El complejo arte del soneto

El escritor, poeta y periodista Carlos Reyna ofrece en su sitio www.carlosreyna.com.ar una sección, "Poesía Selecta de Autores Hispanos", integrada por "trabajos de muy buena calidad (principalmente sonetos), elaborados en base a imágenes de muy alto vuelo e impecable construcción. Aquí se ha dado cabida a autores como Antonio Machado, Miguel Hernandez, Pablo Neruda, Rafael de León y Alfonso Cabello Jiménez, entre otros.  (...)  Todos ellos, sin excepción, pueden ser considerados verdaderos sonetistas de raza pura, independientemente de su trayectoria o difusión."
El link para acceder directamente a esta sección es: www.carlosreyna.com.ar/indpoetas.html

Correcciones al siguiente ejercicio literario,
enviado por "M.V." el 28 de Diciembre de 2003:

SONETO A LA MUJER AUSENTE

Un vago vino queda de lo que fue su amor
y se sabe muy bien que me llega el invierno
en el que las hojas han de caerse todas y
me deja el recuerdo su terrible dolor.

si de amarla demasiado descuidé su ternura
y errante sin saberlo se me murió el amor.
Qué voy a hacer entonces, si ese que la amaba
nunca jamás fuí yo.

Se me muere el amor y con él la esperanza,
mi recuerdo no alcanza para esta soledad.
Mi pena se hace eterna. Se congela mi alma,

nunca la pude amar. vuelvo a las calles
de estaciones quebradas, otra vez taciturno
extrañando su aroma tendré que caminar.


Las reglas formales del soneto

El soneto es una forma poética compuesta por catorce versos endecasílabos dispuestos en dos cuartetos y dos tercetos. Los sonetos con estrambote agregan dos o más versos a los catorce originales. Hay también sonetos alejandrinos de catorce sílabas, sonetillos de ocho sílabas, y hasta de tres sílabas, como éste, compuesto por Manuel Machado (hermano del más célebre poeta Antonio Machado, con quien escribió obras teatrales en colaboración):

            Soneto de catorce palabras

                                   Frutales
                                 cargados,
                                 dorados
                                 trigales;

                                 cristales
                                 ahumados,
                                 quemados
                                 eriales.

                                   Umbría,
                                 sequía,
                                 solano.

                                   Paleta
                                 completa:
                                 verano.


Los versos siempre deben tener rima, ya sea asonante o consonante. Los versos de los cuartetos deben rimar según el orden ABBA–ABBA. Esta disposición los diferencia de las cuartetas, cuyo orden es ABAB. La rima de los tercetos puede variar, pero generalmente tiene la forma CDE–CDE.
El soneto es una de las formas poéticas más bellas, y al mismo tiempo una de las más arduas, por las dificultader formales que presenta.
Es una excelente práctica para el poeta en ciernes ejercitarse escribiendo sonetos, para adquirir destreza en la elaboración correcta de su forma, es decir, respetando las exigencias de métrica, acentuación y rima.
La corrección formal es requisito necesario, pero por supuesto insuficiente: como en todo poema, lo decisivo es su contenido. Pueden hacerse sonetos intencionalmente sin sentido, como los conocidos "Un soneto me manda hacer Violante..." que se limita a contar cómo el autor lo va escribiendo, hasta el verso final: "contad si son catorce, y está hecho", o el disparatado "Rompe la niebla de una gruta escura...", que menciona seres mitológicos inventados, para concluir: "Tú, lector, que esto miras, no te espantes/ si no lo entiendes, que aunque yo lo hice/ así me ayude Dios, que no lo entiendo". Pero aún estos sonetos está llenos de gracia, humor y movimiento.
El poeta Homero Expósito nos contaba a sus alumnos que durante años se había sometido a la disciplina de escribir un soneto por día sobre cualquier tema, para alcanzar el dominio de su forma y habituarse a proponer y resolver un tema respetando todas sus exigencias.

Correcciones de forma

La primera exigencia que este soneto de ejercitación deja de lado es la rima, que sólo existe entre algunos, pero las mayores dificultades formales son de acentuación y de ritmo.
El verso alejandrino –14 sílabas– se divide al escandirlo –al leerlo y decirlo para hacer manifiesto su ritmo interno– en dos hemistiquios –dos semi–versos de siete sílabas, ambos con la misma acentuación. El "monstruo" –su modelo equivalente– debe sonar: "undós trescuatrocinco/ undós trescuatrocinco".
Si un hemistiquio termina en acento agudo, lleva una sílaba menos, como en el primer verso de este soneto, que dice "undós trescuatrocinco/ undós trescuatrocín":

Un vago vino queda/ de lo que fue su amor

Además de las reglas formales de todo soneto, el alejandrino tiene otras características consagradas por el modo con que lo han escrito los grandes maestros. En el ejercicio que estamos analizando, el primer verso debería terminar con acento grave, es decir tener realmente catorce sílabas, para que se manifieste su ritmo característico desde el comienzo. Podría ser, como ejemplo:

Un vago vino queda/ de lo que fue su vida

Por otra parte, como no se trata de dos versos de siete sílabas, sino de uno sólo de catorce, se debe evitar que el primer hemistiquio tenga terminación aguda, como sucede en el segundo verso, cuya forma es "undós trescuatrocín/ undós trescuatrocínco":

y se sabe muy bien/ que me llega el invierno

Conceptualmente, "se sabe" es una expresión genérica, impersonal, mientras que "me llega el invierno" es personal. Este verso generaliza una vivencia propia como si fuera algo conocido por todos. Por ejemplo, Joan Manuel Serrat, que acaba de cumplir sesenta años, podría decir: "Se sabe que me llega el otoño"

Puede expresarse en forma impersonal lo que no ofrece dudas, como por ejemplo:

y se sabe muy tarde/ que nos llega el invierno

o también, incluyéndolo al lector:

y sabemos muy tarde/ que nos llega el invierno

Cada uno de los hemistiquios debe conservar el ritmo "undós trescuatrocinco". No se puede alterar el lugar de la cesura –la separación entre ellos–. El tercer verso de este ejercicio tiene un hemistiquio de seis y otro de ocho sílabas, lo que hace desaparecer el ritmo:

en el que las hojas/ han de caerse todas y

Como el cuarto verso tiene una sílaba de menos, puede completarse agregándole la última del
tercer verso:

y me deja el recuerdo/ su terrible dolor.

En el mismo tercer verso, al primer hemistiquio le falta una sílaba:

en el que las hojas

que equivale a "unodostrescuatro", mientras que el escandido correcto es "undós trescuatrocinco".
De resultar necesario, en un poema puede utilizarse otro ritmo en el hemistiquio –manteniendo por supuesto las siete sílabas–; p.ej.: "cuando todas las hojas" ("undostrés cuatrocuatro").
El cuarto verso concluye oportunamente con acento agudo; la estrofa gana en fuerza, porque se resuelve más rotundamente que si tuviera una terminación grave, y el verso impulsa hacia el segundo cuarteto.

Volvemos a considerar el primer cuarteto entero:

Un vago vino queda de lo que fue su amor
y se sabe muy bien que me llega el invierno
en el que las hojas han de caerse todas y
me deja el recuerdo su terrible dolor.

Con las correcciones señaladas, quedaría, por ejemplo:

Un vago vino queda de lo que fue su vida
y sabemos muy tarde que nos llega el invierno
cuando todas las hojas se han ido con el viento
y nos queda tan solo un terrible dolor.

Nótese que ahora existe rima asonante entre el segundo y el tercer verso (BB), pero habrá
que resolver la rima del primero con el cuarto, para completar la forma ABBA.

Correcciones de forma y de contenido

A continuación se proponen otras correcciones de particular importancia, porque no se refieren meramente a la forma correcta –que podría renguear aún en un gran poema, como de hecho ocurre– sino a la calidad y densidad de su contenido, que es el aspecto determinante para establecer si un ejercicio poético tiene algún valor, o es solamente una serie de versos bien medidos y rimados, con ritmo equilibrado y sin tropiezos y sin errores de sintaxis ni de ortografía –todas estas condiciones necesarias pero en absoluto suficientes.

El poema comienza presentando una imagen cenestésica del vino, al que se alude con el significado de perdurar su sabor en el paladar de una forma más o menos vaga, como metáfora de la vigencia de un recuerdo:

Un vago vino queda de lo que fue su amor

y prosigue:

y se sabe muy bien que me llega el invierno

o incluso con la métrica correcta:

y sabemos muy tarde que nos llega el invierno

Aquí no se continúa desarrolando la metáfora inicial, sino que se presenta una nueva imagen sin conexión con la anterior. Prosigue la estrofa:

en el que las hojas han de caerse todas y

Al leer aisladamente este verso, se supone que el anterior no se refiere al invierno sino al otoño.
El ejemplo que se sugiere incluye la congruencia con el invierno:

y sabemos muy tarde que nos llega el invierno
cuando todas las hojas se han ido con el viento

El cuarteto tiene una conclusión débil, porque abandona el plano de las imágenes
para desembocar en un concepto abstracto:

y nos queda tan solo un terrible dolor.

El contenido puede referirse a cualquier cosa que causa dolor –desde la partida de la amada hasta la extracción de una muela–, es decir, enuncia un concepto general, y la poesía requiere de la percepción personal y la expresión original de una situación concreta.

El segundo cuarteto propone un nuevo tema:

si de amarla demasiado descuidé su ternura
y errante sin saberlo se me murió el amor.
Qué voy a hacer entonces, si ese que la amaba
nunca jamás fuí yo.

La métrica requiere la preposición "de" en lugar de la más estrictamente causal "por".
Sobra una sílaba en el primer hemistiquio, que debe mantener el ritmo:
"undós trescuatrocinco/ undós trescuatrocinco"
Suprimiendo el condicional "si", el verso queda correcto, como lo está el segundo:

De amarla demasiado descuidé su ternura
y errante sin saberlo se me murió el amor

En el tercer verso la métrica es correcta, gracias a un hiato (si–ese) y una sinalefa (laam–a–ba):

Qué voy a hacer entonces, si ese que la amaba

El cuarto es un verso "de pie quebrado", es decir, tiene solamente el hemistiquio final:

nunca jamás fuí yo.    (Obs: los monosílabos fue, fui, vio y dio no llevan acento.)

Puede aceptarse como licencia poética, pero sería más correcto completar las catorce sílabas, p. ej:

De amarla demasiado descuidé su ternura
y errante sin saberlo se me murió el amor.
Qué voy a hacer entonces, si ese que la amaba
más que a su propia vida/ nunca jamás fuí yo.

Persiste un problema de contenido: La estrofa dice:

y errante sin saberlo se me murió el amor

es decir, que dejó de amarla. Pero prosigue:

Qué voy a hacer entonces si ese que la amaba
nunca jamás fui yo


El sentido se oscurece: ¿la amaba demasiado o no la amó nunca?

La contradicción puede sugerir que el poeta se descubre a sí mismo alienado y confiesa que no era realmente él quien la amaba, sino otra persona, un desdoblamiento de su personalidad:

ese que la amaba nunca jamás fui yo.

De ser así, cambia el discurso de nivel consciente planteado desde el comienzo, y aparece un nuevo plano de significación. Si se trata simplemente de una confusión entre voz activa y voz pasiva, el tercer verso debería decir:

Qué voy a hacer entonces si ese a quien amaba

(obviamente, a quien ella –sujeto tácito– amaba).

El ejemplo de hemistiquio agregado en el cuarto verso no requiere cambios para adaptarse al cambio de sujeto:

más que a su propia vida/ nunca jamás fuí yo.

Los cuartetos corregidos quedarían entonces –sólo como ejemplo– así:

Un vago vino queda de lo que fue su vida
y sabemos muy tarde que nos llega el invierno
cuando todas las hojas se han ido con el viento
y nos queda tan solo un terrible dolor

De amarla demasiado descuidé su ternura
y errante sin saberlo se me murió el amor.
Qué voy a hacer entonces si ese a quien amaba
más que a su propia vida nunca jamás fuí yo.

Proseguimos analizando el primer terceto, que formalmente requiere sólo ajustar la puntuación.
En cuanto al contenido, se resuelve recién en el segundo terceto:

Se me muere el amor y con él la esperanza;
mi recuerdo no alcanza para esta soledad.
Mi pena se hace eterna, se congela mi alma;


nunca la pude amar.

por lo que se trata en realidad, como el anterior, de otro cuarteto con pie quebrado.

Los versos restantes completan formalmente el soneto pero diluyen su unidad temática, porque habiendo pasado de las imágenes iniciales a la reflexión en abstracto, se esbozan ahora nuevas imágenes que quedan sin desarrollar:

vuelvo a las calles
de estaciones quebradas, otra vez taciturno
extrañando su aroma tendré que caminar.

Puede ensayarse lo que ocurre si consideramos los doce primeros versos como cuartetos de pie quebrado:

Un vago vino queda de lo que fue su vida
y sabemos muy tarde que nos llega el invierno
cuando todas las hojas se han ido con el viento
y nos queda el dolor.

De amarla demasiado descuidé su ternura
y errante sin saberlo se me murió el amor.
Qué voy a hacer entonces si ese a quien amaba
nunca jamás fuí yo.

Se me muere el amor y con él la esperanza;
mi recuerdo no alcanza para esta soledad.
Mi pena se hace eterna, se congela mi alma;
nunca la pude amar.

Se percibe que con el cambio formal tanto la estructura como el ritmo ganan en solidez. Aquí conviene plantearse si puede convenir abandonar deliberadamente la forma del soneto, e incluso seguir desarrondo en otros cuartetos de pie quebrado las imágenes finales.

El terceto final:

nunca la pude amar. vuelvo a las calles
de estaciones quebradas, otra vez taciturno
extrañando su aroma tendré que caminar.

convertido en cuarteto para integrarlo a las estrofas anteriores, quedaría, por ejemplo:

Vuelvo a las calles tristes de estaciones quebradas;
otra vez taciturno tendré que caminar
extrañando su aroma, buscando su mirada
que ya no he de encontrar.

                                                              Volver al Taller Literario       
                                                            Volver a la Página Principal