Un pastiche de Lope de Vega

De: Agustín Molino  (Madrid, España)
Enviado: Sábado 10 de diciembre de 2011    2:22
Asunto: Un soneto del soneto


Hola:
He encontado casualmente su sitio web y les envío desde Madrid el primer soneto que escribí (hace ya más de veinte años) a modo de homenaje humilde al maestro de maestros, el Fénix de los Ingenios y Monstruo de la Naturaleza, Don Félix Lope de Vega y Carpio.
Atentamente
Agustín Molino
Madrid, España

Versión original: 

Me embarco en la aventura de un soneto,     Sin coma, porque no sigue un comentario sino un complemento circunstancial.     
Ciñéndome a su métrica y su rima                 Mayúsculas solamente al comienzo de cada oración.
Con un rigor que casi me lastima             
Y que sólo soporto como reto.

A su estructura fija me someto;                    Sin punto y coma, para unir este verso con la conjunción siguiente.
Y de sentirme hundido en una sima,             Coma al incio del comentario. Sin ella este verso concluiría el enunciado anterior.
Siento que casi alcanzo ya la cima,               Basta la separación entre los versos, por lo que se puede prescindir de esta coma.
Que pisaré cuando ya esté completo.

Avanzo lentamente, sin premura,                  Una sangría de dos espacios al inicio de cada estrofa, la embellece y facilita su lectura.
Sopesando muy bien cada zancada,
Y sin dejar que me embriague la altura;        Este verso cambia los acentos internos y altera el ritmo de la estrofa.
Pues no quiero quedarme en la estacada      Como se inicia otra oración, la separación clásica en tercetos destaca el enunciado final.. 

Cuando ya no le queda a esta aventura        No corresponde la separación con los versos anteriores, pues la oración continúa..  
Más que considerarla terminada                  Punto.


Versión corregida:

  Me embarco en la aventura de un soneto     
ciñéndome a su métrica y su rima                
con un rigor que casi me lastima
y que sólo soporto como reto.

  A su estructura fija me someto
y, de sentirme hundido en una sima,             
siento que casi alcanzo ya la cima              
que pisaré cuando ya esté completo.

  Avanzo lentamente, sin premura,
sopesando muy bien cada zancada,
sin dejar que me embriague por la altura;
     
pues no quiero quedarme en la estacada
cuando ya no le queda a esta aventura
más que considerarla terminada.

                                Agustín Molino


Comentario

  A fines de 2003, a propósito de un ejercicio recibido en el Taller Literario, escribí el artículo El complejo arte del soneto.   En marzo de 2004, a pedido de una visitante al sitio, publiqué el célebre soneto de Lope de Vega en el que se ha basado el ejercicio de pastiche que acabo de corregir.
  
  En febrero de 2007 corregí y comenté otro ejercicio de pastiche de este mismo soneto de Lope.

  P
arodiar textos, elaborar pastiches como los de este poema de Lope –cuyo contenido le confiere escaso rango entre sus producciones–, es un ejercicio útil que permite al aprendiz corregir en lo sucesivo los defectos de su producción.

  El número de sílabas, el número de versos y su distribución en estrofas, la disposición espacial, la puntuación, las sangrías, el uso de mayúsculas, son algunos de los aspectos formales que permiten que un texto tenga la apariencia de un poema.

   Por otra parte, los rasgos formales son elementos relativamente necesarios, pero absolutamente insuficientes para que un texto pueda ser considerado poético.

  En algún texto enviados para su corrección he señalado que no se lo podía denominar "poema" debido la existencia de errores de ritmo que lo convertían en una prosa, y lo he puesto en evidencia transcribiéndolo de corrido.

  Por lo demás, que un texto sea prosa o poesía no afecta en nada su calidad literaria. Lo que permite considerarlo una buena prosa o un buen poema es su manera de presentar imágenes luminosas, conceptos desarrollados de manera consistente, ideas originales, cuestiones bien fundamentadas, construcciones sintácticas y giros idiomáticos acertados, y tantos otros aspectos en los que el valor denominado "belleza" puede ser percibido por todo lector que haya cultivado su sensibilidad estética.

  En el caso de los intentos de poetizar, algunos aficionados suelen suponer que si han atinado a rimar los versos y han respetado la métrica, han producido un poema. No reparan en que la existencia de alteraciones y tropiezos en el ritmo de los versos los tornan rígidos, difíciles de escandir correctamente y hasta ilegibles.

  La presencia de un ritmo armónico y agradable al oido es fundamental, tanto en un poema que ha de ser recitado como en uno que se desea musicalizar. Tomás Navarro Tomás profundiza esta cuestión en su clásica obra Arte del verso (México, Compañía General de Ediciones, 1969, 187 p.) cuyo estudio propongo para conocer acabadamente este aspecto decisivo de la producción poética.

  En la poesía destinada a ser letra de una canción, los errores de ritmo se hacen evidentes por la dificultad de adaptar un verso defectuoso a los logos determinados por la estructura de la melodía.

Un procedimiento útil para el aficionado que tiene dificultades en percibir los errores de ritmo de su poema, consiste en intentar cantarlo sobre una melodía cuya métrica resulte adecuada para tal fin. Aparecen de inmediato los acentos equivocados, que coinciden con los versos mal ritmados (no simplemente mal rimados).

  En la década de 1970, los hermanos Homero y Virgilio Expósito nos impartían estas enseñanzas en sus cursos de Cancionística, que eran una exigente escuela de poesía a la vez que de composición musical. Allí aprendimos a "no mirarnos al espejo, sino desde el espejo", como solía repetirnos Homero cuando nuestro inevitable narcisimo de aprendices nos impedía ver, aceptar y corregir los errores que cometíamos en nuestras producciones literarias.

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