba en verde.

__________________________________________

Estimado Armando:
Al igual que en mis talleres presenciales, en este taller virtual utilizo los errores para ofrecer ejemplos a todo aquel que quiera escribir mejor. El propósito no es meramente corregir, sino enseñar a hacer sus propias correcciones a todo aquel que quiera aprender. Como usted me dice que lo haga "sin reparos", voy a partir de su texto para desarrollar una serie de conceptos y criterios generales acerca de la escritura correcta.

La distribución espacial

Algunos poetas disponen sus versos con sangrías –los inician a cierta distancia del margen izquierdo–, o los escalonan con espacios sucesivamente más grandes, o los escriben en arcos de circunferencia, o los distribuyen en alguna de las tantas maneras caprichosas con las que se puede escribir en una hoja.

Apartarse de las formas habituales de presentar el texto es un recurso del que con facilidad se puede abusar. Sólo en contadas ocasiones realza verdaderamente el contenido de lo escrito. Así ocurre, por ejemplo, en el famoso "Nocturno" de José Asunción Silva. (En una segunda versión, el poeta lo tituló "Una noche", y le cambió algunos términos). Tiene una disposición particular en la que se alternan versos de cuatro y de ¡veinticuatro! sílabas. Esto produce un maravilloso efecto musical que se integra con el ritmo y el significado de las frases, y logra una de las más perfectas obras poéticas que he conocido y que vuelve a conmoverme cada vez que la evoco y la recito mentalmente:

                 Una noche,
Una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de músicas de älas         (La diéresis indica que no deben unirse con una sinalefa " de"  y  "alas")
                 Una noche
En que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas fantásticas,
.  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

En general la disposición del texto no puede ser antojadiza: Se debe mantener un orden en la longitud de las líneas, en las sangrías y en el espaciado. Es ilusorio creer que se mejora el significado o la comprensión del escrito cambiando de línea antes de que termine la frase, haciendo separaciones entre ellas que no son ni un punto seguido ni un punto y aparte, o iniciándolas con sangrías sucesivamente mayores.

Existe también cierta "literatura de poster", que pretende añadir un elemento artístico a textos que no son ni poemas ni prosas,
pasando a la línea siguiente en cualquier parte del renglón. Se supone que esta disposición otorga cierto aire de sabiduría bíblica a cualquier perogrullada. Hace más de treinta años tuvo gran difusión un texto trivial denominado "Desiderata", que empleaba esta clase de recursos habituales en las láminas que se venden para pegar en los dormitorios. Como el negocio debe continuar, al poco tiempo apareció "Desiderata II". (En vez de la supuesta abadía en que se encontró el primero, este debe de haber aparecido al pie del cerro Uritorco, o tal vez en el Tibet.)

Un texto es valioso ante todo por su contenido, pero la calidad de los conceptos no justifica la incorrección de la forma ni el recurso deliberado a la rareza, el exotismo o la extravagancia. Muchas personas suponen que todo texto que emplea la segunda persona del plural tiene connotaciones religiosas: No temáis que Juan Smith os repita lo dicho por el ángel del Señor...

Las licencias formales innecesarias solamente dificultan la lectura. Al decodificar un texto, quien lo lee emplea una serie de hábitos inconscientes, que sólo se hacen conscientes cuando tropieza con un signo, un término o una expresión cuya forma está fuera de lo esperado y lo desconcierta. Sucede así ante todo con los errores tipográficos y –por supuesto– con las faltas de ortografía.

Resulta curioso observar cómo a pesar de haber leído cientos o miles de páginas que contienen diálogos, quien intenta escribir uno suele vacilar y cometer errores hasta que consigue adquirir los conocimientos requeridos por este hábito específico, que no suele enseñarse ni siquiera en los bachilleratos.

Cuando la difícil puntuación de un diálogo está libre de errores, no se la percibe. Simplemente conduce con facilidad a quien lo lee hacia el significado correcto, como sucede con un camino bien señalizado. En cambio, las rayas no cerradas oportunamente o mal colocadas, o la falta de adecuadas sangrías, confunden al lector y le dificultan, por ejemplo, distinguir cuándo habla el narrador y cuándo lo hacen quienes dialogan.

No se trata de meras convenciones que el autor tiene derecho ignorar o pasar por alto a su antojo, sino de claves visuales en forma de signos que necesariamente se deben incluir en el texto para que el lector lo recorra sin tropiezos.

Los más elementales entre los signos –quienes no son escritores suponen que son los únicos que se deben tomar en cuenta– son las comas, puntos y coma, puntos seguidos, puntos aparte.

Pero la puntuación eficaz es mucho más compleja, y abarca una amplia variedad de circunstancias idiomáticas que requieren ser indicadas de manera inequívoca, para que el lenguaje escrito se aproxime lo más posible al lenguaje oral –es decir, al lenguaje verdadero, el que realmente se habla, con sus sutilezas y matices–.

En los mensajes de texto que se envían por teléfono abundan ciertas abreviaturas que poco a poco van integrando un código particular, y otro tanto ocurre con los e-mails. Lo primero puede justificarse por motivos prácticos, pero en cambio resulta hasta descortés enviar por Internet textos abreviados, desordenados, o incluso sin estructura gramatical, a la que se reemplaza por ráfagas de puntos en vez de redactar correctamente cada oración en obsequio de su destinatario. El signo de puntos suspensivos consiste en tres puntos, y no en cuatro o más, y en un texto correctamente redactado su empleo es más bien excepcional.

Analogía entre el texto literario y la escritura musical

Considerada estrictamente, toda codificación del lenguaje oral es imperfecta, y algo similar sucede con el lenguaje musical. El lego puede suponer que con el pentagrama, las notas, figuras, compases, ligaduras y demás signos el compositor dispone de todos lo necesario para que un músico competente pueda reproducir exactamente con su instrumento la música original.

En realidad, y aunque las indicaciones para el ejecutante se multipliquen –desde el número de figuras por minuto para ajustar el metrónomo hasta las expresiones italianas sobre la rapidez o el modo, a veces bastante pintorescas: "con fuoco", "deciso", "espressivo", "morendo"– no tenemos manera de saber si cuando Dinu Lipatti toca los catorce valses de Chopin el piano suena exactamente como lo hubiera deseado el compositor al escribirlos.

Por eso se habla de interpretación: Cada ejecutante pone en acto lo codificado no sólo en base a su capacidad técnica como músico, sino a su conocimiento de la obra o del conjunto de las obras del autor, además de las circunstancias de su época, los estilos de ejecución imperantes entonces, y muchos otros factores: La cultura general del intérprete, su particular sensibilidad y emotividad, y también aspectos tan específicos como su edad, su sexo, su temperamento, su estado de ánimo, influyen deliberada o involuntariamente para enriquecer –o empobrecer– la ejecución.

El arte del cantante comparte aspectos de la intepretación musical y de la lectura –que también es interpretación– de un texto.
En este caso su libertad es mayor y permite desarrollar estilos característicos. Pero se puede abusar de ella, como se evidencia en el modo de cantar tangos por parte de quienes intentan participar de su renovada vigencia y tratan de llamar la atención –y de ganar dinero– con rarezas interpretativas de dudoso gusto.

En la ópera, a pesar de respetar estrictamente la melodía y las palabras del aria que entona, cada tenor o soprano lo hace de un modo totalmente personal, que nos permite identificar –y preferir– las distintas versiones de Leontyne Price o de María Callas, de Monserrat Caballé o de la argentina Delia Rigal (Delia Dominga Mastrarrigo, quien a semejanza de los cantantes de tango, que reemplazan sus catastróficos apellidos italianos por otros españoles, reales o inventados pero más eufónicos, castellanizó Mastrarrigo –"Maese Enrique", en cerrado dialecto del norte de Italia– como "Rigal", al modo en que Mastrascusa se puso "Mastra", "Recagno" eligió "Morán", Pappalardo lo cambió por "Casal", y así tantos otros).

Algunas correcciones específicas al texto

Se deben reescribir las frases de sentido ambiguo:
Era Nochebuena. Debía apresurarse a cruzar la avenida, a pesar de sus débiles y cansadas piernas, y de no haber traído su bastón, para ocultar su vejez.
(A pesar de la coma, puede entenderse que no podía ocultar su vejez porque le faltaba el bastón.)

Mejor:
Era Nochebuena. Debía apresurarse a cruzar la avenida a pesar de sus débiles y cansadas piernas. Para ocultar su vejez, no había querido traer su bastón.

Las comillas indican que lo que está entre ellas es una cita. Ejemplo:
–Me dijo: "no te entiendo".

En los diálogos –aunque sea uno sólo el que hable, como en este relato– deben usarse rayas. La reiteración de comillas hace fatigosa la lectura. Puede verse, como ejemplo, en los dos primeros párrafos de su relato:
Con comillas:


Era Nochebuena. Debía apresurarse a cruzar la avenida, a pesar de sus débiles y cansadas piernas, y de no haber traído su bastón, para ocultar su vejez. Una mano en su hombro, lo detuvo. "Está en rojo.", oyó. Al girar su cabeza, una serena mirada lo invadió profundamente. "¿Me acompañas?", fue la invitación del inesperado aparecido.
De pronto, todo cambió. Se desvanecieron las coloridas luces de la avenida, para convertirse en un luminoso sendero. La juventud sustituyó en el cuerpo a la vejez. "Hemos regresado a tu adolescencia, para que yo cumpla con mi promesa", dijo el enigmático visitante. "En aquel primer encuentro nuestro te di un mensaje, como regalo de Navidad."

Con rayas de diálogo:

Era Nochebuena. Debía apresurarse a cruzar la avenida, a pesar de sus débiles y cansadas piernas, y de no haber traído su bastón, para ocultar su vejez. Una mano en su hombro, lo detuvo.
–Está en rojo –oyó. Al girar su cabeza, una serena mirada lo invadió profundamente.
–¿Me acompañas? –fue la invitación del inesperado aparecido.
De pronto, todo cambió. Se desvanecieron las coloridas luces de la avenida, para convertirse en un luminoso sendero. La juventud sustituyó en el cuerpo a la vejez.
–Hemos regresado a tu adolescencia, para que yo cumpla con mi promesa –dijo el enigmático visitante–. En aquel primer encuentro nuestro te di un mensaje, como regalo de Navidad.

No se debe mezclar comillas con rayas:
"Está en rojo." – oyó.
Lo correcto es:
"Está en rojo.", oyó.

La raya se escribe sin espacio junto a la palabra que corresponda:
–Está en rojo –oyó.

En la narración no deben intercalarse líneas en blanco. Pueden usarse en los artículos, para destacar el contenido de cada párrafo. Esta modalidad permite también depurar el texto de oraciones superfluas: Al suprimir todo lo que no contenga un concepto, un jucio o un razonamiento, se evita caer en el mero palabrerío.

"Le" es objeto indirecto. El objeto directo es "lo":
Una mano en su hombro, le detuvo.
Y la coma es innecesaria:
Una mano en su hombro lo detuvo.

Las comas superfluas dificultan la comprensión:
Todo cuanto inventó y creó el hombre, hasta hoy, será poco ante aquello que, en breve tiempo, habrá de ocurrir. Los adelantos de la ciencia y de la tecnología, te transportarán a un universo, casi, de fantasía.

La puntuación de estas dos oraciones no requiere ninguna coma:
Todo cuanto inventó y creó el hombre hasta hoy será poco ante aquello que en breve tiempo habrá de ocurrir. Los adelantos de la ciencia y de la tecnología te transportarán a un universo casi de fantasía.

Pero la profusión de comas indica también que la sintaxis es innecesariamente enredada, por lo que la oración debe reescribirse. Por ejemplo:
Lo inventado y creado por el hombre hasta hoy es poco ante lo que está por ocurrir. Los adelantos de la ciencia y de la técnica lo van a llevar a un universo casi de fantasía.

Entre sujeto y verbo no se pone coma, y tampoco entre el verbo ("sustituyó") y el objeto directo ("la vejez"):
La juventud, sustituyó en el cuerpo, a la vejez.

Lo correcto es:
La juventud sustituyó en el cuerpo a la vejez.

Una posible versión corregida:

Promesa

Era Nochebuena. Debía apresurarse a cruzar la avenida a pesar de sus débiles y cansadas piernas. Para ocultar su vejez, tampoco había querido traer su bastón. Una mano en su hombro lo detuvo.
–Está en rojo –oyó. Al girar su cabeza, una serena mirada lo invadió profundamente.
–¿Me acompañas? –fue la invitación del inesperado aparecido.
De pronto todo cambió. Se desvanecieron las coloridas luces de la avenida, para convertirse en un luminoso sendero. La juventud sustituyó en el cuerpo a la vejez.
–Hemos regresado a tu adolescencia, para que yo cumpla con mi promesa –dijo el enigmático visitante–. En aquel primer encuentro nuestro te di un mensaje, como regalo de Navidad.

El encantamiento ahora fue total, y convirtió pasado y presente en un solo tiempo. Sucedió como única vez. Así le habló:
–Te espera un mundo maravilloso, difícil de imaginar. Todo cuanto inventó y creó el hombre hasta hoy será poco ante aquello que en breve tiempo habrá de ocurrir. Los adelantos de la ciencia y de la tecnología te transportarán a un universo casi de fantasía–. Detuvo su andar y agregó:
–Pero debo prevenirte: habrá un doloroso comienzo.
La voz se tornó profética.
–Rápidos cambios no darán descanso a las conciencias. Pocos descubrirán al principio el justo uso de tales extraordinarios hallazgos. Habrá quienes los usarán en forma egoísta. Someterán y marginarán a sus semejantes. Buscarán el poder a costa del sufrimiento de muchos. Peligrará la pureza del aire, del agua y de la tierra. Valores y buenas costumbres se verán desvirtuados.
–Pero habrá otros como tú –Ahora las palabras resumían certidumbre–. Aquellos que asuman el poder y controlen la riqueza, en los primeros tiempos cometerán grandes errores. El desfavorable resultado de sus acciones ocasionara su propio debilitamiento. Tal experiencia será para ustedes la guía. Sin dejarse seducir, se adaptarán a los cambios. Los harán suyos. Los harán crecer hasta hacer desaparecer aquello que de negativo posean. Aquietarán la conmoción. Convertirán en racional al asombroso mundo que se avecina. Llevarán esperanza a quienes no posean vuestra fortaleza. Acabarán con el hambre, y así ahuyentarán a la violencia. Recuperarán la dignidad para todos.
Calló. Tras el silencio, llegó la pregunta:
–¿Como venceré mis propias caídas y flaquezas?
Cual murmullo lejano recibió la respuesta:
No te detengas, a pesar de las caídas. Aprende a esperar con fe. Mira siempre al futuro con la misma ilusión de hoy. La comprensión y el amor deben reemplazar a la crítica y a la intolerancia, a pesar de cualquier arbitrariedad. Toda aspiración se convierte en realidad si se trabaja con paciencia y con firmeza. Tras la noche llega la claridad del día. Cuando lo necesites, volveré. Lo prometo.
Repentinamente sintió firmeza y fuerzas en sus piernas... y en su corazón.
Cruzó la avenida.
La luz estaba en verde.

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