Envío de D.
Quilmes, 10 de Junio de 2003
Hola Conrado: Realmente no me acuerdo haber entrado a vuestra pagina. No obstante, me he interesado en la misma, principalmente por los poemas que alli se publican, ello en virtud de que el que sucribe tambien es poeta desde los 14 años, tengo aproximadamente 320 poemas, pero es como que en este pais no se le da mucho interes a la cultura, porque los quiero publicar pero es demasiado oneroso, tambien esta el miedo de que te los plagien, es un riesgo en un pais tan inseguro juridicamente.
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Te mando un saludo y te envio junto al presente un poema, uno de los tantos..
...un saludo y nos estamos viendo.. (si querés publicarlo en la página, está todo bien).

Estimado D.:
Puede ser que usted no haya entrado a mi sitio antes. Muchas personas solicitan recibir aviso de cada actualización de Terapia Tanguera, y suelen enviarme también las direcciones de amigos suyos, a quienes suponen interesados en temas como los de mi sitio y mi programa radial.
Me dice que ha escrito poemas durante varios años. Esa es una excelente práctica que además de perseverancia requiere la guía de un maestro, dado que el estilo es un arte que puede poseerse en forma intuitiva, pero el lenguaje es una ciencia que sólo se adquiere trabajosamente, a través de años de estudio y de trabajo.
Usted me habla de plagios, y en lo que antecede estoy plagiando el título de la obra de uno de los maestros a los que me refiero, Martín Alonso, Ciencia del lenguaje y arte del estilo, 12ª ed, Madrid, Aguilar, 1982, 2 vol.
Además de proponerle un tratado valioso, sugiero con esto que no deberíamos preocuparnos sino más bien sentirnos satisfechos de ser plagiados, pues el plagio no deja de constituir una prueba del valor de nuestra obra. Hace tres décadas que soy profesor en institutos terciarios, y he tenido la satisfacción de que la Pcia. de Bs. As. plagiara textualmente el perfil que elaboré para el futuro egresado de magisterio en 1980, y que presenté en una de las así llamadas "jornadas de perfeccionamiento". Tiempo después preparé un método para aprender mecanografía; desde hace años la Pcia. de Bs. As. lo utiliza y lo envía junto con los contenidos mínimos para el aprendizaje de esa destreza.
En ambos casos no menciona el autor. Me enteré a través de dos ex alumnas mías, inspectoras de educación, que reconocieron mis trabajos y me lo comunicaron. Como además de vivir de mi sueldo de docente vivo para ser docente, me siento feliz de haber sido útil a quienes quieren aprender.
De modo análogo creo que si bien no se puede vivir de la poesía, es posible en cambio vivir para la poesía, y -en la búsqueda del Ser a través de la belleza del lenguaje- sentirse colmado si alguien recoge nuestros versos, los disfruta y hasta los publica, aunque lo haga atribuyéndose su autoría.
Voy a ocuparme ahora de su texto. No lo llamo "poema", porque es una página en prosa, y no por cuestiones de rima ni de métrica, sino por falta del elemento esencial que distingue al poema, que es el ritmo. El escandido de los versos latinos sin metro ni rima cumple empero con ese requerimiento, y por eso se trata de poemas. Otro tanto ocurre con poemas sublimes como el proemio del Evangelio de San Juan, que su autor escribió en griego: "En arjé en jo Logos, kai jo Logos en pros ton Zeón, kai jo Logos en ton Zeón...", y de obras tan sencillas como Platero y yo de Juan Ramón Jiménez, se ha dicho con razón que se trata de un poema, porque la gracia inefable del ritmo campea a través de todas sus páginas.
Transcribo ahora su texto, original y corregido, para que usted pueda constatar que, sin perder belleza, gana en claridad al recuperar su verdadera forma literaria.

Texto corregido:
Desde que te conocí

Como esas cosas que uno busca, pero como toda cosa importante, habías de pasar
inadvertida a mi lado, como aquella tormenta que se pierde frente a las miradas de dos enamorados.
Te conocí porque eras la elegida, pero nunca pensé que estarías en mí en segundo plano, quizá porque no supe distinguir quién eras realmente, quizá porque el tiempo tenía que aportar su trabajo.
Será por eso que desde que te conocí nada en mí volvió a ser igual.
Al menos no lo es si tú no estas ahí para hacerlo notar, para adicionarle esa cuota que sólo tú tienes para hacer que las cosas sean especiales.
Desde que te conocí las paredes yacen horizontales para no ser un impedimento entre nosotros, para que la historia se siga contando.
Desde que te conocí, los poemas que alguna vez redacté dejaron de tener valor, porque éste ha sido el único que he escrito con el corazón.
Desde que te conocí, la margarita volvió a recobrar sus pétalos, como signo de una nueva oportunidad, como una nueva forma de apostarle al amor.
Desde que te conocí, la luna llena dejó de ser obstáculo para poder caminar en una noche en donde los fantasmas ya no asustan.
Desde que te conocí, cada uno de mis sentidos te busca: veo tu mirada ilusionada, oigo tus susurros, siento el sabor de tus labios, huelo tu fragancia y recorro tu cuerpo suave.
Desde que te conocí, hasta de la sal puedo extraer dulzura, de los océanos hago ríos, y aun en la oscuridad encuentro iluminación para mis pensamientos.
Desde que te conocí, la duda se convirtió en certeza, el que dirán en murmullo, y mi amor en el sentimiento que siento por ti.
Desde que te conocí, en mi ciudad todas las calles llevan tu nombre, y se sienten confundidos los que no te conocen. Mas qué consciente me he de sentir, pues cada día más te conozco, más te quiero.


Texto original:
Desde que te conocí

Como esas cosas que uno busca,
pero como toda cosa importante,
inadvertida a mi lado había de pasar; (el hipérbaton es innecesario)
como aquella tormenta que frente a las miradas de dos enamorados se pierde. (idem)
Te conocí, porque la elegida eras, (idem)
pero nunca pensé que en segundo plano en mi estarías, (idem) (mí con acento: pronombre)
quizá porque no supe distinguir quien realmente eras; (idem)
quizá porque el tiempo tenía que aportar su trabajo.
Será por eso que desde que te conocí,
nada en mi (idem supra) volvió a ser igual;
al menos no lo es, si tu (idem) no estas ahí para hacerlo notar,
para adicionarle esa cuota, que solo (acento: solamente) tu (acento: pronombre) tienes para hacer las cosas especiales. (nota bene las correcciones de puntuación)
Desde que te conocí,
las paredes yacen horizontales,
todo para no ser un impedimento entre nosotros;
todo para que la historia se siga contando.
Desde que te conocí,
los poemas que alguna vez redacte,
dejaron de tener valor alguno, (cacofonía: eliminar repetición)
porque este (acento: pronombre) ha sido el único que he escrito con el corazón.
Desde que te conocí,
la margarita volvió a recobrar sus pétalos;
como síntoma ('señal' o 'signo': síntoma es otra cosa) de una nueva oportunidad;
como una nueva forma de apostarle al amor.
Desde que te conocí,
la luna llena dejo de ser obstáculo,
para poder culminar (sin sentido; ¿tal vez caminar?) en una noche
en donde los fantasmas ya no asustan.
Desde que te conocí,
cada uno de mis sentidos te busca:
veo tu mirada ilusionada; oigo tus susurros;
siento el sabor de tus labios; huelo tu fragancia y recorro tu suave cuerpo.
(N.B: Muchas de las pausas anteriores y siguientes deben llevar coma, no punto y coma)
Desde que te conocí,
hasta de la sal puedo extraer dulzura;
de los océanos hago ríos,
y aun en la oscuridad encuentro iluminación para mis pensamientos.
Desde que te conocí,
la duda pronto se convirtió en certeza;
el que dirán en murmullo;
y mi amor en el sentimiento que siento por ti.
Desde que te conocí,
por mi ciudad todas las calles llevan tu nombre,
confundidos se sienten los que no te conocen, (sin hipérbaton)
mas que (con acento: exclamación) conciente me he de sentir, pues cada día mas (con acento: cantidad) te conozco, mas te quiero. (final débil:tratar de cambiarlo)

Además de los errores formales que corrijo, el contenido más que expresado, aparece balbuceado, y el texto se prolonga innecesariamente sin lograr su unidad, otro de los rasgos imprescindibles en
un trabajo literario.
Pruebe escribir bajo una limitación formal que obliga a trabajar hasta encontrar el contenido preciso: el soneto. Se necesita aprender a hacerlo para poder decirse verdaderamente un poeta: En catorce versos hay que condensar todo lo que se quería decir, y esto aumenta la intensidad del logro artístico.
Más tarde, una vez dominada la técnica, se puede escribir en verso libre. Igualmente resultará un poema, porque la magia del ritmo surgirá como fruto de la disciplina del espíritu y de la mente.
Uno de mis profesores de Cancionística, Homero Expósito -el otro era su hermano Virgilio-, nos exigía para cada clase semanal, entre otras tareas la de escribir un soneto. Él mismo se obligaba a hacer uno por día. Y nos estimulaba: "Eviten el palabrerío: El 'no' definitivo cabe en una sola nota".
Y una última recomendación de Homero, que todo creador incipiente necesita para conservar la humildad indispensable para aprender, y para no caer en el narcisismo:
"¡No se miren al espejo, sino desde el espejo!"

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